martes, 1 de septiembre de 2026

«Los días perfectos», Jacobo Bergareche

 Los días perfectos

[2021]

Jacobo Bergareche

[Londres, 1976]

En una frase:
Una exploración epistolar (como quien escribe para uno mismo) sobre la fragilidad del deseo, la rutina del matrimonio y la búsqueda melancólica de la felicidad a través de los recuerdos: del amor extramatrimonial que es apasionado y del amor hacia su esposa que es maduro... resignado.

 

Editorial Libros del Asteroide; 177 págs.


Estructura:

Dos cartas, «Luis a Camila» y «Luis a Paula». 110 páginas versus 50. 
Ya nos dice algo. 
Camila es la amante, arquitecta mexicana con la que solo compartió siete días, distribuidos en dos años —unos tres o cuatro días por año durante un congreso en Austin, Texas.
Y, diecisiete años de convivencia compartió con su esposa, Paula.
El autor utiliza un recurso muy interesante, son las cartas de William Faulkner a su amante Meta Carpenter. Funcionan muy bien como hilo conductor y espejo que, permite al protagonista contrastar su propia vivencia, incluso hasta dibuja sus viñetas inspirándose en las ilustraciones del escritor sureño.

Argumento:

Luis, el protagonista y única voz que escuchamos directamente, es decir, conocemos la historia únicamente a través de su punto de vista [lo recalco porque no lo debemos dejar de lado en el momento que analicemos la novela y nos entusiasmemos con nuestro punto de vista, prejuicios o simplificaciones], trabaja como periodista en un periódico de Madrid. Ronda la mediana edad.
Hay otra voz que se cuela en la narración, pero de una manera diferente, más bien como un soliloquio que ayuda a Luis a procesar sus sentimientos en un momento clave.

Consigue, mediante insistencia y empeño que la empresa para la que trabaja le pague un viaje a Austin, Texas, justificándolo con su asistencia a un congreso anual de periodismo digital. Se compromete con ellos a traer buenos reportajes y una buena cobertura del evento.

Sin embargo, y siempre hay un sin embargo, esa no es la total y pura verdad. Todo es una coartada, hay un verdadero y único motivo en ese segundo viaje a Austin que coincide con el inicio de la novela.

Luis tiene contradicciones afectivas. Necesitaba alejarse de su aburrida rutina familiar, del hastío conyugal, esa cotidianidad sin apasionamientos
Fue cuando experimentó con Camila, su amante a término fijo, la chispa que le faltaba —el terreno estaba fértil.
Siente amor hacia su hija Carmen, con la que comparte juegos y le da los momentos más reales y felices. Un afecto atrapado en la apatía de su crisis. Una relación que balancea la desconexión con el resto de la familia.
Esa es su verdad presente. 
Una verdad vivida con la nostalgia de saber que, de repente, su pequeña se hará mayor y ya no querrá esos juegos de zarandeos, ni las cosquillas, ni venderle uno de sus besos.

Todo se siente diferente a determina edad, reflexiona Luis, compartir un almuerzo con la madre y pensar que podría ser la última vez, saludar a sus tres hijos, y ¿si algo sucediera que me impidiera compartir mi vida con ellos?
Este pensamiento melancólico y doloroso también lo sintió después del primer beso a Camila. Peleó con el fantasma del último beso hasta que esta relación tan especial se consolidó, a su manera. 

Al ser una novela corta, de carácter reflexivo e íntimo, no hay secretos que se puedan o no espoliar al hacer una reseña. No tiene giros dramáticos inesperados, y lo que da vuelta la historia lo dice la editorial en la contratapa del libro.
Su valor reside en otro lugar, en que cada lector viaje con los pensamientos de Luis que son honestos.

«Between grief and nothing, I will take grief»,
Las palmeras salvajes, William Faulkner



El refugio que encuentra Luis en un archivo universitario [específicamente el Harry Ransom Center de la Universidad de Austin] es una parte del libro que disfruté mucho por la novela y el autor que menciona, al que admiro y leo: el descubrimiento de las cartas de Faulkner a su amante nos llevan a un espacio diferente.
Podría calificarlo como un espacio de catarsis intelectual —el libro es Las palmeras salvajes [1939, The Wild Palms].

A partir de ese momento, nuestro viaje emocional, acompañando el de Luis, con esa segunda carta que, aunque más corta, tiene un tono de tremenda confesión e impacto en quien la lea, comienza. No nos deja indiferentes, de eso, estén seguros.

Dejo para los lectores, que descubran lo que a su vez descubre Luis en las cartas de Faulkner. Esa relación que el autor, Jacobo Bergareche, usa como espejo.

Pasiones, justificaciones, mentiras a los demás y a nosotros mismos, rutinas, aburrimientos, intensidad versus cotidianidad,.... cada palabra y frase mencionadas tienen el valor justo.
Por esta razón, recomiendo su lectura. Tiene un cierre inteligente y real sobre lo que Luis está experimentando. También el título «Los días perfectos» toma la dimensión de lo que significa para Luis, ¿existen esos días?

