lunes, 2 de marzo de 2026

«Ante la ley», Franz Kafka

 «Ante la Ley»

[Cuento, 1915]

[Un médico rural, 1919]

[Incluído en la novela El proceso, 1925]

Franz Kafka

[Praga, Imperio austrohúngaro, 1883-1924, Kierling, Austria]





Ante la ley hay un guardián. Un campesino se presenta al guardián y le pide que le deje entrar. Pero el guardián contesta que de momento no puede dejarlo pasar. El hombre reflexiona y pregunta si más tarde se lo permitirá. 

—Es posible - contesta el guardián - pero ahora no.




La puerta de la Ley está abierta, como de costumbre; cuando el guardián se hace a un lado, el campesino se inclina para atisbar el interior. El guardián lo ve, se ríe y le dice: 

—Si tantas ganas tienes, intenta entrar a pesar de mi prohibición. Pero recuerda que soy poderoso. Y sólo soy el último de los guardianes. Entre salón y salón hay otros tantos guardianes, cada uno más poderoso que el anterior. Ya el tercer guardián es tan terrible que no puedo soportar su vista. 

El campesino no había previsto tales dificultades; la ley debería ser siempre accesible para todos, piensa, pero al fijarse en el guardián, con su abrigo de pieles, su nariz grande y aguileña, su larga barba de tártaro, rala y negra, le convencen de que es mejor que espere. El guardián le da un banquito y le permite sentarse a un lado de la puerta. 





Allí espera días y años. Intenta entrar un sinfín de veces y suplica sin cesar al guardián. Con frecuencia, el guardián mantiene con él breves conversaciones, le hace preguntas sobre su país y sobre muchas otras cosas; pero son preguntas indiferentes, como las de los grandes señores, y al final siempre le dice que todavía no puede dejarlo entrar. El campesino, que ha llevado consigo muchas cosas para el viaje, lo ofrece todo, aun lo más valioso, para sobornar al guardián. Éste acepta los obsequios, pero le dice: 

—Lo acepto para que no pienses que has omitido algún esfuerzo. 

Durante largos años, el hombre observa casi continuamente al guardián: se olvida de los otros y le parece que éste es el único obstáculo que lo separa de la ley. Maldice su mala suerte, durante los primeros años abiertamente y en voz alta; más tarde, a medida que envejece, sólo entre murmullos. Se vuelve como un niño, y como en su larga contemplación del guardián ha llegado a conocer hasta las pulgas de su cuello de piel, ruega a las pulgas que lo ayuden y convenzan al guardián. Finalmente su vista se debilita, y ya no sabe si realmente hay menos luz o si sólo le engañan sus ojos. Pero en medio de la oscuridad distingue un resplandor, que brota inextinguible de la puerta de la ley. Ya le queda poco tiempo de vida. Antes de morir, todas las experiencias de esos largos años se confunden en su mente en una sola pregunta, que hasta ahora no ha formulado. Hace señas al guardián para que se acerque, ya que el rigor de la muerte endurece su cuerpo. El guardián tiene que agacharse mucho para hablar con él, porque la diferencia de estatura entre ambos ha aumentado con el tiempo. 

—¿Qué quieres ahora? —pregunta el guardián—. Eres insaciable. 

—Todos se esfuerzan por llegar a la ley —dice el hombre—; ¿cómo se explica, pues, que durante tantos años sólo yo intentara entrar? 

El guardián comprende que el hombre va a morir y, para asegurarse de que oye sus palabras, le dice al oído con voz atronadora: 

—Nadie podía intentarlo, porque esta puerta estaba reservada solamente para ti. Ahora voy a cerrarla. 

*
Walter Benjamin consideraba «Ante la Ley» uno de los cuentos más perfectos en lengua alemana. 
Vuelvo a este famoso relato al estar leyendo su libro Sobre Kafka. Textos, discusiones, apuntes, de la editorial Eterna Cadencia.



Considerado una obra maestra por su carácter alegórico y enigmático, no solo por Benjamin. Tan bien retrata la alienación, la burocracia —absurda siempre— y la inalcanzable justicia. 

La espera pasiva del campesino —aunque por momentos intente revelarse ante el funcionario. El respeto ante una autoridad privilegiada —un hombre embestido con todo ese pequeño gran poder, dentro de un sistema que lo protege. Que se ampara, inflexible, detrás de las normas, y tiene el control en sus manos. 
Asfixia. 

Kafka, como siempre, deja la alegoría abierta, la parábola no se cierra. Por eso son únicas. No explican, no son doctrina ni normativa. Todo está ahí, para que cada lector mire esa puerta abierta, no accesible sin embargo. 

Como lectores, puede ser que observemos la arbitrariedad y decidamos que la ley es una construcción que nos incluye y excluye al mismo tiempo. Nos debatimos, como Derrida, entre la justicia y la norma, quien dice:

«Lo que es retardado no es una tal o cual experiencia, el acceso a algún goce, a algún bien —sea supremo—, la posesión o penetración de algo o de alguien. Lo que es diferido por siempre, hasta la muerte, es la entrada en la ley misma, que no es otra que aquella misma que dicta el retardo».

Al final, tarde ya, el campesino ve un resplandor, la esperanza dura solo unos instantes. Pronto se va a dar cuenta de que se autorrestringió, la puerta era suya y no lo supo a tiempo. Su sumisión e inacción, ¿lo condenaron?
Hay distintas posturas.
Gershom Scholem argumenta [y discute con Benjamin por correspondencia] que esa no acción del campesino ante la puerta no es política, sino teológica donde la ley es inalcanzable. Mientras que Benjamin ve el relato desde un lado más profano o político, Scholem insiste en una lectura teológica, enfocada en una ausencia de revelación y la culpa.

Publicado por primera vez en vida de Kafka en 1915, en el semanario judío independiente Selbstwehr [Autodefensa]. Más tarde fue incluído en la colección de cuentos Un médico rural [Ein Landarzl] en 1919. Finalmente y después de su muerte, en 1925, fue insertado en la novela El proceso por el amigo y albacea Max Brod. Se incluyó como una parábola narrada por el sacerdote a Josef K en el capítulo «En la catedral», como una metáfora de la inalcanzable justicia y burocracia.

Espero que hayan disfrutado de este cuento, el cuento de aquello que nunca ocurre —podríamos llamarlo— y, sin embargo, tanto ocurre, a pesar de no saber qué hay detrás de la puerta, a qué clase de ley se refiere Kafka, ¿la ley natural, judicial o política?, no le interesó aclararlo.
Muchos sospechamos el porqué. Creemos acercarnos modestamente a la elipsis, a esa omisión, a ese vacío.

Hasta la próxima lectura, con más Kafka,

Cecilia Olguin Gianelli

Notas

- Walter Benjamin sobre Kafka. Textos, discusiones, apuntes.
https://eternacadencia.com.ar/ec-books/view/107?srsltid=AfmBOooWBERzRV0iZ-OyYl-fsRDZOQLEK3TiHfCfKgZf1PjbQkSqxkDv


Editorial Eterna Cadencia


- Ante la ley. Jaques Derrida:
https://emakbakea.wordpress.com/wp-content/uploads/2018/10/derrida-ante-la-ley.pdf












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Conversar de libros, y de los caminos a donde ellos nos llevan, dar una opinión, contar impresiones, describir una escena, personaje favorito, nunca contarlo todo, aunque a veces, elijamos ir un poco más allá, y no está mal, no a todos les molesta.
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