Los días perfectos
[2021]
Jacobo Bergareche
[Londres, 1976]
En una frase:
Una exploración epistolar (como quien escribe para uno mismo) sobre la fragilidad del deseo, la rutina del matrimonio y la búsqueda melancólica de la felicidad a través de los recuerdos: del amor extramatrimonial que es apasionado y del amor hacia su esposa que es maduro... resignado.
Editorial Libros del Asteroide; 177 págs.
Estructura:
Dos cartas, «Luis a Camila» y «Luis a Paula». 110 páginas versus 50.
Ya nos dice algo.
Camila es la amante, arquitecta mexicana con la que solo compartió siete días, distribuidos en dos años —unos tres o cuatro días por año durante un congreso en Austin, Texas.
Y, diecisiete años de convivencia compartió con su esposa, Paula.
El autor utiliza un recurso muy interesante, son las cartas de William Faulkner a su amante Meta Carpenter. Funcionan muy bien como hilo conductor y espejo que, permite al protagonista contrastar su propia vivencia, incluso hasta dibuja sus viñetas inspirándose en las ilustraciones del escritor sureño.
Argumento:
Luis, el protagonista y única voz que escuchamos directamente, es decir, conocemos la historia únicamente a través de su punto de vista [lo recalco porque no lo debemos dejar de lado en el momento que analicemos la novela y nos entusiasmemos con nuestro punto de vista, prejuicios o simplificaciones], trabaja como periodista en un periódico de Madrid. Ronda la mediana edad.
Hay otra voz que se cuela en la narración, pero de una manera diferente, más bien como un soliloquio que ayuda a Luis a procesar sus sentimientos en un momento clave.
Consigue, mediante insistencia y empeño que la empresa para la que trabaja le pague un viaje a Austin, Texas, justificándolo con su asistencia a un congreso anual de periodismo digital. Se compromete con ellos a traer buenos reportajes y una buena cobertura del evento.
Sin embargo, y siempre hay un sin embargo, esa no es la total y pura verdad. Todo es una coartada, hay un verdadero y único motivo en ese segundo viaje a Austin que coincide con el inicio de la novela.
Luis tiene contradicciones afectivas. Necesitaba alejarse de su aburrida rutina familiar, del hastío conyugal, esa cotidianidad sin apasionamientos.
Fue cuando experimentó con Camila, su amante a término fijo, la chispa que le faltaba —el terreno estaba fértil.
Siente amor hacia su hija Carmen, con la que comparte juegos y le da los momentos más reales y felices. Un afecto atrapado en la apatía de su crisis. Una relación que balancea la desconexión con el resto de la familia.
Esa es su verdad presente.
Una verdad vivida con la nostalgia de saber que, de repente, su pequeña se hará mayor y ya no querrá esos juegos de zarandeos, ni las cosquillas, ni venderle uno de sus besos.
Todo se siente diferente a determina edad, reflexiona Luis, compartir un almuerzo con la madre y pensar que podría ser la última vez, saludar a sus tres hijos, y ¿si algo sucediera que me impidiera compartir mi vida con ellos?
Este pensamiento melancólico y doloroso también lo sintió después del primer beso a Camila. Peleó con el fantasma del último beso hasta que esta relación tan especial se consolidó, a su manera.
Al ser una novela corta, de carácter reflexivo e íntimo, no hay secretos que se puedan o no espoliar al hacer una reseña. No tiene giros dramáticos inesperados, y lo que da vuelta la historia lo dice la editorial en la contratapa del libro.
Su valor reside en otro lugar, en que cada lector viaje con los pensamientos de Luis que son honestos.
«Between grief and nothing, I will take grief»,
Las palmeras salvajes, William Faulkner
El refugio que encuentra Luis en un archivo universitario [específicamente el Harry Ransom Center de la Universidad de Austin] es una parte del libro que disfruté mucho por la novela y el autor que menciona, al que admiro y leo: el descubrimiento de las cartas de Faulkner a su amante nos llevan a un espacio diferente.
Podría calificarlo como un espacio de catarsis intelectual —el libro es Las palmeras salvajes [1939, The Wild Palms].
A partir de ese momento, nuestro viaje emocional, acompañando el de Luis, con esa segunda carta que, aunque más corta, tiene un tono de tremenda confesión e impacto en quien la lea, comienza. No nos deja indiferentes, de eso, estén seguros.
Dejo para los lectores, que descubran lo que a su vez descubre Luis en las cartas de Faulkner. Esa relación que el autor, Jacobo Bergareche, usa como espejo.
Pasiones, justificaciones, mentiras a los demás y a nosotros mismos, rutinas, aburrimientos, intensidad versus cotidianidad,.... cada palabra y frase mencionadas tienen el valor justo.
Por esta razón, recomiendo su lectura. Tiene un cierre inteligente y real sobre lo que Luis está experimentando. También el título «Los días perfectos» toma la dimensión de lo que significa para Luis, ¿existen esos días?
¿Es posible fabricarse una burbuja temporal sin un antes ni un después?, puede ser uno de los temas a discutir si lo vamos a charlar e intercambiar opiniones.
¿Es posible que los «momentos luminosos» duren para siempre en una estructura formal como el matrimonio?, ¿y en una clandestina?, puede ser otra de las preguntas que nos hagamos.
¿Es posible alimentar la ilusión?, ¿el entusiasmo vital?
En fin, es una novela ideal para la charla. Detrás de su brevedad posee una enorme carga emocional y dilema éticos con los que cualquiera puede sentirse identificado.
El libro me llegó a través del Club de Lectura Chatt [Chattanooga, Tennessee], donde asiste mi hija, y se los agradezco porque lo disfruté.
Hasta la próxima lectura,
Cecilia Olguin Gianelli
Notas
- Los días perfectos, Jacobo Bergareche. Libros del Asteroide:
https://librosdelasteroide.com/libro/los-dias-perfectos

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Conversar de libros, y de los caminos a donde ellos nos llevan, dar una opinión, contar impresiones, describir una escena, personaje favorito, nunca contarlo todo, aunque a veces, elijamos ir un poco más allá, y no está mal, no a todos les molesta.
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