¿Es posible fabricarse una burbuja temporal sin un antes ni un después?, puede ser uno de los temas a discutir si lo vamos a charlar e intercambiar opiniones.
¿Es posible que los «momentos luminosos» duren para siempre en una estructura formal como el matrimonio?, ¿y en una clandestina?, puede ser otra de las preguntas que nos hagamos. 
¿Es posible alimentar la ilusión?, ¿el entusiasmo vital?

En fin, es una novela ideal para la charla. Detrás de su brevedad posee una enorme carga emocional y dilema éticos con los que cualquiera puede sentirse identificado.

El libro me llegó a través del Club de Lectura Chatt [Chattanooga, Tennessee], donde asiste mi hija, y se los agradezco porque lo disfruté.
Hasta la próxima lectura, 

Cecilia Olguin Gianelli

Notas

- Los días perfectos, Jacobo Bergareche. Libros del Asteroide:
https://librosdelasteroide.com/libro/los-dias-perfectos


lunes, 17 de agosto de 2026

Herta Müller, «El espacio entre las lenguas»

«El espacio entre las lenguas»,

un discurso de

Herta Müller

[Rumania, 1953]

Premio Nobel de Literatura 2009


Cada lengua ve al mundo de distinta manera. Inventa su vocabulario, lo teje en la red de su gramática. Tiene ojos diferentes dentro de las palabras.


Herta Müller illustration by Jillian Tamaki
[edited photo]


        Herta Müller, premio Nobel de Literatura, pronunció este discurso que van a leer en Praga, en abril de 2012. 
De esta manera honraba a la escritora, dramaturga y traductora checa, Radka Denemarková [1968], quien había recibido el Magnesia Litera 2011 —un importante premio literario— por su traducción al checo de Die Atemschaukel [El ángel del hambre], la famosa novela de Müller. 
Radka Denemarková fue la única autora checa que ha recibido el premio tres veces —por ficción, no-ficción y traducción. 
Ambas mujeres conectadas por una profunda afinidad intelectual y literaria.
Podrán encontrar un análisis más detallado de los desafíos que la obra de Herta Müller representa para los traductores en el ensayo de Radka Denemarková* en Notas.


Between the Spaces of Time [1014],
Eve Oze

Señoras y señores:

Estoy aquí hoy porque el año pasado Radka Denemarková recibió el premio Magnesia Litera por la traducción de mi novela Die Atemschaukel [El ángel del hambre]. Eso me hizo muy feliz. Creo que es maravilloso que exista un premio Magnesia Litera para traductores. La traducción es un arte por derecho propio. Yo no me atrevería a traducir, aunque domino el rumano. 




La traducción no sólo es reemplazar, esto es, encontrar una palabra conocida en tu propia lengua y sustituirla por una palabra en una lengua extranjera. La palabra debe coincidir, lo cual es mucho más difícil. Un traductor tiene que recrear el sonido del original. El arte de la traducción consiste en mirar a las palabras para ver cómo estas ven el mundo. La traducción requiere de una urgencia interior capaz de convertir aquello que es diferente en algo tan cercano al original como sea posible. Lograr este encuentro de miradas es sumamente difícil. Es un gran arte.

La traducción consiste en mirar a las palabras para ver cómo estas ven el mundo. 
Requiere de una urgencia interior capaz de convertir aquello que es diferente en algo tan cercano al original como sea posible.
Lograr este encuentro de miradas es un gran arte.

          Aprendí rumano tarde en mi vida, cuando dejé mi pequeño pueblo y partí a la ciudad a los quince años, para hacer la secundaria. Sin embargo, fue solo años después que el rumano se volvió algo natural. Era estudiante universitaria y trabajaba en una fábrica donde tenía que traducir manuales sobre máquinas importadas, del alemán al rumano, sin tener idea de cómo funcionaban. Lo hacía mecánicamente, palabra por palabra. Pero también tenía que hablar rumano todo el día porque nadie a mi alrededor hablaba alemán.


Tangled Alphabet, Eve Oze

          
          Cada vez que el objeto se desplazaba de una lengua a otra, ocurría una transformación. Eso hizo que me diera cuenta de que la lengua materna nos llega sin necesidad de realizar ningún esfuerzo. Es una dote de la que te haces dueño sin que te des cuenta. Luego, es juzgada por otra lengua que se añadió más tarde y que viene de otro lugar. Tu lengua materna se siente tan directa e incondicional como tu propia piel, y es igual de vulnerable si es infravalorada, tratada con desprecio o incluso prohibida por otros. Como crecí en un pueblo donde se hablaba un dialecto y en la secundaria aprendí alemán estándar, se me hizo difícil arreglármelas con el rumano oficial que se hablaba en la capital. Durante los primeros dos años en la ciudad, me era más fácil encontrar la calle correcta en una parte de la ciudad que no conocía que encontrar la palabra correcta en el idioma nacional. Mi noción del rumano era como las monedas que uno lleva en el bolsillo. Tan pronto como era tentada por una cosa que veía en alguna vitrina, descubría que no tenía el dinero suficiente para comprarla. Había tantas palabras que no conocía y aquellas que sí conocía no se me venían a la mente tan rápido como las necesitaba. 

