sábado, 14 de octubre de 2023

«Hija y madre», María Victoria Atencia

 «Hija y madre»,

poema de

María Victoria Atencia

[Málaga, 1931] 


Este hilo de vida en el que me sucedo... 
[El umbral, 2011].



Mi adormecida sangre
cruza por tu dintel a un desvaído espejo
donde el fin y el principio es un mismo lugar.
Detenida en el seno volviente de las horas,
hija y madre me miro.

«Hija y madre», El coleccionista, 1979.


Hermoso poema de María Victoria Atencia, que nos lleva al vínculo entre las madres y las hijas, la feminidad como trascendencia y momentos en los que tantas horas van dejándose atrás. En el lenguaje alto de la poesía, donde las palabras toman ritmo y se resignifican, se abren a la emoción. 
          Es entonces cuando un pensamiento íntimo y personal aparece... Dejad que sin zapatos siga andando y regrese / de muy lejos al pecho caliente de mi madre. [«Dejadme», Marta & María, 1976].
          María Victoria Atencia es una referente indiscutida de la poesía contemporánea. Autora de Arte y parte [1961] y Cañada de los ingleses [1961], las primeras publicaciones que inmediatamente impactaron a lectores y críticos. A ellos seguirían una cantidad de títulos que rondan la veintena.
          Escucharán, en esta excelente entrevista que le hace la académica y también poeta, Clara Janés [Barcelona, 1940], de ellos y de su vida.


Fundación Juan March, Madrid
María Victoria Atencia en diálogo con Clara Janés

https://canal.march.es/es/coleccion/maria-victoria-atencia-23025


María Victoria Atencia, encuadrada en la generación del 50, entre el clasicismo y la modernidad, es una maestra del verso alejandrino.
Acá, la podemos escuchar, leyendo algunos de sus maravillosos poemas de su larga trayectoria y de las diferentes etapas.


Presentación del libro Una luz imprevista. Poesía completa [2021], 
Instituto Cervantes, Madrid

https://www.youtube.com/watch?v=_wMrfbYa92E


Descubrir a esta poeta fue y, sigue siendo, un enorme placer. Lo comparto y espero que a través de este post, sean muchos los que se entusiasmen con ella. 
          Una mujer que admira a Valéry, Hopkings, Eliot, a Rilke, especialmente. Pero que tiene una  voz clara y propia, lejana a lo que dictan las corrientes y a lo que decide el canon. Que va a contracorriente y salta tendencias en esa búsqueda entusiasta. Alguien que escribe con mirada singular.


Ediciones Cátedra; 568 págs.


          Mirada infinita de alguien que pisa la arena y observa el mar, desde las playas malagueñas o desde ahí nomás, su dormitorio... Bajo mi cama estáis, conchas, algas, arenas: / comienza vuestro frío donde acaban mis sábanas... [«Mar», Marta & María, 1976].
          También observa desde lo alto, en las nubes, cruzando el aire —fue la primer mujer piloto—, y este hecho no deja de ser muy significativo teniendo en cuenta que en sus poemas siempre encontramos «un arriba» en cualquiera de las formas. 
          Lograr versos que conversen, que busquen saber qué es el vuelo, que intuyan la fugacidad de estar en el mundo, que no dejen la música... Volveré a tus estancias, padre Händel, y a encerrarme con clave / universal donde nada más oiga, o solo el roce / de una esfera celeste; volveré a las estancias en las que fui creciendo / y aspiré alguna vez a un sitio claro propio*. 
Ella es una mujer de desafíos que busca la palabra: 

La palabra agotada por su uso
su propio peso exhausto, su medida,
alza de nuevo su antigua dimensión y viene
—aspiración apenas— a mi lápiz,
tan transitoria y leve
como el amor, en la memoria
atosigada por su desmesura.

«La palabra», El Hueco [2003]


María Victoria Atencia, retrato digital

         Mujer elegante y serena, y no es que no le llegaran sombras, dice su amigo y admirador José Infante, pero ella las vencía con una luz brillante que salía de su pecho... Triunfa todo en el aire, y el azul / borra todo vestigio de la sombra /... Ya todo en la mirada dice vida /... Vida llamó a la puerta, y abres llaves. / Desde esta nada en la que yo te invento /... [El umbral, 2011].
          Muy admirada y querida, lo prueba el libro homenaje Certeza de la luz *, donde grandes voces hablan de su arte y de su persona. Y tantos homenajes más que he encontrado. 
          Esposa de un gran hombre, su compañero de toda la vida, Rafael León, «mi maestro en tantas cosas», dijo María Victoria de él y le dedicó el poema «Papel» [La pared contigua, 1989]. Poeta y maestro impresor, académico, fue su guía y editor, un pilar para ella y para la cultura de Málaga.
          Málaga, esa luz que deslumbra del Mediterráneo, tierra de poetas. Jorge Gillén vivía muy cerca de su casa. Muchos del grupo de la Generación del 27 a los que leía o / y frecuentaba —Federico García Lorca, Luis Cernuda, Vicente Aleixandre, entre otros. 
          Tendría que decir mucho más de su vida y de sus versos breves y poderosos, con el atractivo de lo que se entreabre y, ahí están en toda su plenitud y tanta vida, para seguir leyéndolos.
Me despido con otro de sus poemas, hasta la próxima lectura.