Había tantas palabras que no conocía y aquellas que sí conocía no se me venían a la mente tan rápido como las necesitaba. 

Hoy sé, sin embargo, que este avance lento en otra lengua, las vacilaciones que me obligaban a estar por debajo de mi nivel intelectual, me dieron también la oportunidad de maravillarme con la manera en que los objetos eran transformados por la lengua rumana. Sé que tengo suerte de haber tenido esta experiencia. Repentinamente, la palabra golondrina se presentaba bajo una luz distinta en rumano; en esta lengua, el ave se llama «rindunica», que significa «sentarse en una fila». El nombre del ave hace alusión a cómo las golondrinas se posan sobre el tendido eléctrico, en filas, una al lado de la otra. Solía verlas en mi pueblo cada verano, antes de conocer la palabra en rumano. Me sorprendió que una golondrina pudiese tener un nombre tan hermoso. Estaba cada vez más consciente de que la lengua rumana tenía palabras más intensas y más en sintonía con mi percepción que mi lengua materna. No querría vivir ahora sin esta serie de transformaciones, en el habla o en la escritura. En mis libros, no hay ni una oración en rumano. Sin embargo, el rumano está siempre conmigo cuando escribo porque forma parte de mi manera de ver el mundo.


Getting ready to fly, Eve Oze

          Es del espacio entre las lenguas que emergen las imágenes. Cada oración supone una forma de mirar las cosas, un modo de ver particular forjado por los hablantes. Cada lengua ve el mundo de distinta manera, inventa todo su vocabulario desde una perspectiva única y lo teje en la red de su gramática de manera singular. Cada lengua tiene ojos diferentes dentro de las palabras.

Cada lengua ve el mundo de distinta manera. 
Inventa su vocabulario, lo teje en la red de su gramática.
Tiene ojos diferentes dentro de las palabras.

          Otra razón por la cual no puedo traducir es mi desconfianza hacia el lenguaje. Cuando mi mejor amiga vino a despedirse de mí el día anterior a mi exilio [nos abrazamos pensando que nunca nos volveríamos a ver porque nunca me permitirían volver a Rumania y ella nunca podría dejar el país], no podíamos soportar la idea de separarnos. Tres veces salió por la puerta y tres veces volvió. Sólo después de la tercera pudo dejarme y se alejó por la calle. Yo podía ver cómo su chaqueta clara se iba haciendo cada vez más pequeña, y de una manera extraña, cada vez más brillante, a medida que crecía la distancia entre nosotras. No sé si fue la luz del sol invernal de ese día de febrero o las lágrimas que hacían brillar mis ojos o quizás su chaqueta era de una tela brillante, pero de una cosa sí estoy segura: mientras la miraba alejarse, su espalda relucía como una cuchara de plata. De esta manera, intuitivamente, pude describir su partida. Es también la mejor descripción de ese momento. Pero ¿qué tiene que ver una cuchara de plata con una chaqueta? Absolutamente nada. Tampoco se relaciona en nada con una despedida. Sin embargo, como imagen poética, la cuchara y la chaqueta se necesitan la una a la otra.


Until we see each other..., Eve Ozer

          Esta es la razón por la cual desconfío del lenguaje. Sé, por experiencia propia, que para que la lengua sea precisa siempre debe tomar algo que no le pertenece. Sigo preguntándome qué hace a las imágenes verbales tan ladronas, por qué la comparación más adecuada se apropia de cualidades que no le pertenecen. Para acercarnos a la realidad necesitamos atrapar a la imaginación desprevenida. 

Para acercarnos a la realidad necesitamos atrapar a la imaginación desprevenida. 

Sólo cuando una percepción saquea a otra, cuando un objeto arrebata material que le pertenece a otro y comienza a explotarlo, sólo cuando las cosas que en la realidad son mutuamente exclusivas se vuelven verosímiles en una oración, la oración logra afirmarse frente la realidad.

Soy feliz cuando logro hacer esto. 

Herta Müller

*

Y ustedes, seguramente habrán sentido felicidad al leer las palabras de esta gran escritora y poeta, Herta Müller. 
          Afortunadamente, después de que se le otorgara el premio Nobel, y como sucedió con el autor de La cuarentena [1995], ya que estamos en eso, J. M. Le Clézió [1940], y tantos otros, las traducciones de su obra han crecido. Y por consiguiente, los lectores.
          Hay cuatro libros por los que podrían comenzar a leer su prosa, caracterizada por mostrar una sociedad reprimida, severa, con tensiones étnicas, ubicadas en Rumanía: En tierras bajas [1982, relatos]; y las novelas: El hombre es un gran faisán en el mundo [1986], La bestia del corazón [1994] y La piel del zorro [1992]. 
          Pero Herta Müller es también, y sobre todo, una gran poeta. Su trabajo poético, como sucede con el autor de la espectacular novela 2666, Roberto Bolaño [1953-2003], es el fundamento de toda su labor*. 


Collage de poesía de Herta Müller

          Su manera de trabajar la poesía es muy particular: usa la técnica de la carta anónima. Recorta palabras de periódicos y revistas, las pega en una página distanciadas a priori, le agrega fotografías y dibujos similares a los «palotes» de Kafka, y así , con esta anulación de la grafía y este collage vanguardista, forma sus versos. Clandestinidad propia de sistemas represivos. Su denuncia se lee entre líneas. Por lo no dicho. Un lenguaje, como dice el poeta chileno Raúl Zurita [1950], que permea el habla. No de manera panfletaria. 


Poesía visual, collage de Herta Müller
https://www.lyrikline.org/en/poems/no-550-da-untru-i-afar-2997

          
          Espero que hayan disfrutado de las pinturas de la artista Eve Ozer y de esta lectura. Que sigan leyendo y conociendo, como yo, a esta escritora tan singular que sufrió la dictadura rumana y utilizó el arte de la literatura como denuncia. 
          Recomiendo los dos videos que encontrarán en Notas, con la entrevista a Herta Müller hablando de «fronteras» y el de su discurso cuando recibió el Premio Nobel, donde disecciona el mundo absurdo y cruel de las dictaduras. Y, por supuesto, del lenguaje, de las palabras apremiantes que descubren siempre.
          Hasta el próximo encuentro. 

Cecilia Olguin Gianelli
          

Notas


- Entrevista a Herta Müller: Instituto Goethe de Madrid.



- Radka Denemarková sobre la traducción de Herta Müller:

- Imágenes elegidas:

-El guarda saca su peine. En el moño mora una señora, Herta Müller. Poemas:
https://www.nagarimagazine.com/el-guarda-saca-su-peineen-el-mono-mora-una-senora-herta-muller-editorial-linteo-poesia/

file:///Users/Cecilia/Downloads/38197-Texto%20del%20art%C3%ADculo-44068-1-10-20120113%20(1).pdf


Discurso de Herta Müller al recibir el Premio Nobel:


lunes, 3 de agosto de 2026

«Fatal Interview», Edna St. Vincent Millay

Fatal interview 

[1931]

Edna St. Vincent Millay

[Maine, EE. UU., 1892-1950, N. York]

Premio Pulitzer de Poesía 1923

Medalla Robert Frost 1943


Una relación amorosa —deseo, duelo y el tiempo que pasa inexorablemente.
Cincuenta y dos sonetos en una voz poética femenina y libre.


Harper and Brothers

En esta obra, la poeta y dramaturga, feminista estadounidense, Edna St. Vincent Millay [1892-1950], nos brinda, en cincuenta y dos conmovedores sonetos, vivencias relacionadas con la historia de amor que mantuvo con el joven poeta George Dillon.

Su poesía explora las complejidades del amor. 
Empieza y termina con el mito de Endimión y Selene, estableciendo así un marco atemporal para hablar de la naturaleza efímera del amor y las desigualdades. 
Así, la famosa historia de la antigua Grecia que une a la diosa de la luna Selene con Endimión, el joven y hermoso pastor, se une con la suya propia. 
La diosa se enamoró de un mortal y le pide  a Zeus un deseo especial para él: dormir para siempre con juventud eterna. En la historia, ella  desciende cada noche a la cueva del monte Latmos [Latmian cave] para visitar a su amado.

La voz poética de Millay parece lidiar entre el deseo de posesión y el de libertad, diciéndonos que el amor verdadero no puede ser constreñido, sin embargo...

¡Ho, duerme por siempre / en la cueva de Latmos / mortal Endimión, ¡amado de / la Luna! / Sus vestiduras de plata, / por la ola insensible / sostenidas y arrojadas / sobre los guijarros / su mano temblorosa / presionando la frente, / su mirada errante / que inquieta el firmamento, / sus veloces pasos corriendo / hacia el ocaso... / ¡De todo ese estado alterado, / yace ajeno! / A ti, criatura de tierra, / adorado por labios inmortales / ella, de ojos febriles y balbuceos / te arrojó sobre las hierbas, / y vierte / en lo profundo de su cuerpo de cristal / la ardiente y dolorosa dulzura del polvo: / por lo cual vaga enloquecida, / incapaz de soportar / un amor mortal que / podría no morir a causa de ella.


Oh, Sleep forever in the
Latmian cave, 
Mortal Endymion, darling of 
the Moon!
Her silver garment by the 
senseless wave
Shouldered and dropped 
and on the shingle strewn, 
Her fluttering hand against 
her forehead pressed,
Her scattered looks that 
trouble all the sky,
Her rapid footsteps running 
down the west—
Of all her altered state,
oblivious lie!
Whom earthen you, by
deathless lips adores,
wild-eyed and stammering
to the grasses thrust,
And deep into her crystal
body poured
The hot and sorrowful 
sweetness of the dust:
Whereof she wanders mad,
being all unfit
For mortal love, that might
not die of it.