Cecilia Olguin Gianelli

«Victoria», Trances de Nuestra Señora [1986]

Estaba abierto el cielo y mi hijo en mis brazos,
tan indefenso y tierno y aterido y fragante
que lo sentí una obra solo mía, victoria
de un cuerpo paso a paso ofrecido a su cuerpo.
Lo envolví con mi aliento y él tuvo el soplo tibio
en el que una paloma se sostenía en vuelo.


Notas


María Victoria Atencia. Antología Poética. Edición María José Jiménez Tomé:
https://fundacionmalaga.com/wp-content/uploads/2022/12/M.-V.-Atencia.-ANTOLOGIA-POETICA.-Edicion-de-M.-J.-Jimenez-Tome.pdf

- A este lado del paraíso, María Victoria Atencia (Antología): 
https://www.juntadeandalucia.es/cultura/caletras/sites/default/files/publicaciones_cal/antologia_atencia-comprimido.pdf

- Certeza de la luz, María Victoria Atencia: Homenaje. 
https://www.realacademiasantelmo.org/wp-content/uploads/2021/12/Maria-Victoria-Atencia_Certeza-de-la-Luz_2021.pdf

- Antología poética. María Victoria Atencia: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes:
https://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/antologia-poetica--52/html/00aa8992-82b2-11df-acc7-002185ce6064_2.html#inicio

María Victoria Atencia: una poesía que danza con el cielo: Zenda. Daniel J. Rodríguez.
https://www.zendalibros.com/maria-victoria-atencia-una-poesia-que-danza-con-el-cielo/

- «La música», La pared contigua [1989]:

Volveré a tus estancias, padre Händel, y a encerrarme con clave
universal donde nada más oiga, o solo el roce
de una esfera celeste; volveré a las estancias en las que fui creciendo
y aspiré alguna vez a un sitio claro propio;
yo, la desterrada ahora, la del exilio mudo por hastío de ti,
desdeñado el antiguo amor y su servicio 
bajo el ardiente arco del verano y su caliente insinuación:
bienvenida al silencio.


domingo, 24 de septiembre de 2023

«Pont du carrousel», Rainer Maria Rilke

«Pont du carrousel»

Rainer Maria Rilke

[Praga, Chequia, 1875-1926, Suiza]

El poeta de la trascendencia.

Edward Hopper

Aquel ciego que está siempre en el puente, 
gris como el hito de un país sin nombre,
en la cosa, quizá que, siempre idéntica,
centra el girar del tiempo de los astros;
el eje fiel de las constelaciones.
Pues todo en torno de él va, yerra, brilla.

Este ciego en la inmóvil derechura
adentrada en marañas de caminos:
la oscura puerta al mundo soterraño
entre la humanidad superficial.
*

Rainer Maria Rilke

Rainer Maria Rilke, por Helmuth Westhoff, su cuñado.

Gran poeta y novelista austríaco, para leer y releer. Disfrutar con tiempo. 
          Con una inclinación filosófica y una visión existencial poco común, contempló la tarea del artista y supo del compromiso y de la soledad de la vida creativa. Se hizo eco de la afirmación de Kafka de que «la paciencia es la llave maestra para cada situación» y, desde ya, para la vida creativa. 
          La soledad, esencial para el artista, como para el científico, de la que habló Ramón y Cajal —padre fundador de la neurociencia—, o Delacroix, y tantos otros, como Virginia Woolf, también lo es para el lector que reflexiona.
          Pero también habló de esa soledad primera y última del hombre. La soledad del narrador-personaje del cuento «El Ruletista» [Mircea Cartarescu], y la soledad de este hombre en el puente de Rilke. Él está solo, mientras «todo a su alrededor va, yerra, brilla.
          Y junto a esto, nos brindó lo que realmente significa la palabra amar. Valorar de manera inteligente la incertidumbre. Ese algo vital que alimenta nuestra esperanza, se expande y nos hace parte activa. 
          Estoy por la lectura atemporal y profunda, no importa si simple o compleja, larga o corta. Y Rilke junto a Cartarescu, que me llevó de la mano a este poema, me afirman en estas elecciones que hablan de nosotros en el mundo.
          Un poema, como toda obra de arte, ya es una interpretación del mundo... «no nos sentimos muy seguros en casa, dentro del mundo interpretado», dice Rilke en la Primera Elegía de Duino.