Edna St. Vincent Millay conoció al joven poeta George Dillon a finales de 1928 en la Universidad de Chicago. Su intenso y tormentoso romance duró de manera «formal» y apasionada varios años, aunque siempre mantuvieron contacto y, pasado el tiempo, tuvieron una colaboración artística.

Llegué a este libro a través de la lectura de La escritura indómita [1995], de la célebre poeta Mary Oliver. Uno de los quince capítulos que componen el libro, «La casa de Edna St. Vincent Millay» relata la historia de cómo Mary llegó a vivir en su casa, una vez fallecida ella y su marido: apenas graduada, tenía 17 años cuando visitó este lugar por primera vez. Se hizo amiga de su hermana Norma Millay Ellis, albacea del legado literario de su hermana, Edna, y se convirtió en algo así como su secretaria. Terminó viviendo en Steepletop durante seis o siete años.


Steepletop, casa y jardines de Edna St. Vincent Millay y Eugen Boissevain,
Austerlitz, Nueva York, Estados Unidos.
Monumento Histórico Nacional


En 1925, Edna y su marido, Eugen Boissevain, habían comprado esta granja y varias hectáreas de tierra que la rodeaban en el norte del estado de Nueva York, cerca de la localidad de Austerlitz. Sería su casa durante los veinticinco años siguientes. La llamaron «Steepletop» en honor a una flor silvestre cónica, de color rosa, que abunda en la zona —Steeplebush o Spirea Tormentosa.


Steepletop, casa de Edna St. Vincent Millay y Eugen Boissevain,
Austerlitz, Nueva York, Estados Unidos.
Monumento Histórico Nacional


Me sentí atraída por la admiración de Mary Oliver, siendo ella misma una gran poeta, hacia Edna Millay, alguien que solo conoció a través de su escritura y siendo muy joven. 
Y la pregunta acá es, ¿cómo o cuánto conocés a los escritores que lees y admirás conociendo su entorno y su vida privada?, ¿en qué medida esto es importante?
Cada uno tendrá su respuesta, cada uno habrá hecho o no su propia peregrinación.

Cuando Mary Oliver habla de los biógrafos, comienza por esto:

Sonó el teléfono. Era Edna Millay. Estaba llorando, al borde de la histeria. A él le pareció que había bebido. Edna estaba buscando a George Dillon. 

Lo que Mary dice de este género literario de no ficción, situado entre la literatura y la historia, 
lo analizo en mi post de La escritura indómita. Sí es importante decirles acá, que las preguntas que Mary se hace «¿qué hay de los pequeños agujeros negros, de los secretos, de la ocultación de hechos —o de su manipulación?», pueden ser algunas de las que nos hacemos nosotros mismos al leer biografías. Y corrobora algo que creo, nunca llegamos a conocer por completo a una persona, ni siquiera de primera mano.

No hay, para mí, mejor manera de conocer a un artista que a través de su obra. Y acá estoy con Fatal Interview. Pero saber de cuánto conmovió a Mary vivir en la casa de Edna, entre sus pertenencias, es algo atractivo, conmociona también. Es la huella de los ausentes. Es darnos cara con lo efímero y frágil de la vida. Es la intimidad usurpada. Pero también es la comunión con el espíritu de la persona que ya no está. 
Mary Oliver relató esta profunda vivencia en su ensayo «Steepletop», incluido en su libro Blue Pastures.


Editorial Ecco; idioma inglés; 144 págs.


A través de Norma, Mary Oliver conoció historias de la poeta. Profesionales y de las otras. Anécdotas, «secretos concedidos». Las cartas que George Dillon le escribió a Edna. Detalles sobre la profundidad y magnitud de aquella pasión extramatrimonial, cosas que no debía contar —Dillon aún vivía. 




Supo de otras relaciones de Edna, ella era muy libre. Todas, bien o mal, habían acabado. Pero «la relación con Dillon fue distinta, nunca terminó del todo. Durante años, los tres, Edna, Dillon y Boissevain, le dieron acomodo».

Invito a leer los poemas de Fatal Interview, obra con la que Millay alcanzó la plenitud de su talento. Debajo encontrarán el link. 
Pasearse por el paisaje emocional que Edna nos ofrece es algo que no olvidarán. Tanto en los poemas que celebra los momentos de mayor éxtasis amoroso, como cuando, con tristeza, reconoce el paso inevitable del tiempo y lo efímero que es todo. La comprensión que transmite, al saber que si bien el amor es profundamente gratificante, no lo abarca todo, love is not all, dice el poema. Sin embargo, nos invita a abrazarlo, aún corriendo riesgos. 
En pocas palabras, son las alegrías y penas que el amor conlleva, abogando por vivirlo con toda la vitalidad y energía posibles. 

Selene se enamoró de Endimión, el apuesto mortal. Edna de George Dilllon, el apuesto joven de 22 años —ella tenía 36, y era una deslumbrante mujer y consagrada poeta.
Se conocieron el 2 de noviembre de 1928 en el auditorio Mandel Hall de la Universidad de Chicago, donde aún estudiaba Dillon. Él la invitó a participar en un ciclo de lecturas y, fue él mismo quien se sentó junto a ella en el escenario y la presentó ante el público.

Dice Gladys Campbell, licenciada de esa universidad y amiga de Dillon: Millay y Dillon se encontraron entre bambalinas. Eugen Boissevain, esposo de Millay, también se hallaba allí. El instante en el escenario, en medio del silencio que concita y deja flotar en el ambiente una lectora antes de comenzar, en que Millay empezó a leer sus poemas como lo solía hacer, de manera imponente y seductora, con un acento consolidado más propio de una geografía mental que de ninguna parte del mundo, Dillon, evidentemente emocionado, alargó su mano y tomó la muñeca de Millay con vehemencia. Tras ese encuentro, todo lo demás. 




Dice Mary Oliver: Edna Vincent Millay debió ser despampanante, con su pelo rojo flamígero, su forma dramática de vestir, sus poemas que bailaban con pies ligeros sobre los convencionalismos, debió de encarnar una especie de fuego en los corazones de su público; almas que jamás habían violado las reglas debieron de anhelar la transgresión, creyendo, bajo su influencia, que al hacerlo descubrirían éxtasis imposibles de encontrar por otras vías. En aquellos años, Millay era una de las abanderadas de la libertad, del intelecto y del poder creativo de la mujer. A un joven en particular, Millay debió parecerle la cosa más poderosa y asombrosa que su lúcido cerebro había conocido.

Y continúa Mary: No creo que en Chicago, en 1927, cierto joven poeta y universitario bien parecido llamado George Dillon, al conocer a Edna Vincent Millay, pudiera imaginar ni en sus sueños más descabellados e ilícitos un futuro común tan posible como el que fue... es fácil imaginar que se produjo una atracción mutua instantánea.

Así empezó esta intensa relación de amantes. Un amor extremo y doloroso. Sin anillos [ella ya los tenía], sin votos de fidelidad eterna, en libertad. 

George Dillon [1906-1968], graduado en la Universidad de Chicago en 1927 con el título de Literatura Inglesa, es recordado por Gladys Campbell: recuerdo su madurez mental, su reserva y su deslumbrante belleza física. Esbelto, buen nadador y corredor de fondo, un joven de modales impecables. 
La historia que tuvo con Millay está reflejada en su libro The Flowering Stone, publicado el mismo año que Fatal Interview, 1931.

Si bien la relación amorosa terminó con el rechazo y la lejanía de Dillon, años más tarde ambos volvieron a unirse en el plano intelectual, como adelanté, para traducir al inglés Las flores del mal, de Charles Baudelaire, publicado en 1936.

Voy a finalizar con el poema más conmovedor, para mí, del libro, donde Edna afronta con valentía, lo que para ella es, o fue, el amor. 
Es el número XXX.

Love is not all
Sonnet XXX


Love is not all, it is not meat nor drink
Nor slumber nor a roof against the rain,
Nor yet a floating spar to men than sink
And rise and sink and rise and sink again;
Love can not fill the thickened lung with breath, 
Nor clean the blood, nor set the fractured bone;
Yet many a man is making friends with death
Even as I speak, for lack of love alone.
It well may be that in a difficult hour,
Pinned down by pain and moaning for release,
Or nagged by want past resolution´s power, 
I might be driven to sell your love for peace, 
Or trade the memory of this night for food.
It well may be. I do not think I would.

El amor no lo es todo
Soneto XXX

El amor no lo es todo: no es ni comida ni bebida.
Ni descanso ni techo contra la lluvia;
Ni siquiera un mástil flotante para los hombres que se hunden
Y subir y bajar y subir y bajar de nuevo;
El amor no puede llenar el pulmón engrosado con aliento,
Ni limpiar la sangre, ni entablillar el hueso fracturado;
Sin embargo, muchos hombre se están haciendo amigos de la muerte.
Incluso mientras hablo, por simple falta de amor.
Es muy posible que en una hora difícil,
Inmovilizada por el dolor y gimiendo, pidiendo alivio, 
O acosada por el deseo de un poder de resolución pasado, 
Podría verme impulsada a vender tu amor por la paz,
O cambiar el recuerdo de esta noche por comida.
Es muy posible. No creo que yo lo haría.


https://www.youtube.com/shorts/KwHYN5kF0jE


Espero que les haya gustado saber algo de Edna St.Vincent Millay. Su vida fue breve, falleció a los 58 años, el 19 de octubre de 1950. Breve e intensa, dedicada a la vida y al arte. Fue la primera mujer en ganar el premio Pulitzer de Poesía. Fue la figura representativa por excelencia de los años veinte: Bella, exuberante, fervorosa y amante del amor y del arte. Traviesa y descarada en sus años de juventud.
Libro tras libro, escribió con mayor profundidad y serenidad, con una lírica exquisita, una postura feminista, una profunda conexión con la naturaleza y la comprensión de la necesidad de bondad y participación en el mundo.

Espero que disfruten también de la lectura de Fatal interview, que se animen a leer poesía y que lo lean en inglés, su idioma original. Hay muchos indicios, referencias explícitas, si uno quiere verlos. Entre líneas o fuera de ellas. Del ardor, del embeleso, de las separaciones, de la cotidianidad, de la crueldad, de la intensidad de la relación entre Edna St. Vincent Millay y George Dillon. Ellos en Steepletop, en Nueva York o en París. Ahora, en nuestra imaginación.

Hasta la próxima lectura,

Cecilia Olguin Gianelli

Notas

- Fatal Intervew, Edna St. Vincent Millay: 
file:///Users/Cecilia/Downloads/20200622.html.pdf

- Edna St. Vincent Millay. Poetry Foundation:
https://www.poetryfoundation.org/poets/edna-st-vincent-millay

- George H. Dillon. Poetry Foundation:
https://www.poetryfoundation.org/poets/george-h-dillon

- Mary Oliver. Poetry Foundation:
https://www.poetryfoundation.org/poets/mary-oliver



martes, 17 de marzo de 2026

«To find my home...», Czeslaw Milosz

«To find my home...», 

a poem by

Czeslaw Milosz

[Šetenial, 1911-2004, Cracovia]

Premio Nobel de Literatura 1980




To find my home in one sentence, concise, as if hammered in metal. 
Not to enchant anybody. Not to earn a lasting name in posterity. An unnamed need for order, for rhythm, for form, which three words are opposed to chaos and nothingness. 




Berkeley-Paris-Cambridge, Massachusetts, 1981-1983


My Book


About the author




Czeslaw Milosz was a Nobel Prize winning poet and author of Polish-Lithuanian heritage. He memorialised his Lithuanian childhood in a 1955 novel, The Issa Valley, and in the 1959 memoir Native Realm. After graduating from Sigismund Augustus Gymnasium in Vilnius, he studied law at Stefan Batory University and in 1931 he travelled to Paris, where he was influenced by his distant cousin Oscar Milosz, a french poet of Lithuanian descent and a Swedenborgian. His first volume of poetry was published in 1934.




After receiving his law degree that year, he again spent a year in Paris on a fellowship. Upon returning, he worked as a commentator at Radio Wilno, but was dismissed, an action described as stemming from either his leftist views or for views overly sympathetic to Lithuania.

Milosz wrote all his poetry, fiction, and essays in Polish and translated the Old Testament Psalms into Polish.

Awarded the 1980 Nobel Prize in Literature for being an author «who with uncompromising clear-sightedness voices man´s exposed condition in a world of severe conflicts».

Notas

- Poetry Foundation: 
https://www.poetryfoundation.org/poets/czeslaw-milosz

- Images:
  • Czeslaw Milosz portrait, by Horst Tappe/Hulton Archive/Getty Images
  • Personal home

 

lunes, 2 de marzo de 2026

«Ante la ley», Franz Kafka

 «Ante la Ley»

[Cuento, 1915]

[Un médico rural, 1919]

[Incluído en la novela El proceso, 1925]

Franz Kafka

[Praga, Imperio austrohúngaro, 1883-1924, Kierling, Austria]





Ante la ley hay un guardián. Un campesino se presenta al guardián y le pide que le deje entrar. Pero el guardián contesta que de momento no puede dejarlo pasar. El hombre reflexiona y pregunta si más tarde se lo permitirá. 

—Es posible - contesta el guardián - pero ahora no.




La puerta de la Ley está abierta, como de costumbre; cuando el guardián se hace a un lado, el campesino se inclina para atisbar el interior. El guardián lo ve, se ríe y le dice: 

—Si tantas ganas tienes, intenta entrar a pesar de mi prohibición. Pero recuerda que soy poderoso. Y sólo soy el último de los guardianes. Entre salón y salón hay otros tantos guardianes, cada uno más poderoso que el anterior. Ya el tercer guardián es tan terrible que no puedo soportar su vista. 

El campesino no había previsto tales dificultades; la ley debería ser siempre accesible para todos, piensa, pero al fijarse en el guardián, con su abrigo de pieles, su nariz grande y aguileña, su larga barba de tártaro, rala y negra, le convencen de que es mejor que espere. El guardián le da un banquito y le permite sentarse a un lado de la puerta. 





Allí espera días y años. Intenta entrar un sinfín de veces y suplica sin cesar al guardián. Con frecuencia, el guardián mantiene con él breves conversaciones, le hace preguntas sobre su país y sobre muchas otras cosas; pero son preguntas indiferentes, como las de los grandes señores, y al final siempre le dice que todavía no puede dejarlo entrar. El campesino, que ha llevado consigo muchas cosas para el viaje, lo ofrece todo, aun lo más valioso, para sobornar al guardián. Éste acepta los obsequios, pero le dice: 

—Lo acepto para que no pienses que has omitido algún esfuerzo. 

Durante largos años, el hombre observa casi continuamente al guardián: se olvida de los otros y le parece que éste es el único obstáculo que lo separa de la ley. Maldice su mala suerte, durante los primeros años abiertamente y en voz alta; más tarde, a medida que envejece, sólo entre murmullos. Se vuelve como un niño, y como en su larga contemplación del guardián ha llegado a conocer hasta las pulgas de su cuello de piel, ruega a las pulgas que lo ayuden y convenzan al guardián. Finalmente su vista se debilita, y ya no sabe si realmente hay menos luz o si sólo le engañan sus ojos. Pero en medio de la oscuridad distingue un resplandor, que brota inextinguible de la puerta de la ley. Ya le queda poco tiempo de vida. Antes de morir, todas las experiencias de esos largos años se confunden en su mente en una sola pregunta, que hasta ahora no ha formulado. Hace señas al guardián para que se acerque, ya que el rigor de la muerte endurece su cuerpo. El guardián tiene que agacharse mucho para hablar con él, porque la diferencia de estatura entre ambos ha aumentado con el tiempo. 

—¿Qué quieres ahora? —pregunta el guardián—. Eres insaciable. 

—Todos se esfuerzan por llegar a la ley —dice el hombre—; ¿cómo se explica, pues, que durante tantos años sólo yo intentara entrar? 

El guardián comprende que el hombre va a morir y, para asegurarse de que oye sus palabras, le dice al oído con voz atronadora: 

—Nadie podía intentarlo, porque esta puerta estaba reservada solamente para ti. Ahora voy a cerrarla. 

*
Walter Benjamin consideraba «Ante la Ley» uno de los cuentos más perfectos en lengua alemana. 
Vuelvo a este famoso relato al estar leyendo su libro Sobre Kafka. Textos, discusiones, apuntes, de la editorial Eterna Cadencia.



Considerado una obra maestra por su carácter alegórico y enigmático, no solo por Benjamin. Tan bien retrata la alienación, la burocracia —absurda siempre— y la inalcanzable justicia. 

La espera pasiva del campesino —aunque por momentos intente revelarse ante el funcionario. El respeto ante una autoridad privilegiada —un hombre embestido con todo ese pequeño gran poder, dentro de un sistema que lo protege. Que se ampara, inflexible, detrás de las normas, y tiene el control en sus manos. 
Asfixia. 

Kafka, como siempre, deja la alegoría abierta, la parábola no se cierra. Por eso son únicas. No explican, no son doctrina ni normativa. Todo está ahí, para que cada lector mire esa puerta abierta, no accesible sin embargo. 

Como lectores, puede ser que observemos la arbitrariedad y decidamos que la ley es una construcción que nos incluye y excluye al mismo tiempo. Nos debatimos, como Derrida, entre la justicia y la norma, quien dice:

«Lo que es retardado no es una tal o cual experiencia, el acceso a algún goce, a algún bien —sea supremo—, la posesión o penetración de algo o de alguien. Lo que es diferido por siempre, hasta la muerte, es la entrada en la ley misma, que no es otra que aquella misma que dicta el retardo».

Al final, tarde ya, el campesino ve un resplandor, la esperanza dura solo unos instantes. Pronto se va a dar cuenta de que se autorrestringió, la puerta era suya y no lo supo a tiempo. Su sumisión e inacción, ¿lo condenaron?
Hay distintas posturas.
Gershom Scholem argumenta [y discute con Benjamin por correspondencia] que esa no acción del campesino ante la puerta no es política, sino teológica donde la ley es inalcanzable. Mientras que Benjamin ve el relato desde un lado más profano o político, Scholem insiste en una lectura teológica, enfocada en una ausencia de revelación y la culpa.

Publicado por primera vez en vida de Kafka en 1915, en el semanario judío independiente Selbstwehr [Autodefensa]. Más tarde fue incluído en la colección de cuentos Un médico rural [Ein Landarzl] en 1919. Finalmente y después de su muerte, en 1925, fue insertado en la novela El proceso por el amigo y albacea Max Brod. Se incluyó como una parábola narrada por el sacerdote a Josef K en el capítulo «En la catedral», como una metáfora de la inalcanzable justicia y burocracia.

Espero que hayan disfrutado de este cuento, el cuento de aquello que nunca ocurre —podríamos llamarlo— y, sin embargo, tanto ocurre, a pesar de no saber qué hay detrás de la puerta, a qué clase de ley se refiere Kafka, ¿la ley natural, judicial o política?, no le interesó aclararlo.
Muchos sospechamos el porqué. Creemos acercarnos modestamente a la elipsis, a esa omisión, a ese vacío.

Hasta la próxima lectura, con más Kafka,

Cecilia Olguin Gianelli

Notas

- Walter Benjamin sobre Kafka. Textos, discusiones, apuntes.
https://eternacadencia.com.ar/ec-books/view/107?srsltid=AfmBOooWBERzRV0iZ-OyYl-fsRDZOQLEK3TiHfCfKgZf1PjbQkSqxkDv


Editorial Eterna Cadencia


- Ante la ley. Jaques Derrida:
https://emakbakea.wordpress.com/wp-content/uploads/2018/10/derrida-ante-la-ley.pdf