*

Rilke procedía de una familia de industriales de Praga, de origen judío, pero convertida al cristianismo para escapar del antisemitismo.
En Múnich, 1897, conoció a la psicóloga Lou Andreas-Salomé, casada y catorce años mayor. Esto no le impidió ser su amante y consejera, amiga hasta su muerte. Viajaron por Rusia, donde conoció a Tolstói y, a través de ella, que era alumna de Freud, supo del psicoanálisis. 
En 1900 vivió en la colonia de artistas Worpswede, cerca de Bremen [Alemania]. Allí conoció a la pintora Paula Modersohn-Becker y a la escultora Clara Westhoff, con la que se casó y tuvo una hija, Ruth.
Sin embargo, no pudiendo adaptarse a la vida familiar de clase media, se trasladó a París [1902], desde ese momento, su lugar principal de residencia. 
Atraído por las artes plásticas, conoció a grandes nombres. Estudió a Van Gogh, a Cezanne y a Rodin, del que fue secretario. Y continuó viajando por distintos países de Europa y Egipto.
La experiencia de La Primera Guerra Mundial que lo encuentra en Alemania, el ser llamado a filas por el ejército austrohúngaro en Viena con el recuerdo traumático de la escuela militar de su juventud, la pérdida de sus bienes en París y el caos de la posguerra no lo desanimaron para encontrar un lugar adecuado en Suiza para poder terminar las Elegías de Duino. No solo las terminó, también trabajó en Los sonetos de Orfeo.
En 1923 comenzó a tener problemas de salud. Internaciones y un viaje a París, con la esperanza del beneficio que podría darle un cambio de ambiente, influyeron en su personalidad creativa y escribió numerosos poemas, con la prisa del que se sabe con poco tiempo. 
Murió el 29 de diciembre de 1926 en el sanatorio suizo de Val-Mont, de leucemia. Tenía 51 años.
Autor de El libro de las imágenes [1902], El libro de las horas [1905], Elegías de Duino y Sonetos a Orfeo [1923], Cartas a un joven poeta [1929], entre otros.




Espero que hayan disfrutado de la lectura del poema y que sigamos con otras. Al leer sus escritos, prosa o poemas, con su rico vocabulario adquirido, percibimos que Rilke, seguramente influenciado por Lou Andreas-Salomé y Nietzsche, pone en manos del hombre la capacidad de resolver los conflictos existenciales —no en una ayuda divina, ni en un cambio histórico—, enfatizando la importancia de la voluntad. Ser capaces de crear mundos dotados de significado con las realidades que cada uno se encuentra. 
          Esta capacidad, si ocurre, es gracias a la transformación individual de cada uno... ciego en la inmóvil derechura /adentrada en marañas de caminos.
Hasta la próxima lectura,

Cecilia Olguin Gianelli

Notas

- Rainer Maria Rilke: Poemas
https://biblioteca.org.ar/libros/133627.pdf
[Segunda parte del primer libro; págs. 85-86].
[Sin fecha, probablemente París, 1902-1903].

- El pensamiento lírico de R. M. Rilke, una interpretación hegeliana: Trabajo final de Máster. Universidad de Barcelona. E. A. Geraldino Molina.
https://diposit.ub.edu/dspace/bitstream/2445/189372/1/TFM.pdf

- Rilke: Una vida para la poesía: Antonio Pau. Fundación Juan March.
https://www.youtube.com/watch?v=4529x4QBHH8

- Rainer Maria Rilke, poeta de lo invisible. La trascendencia de la muerte en la obra tardía del poeta, Las elegías del Duino y Los sonetos a Orfeo: Ensayo. Revista de Filosofía. María Olga Giménez Salinas.
https://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0718-43602021000100061

- Vida de Rainer Maria Rilke: La Belleza y el Espanto. (La dicha de enmudecer), Antonio Pau. Editorial Trotta.



- Imagen elegida: «Pont du Carrousel and Gare d´Orléans [19'07], de Edward Hopper [1882-1967]. Pintor estadounidense que tan bien representó esos momentos de soledad. 

Helmuth Westhoff: Retrato de Rainer Maria Rilke [1901].
https://www.bridgemanimages.com/en/westhoff/rainer-maria-rilke-1901-oil-on-canvas/oil-on-canvas/asset/1680367

- Pont du Carrousel: Puente de París que cruza el Sena, desde el Louvre al barrio de Saint Germaine. Conecta el Distrito 1 [Quai des Tulleries] en la margen derecha del río, con los Distritos 6 y 7 [Quai Voltaire], en la margen izquierda. Entre el Pont des Arts y el Pont Royal. Fue construido en 1939 en línea con la entrada al Museo del Louvre, donde se encuentra el Arco de Triunfo del Carrusel, al que debe su nombre.

domingo, 10 de septiembre de 2023

«Hijos de la fábula», Fernando Aramburu

 Hijos de la fábula

[2023]

Fernando Aramburu

[San Sebastián, España, 1959]

          De un determinado conflicto social y político, de una lucha armada polémica, se desprenden tantas historias como personas involucradas, de una u otra manera, hayan estado.
          Fernando Aramburu, autor de la famosa novela Patria [2016], imagina una, y nos la cuenta. 
          Una mirada y un tono muy distinto a la anterior que tanto nos impactó, por el dolor que sufriera la sociedad en Euskadi [País Vasco], y el mundo que observaba. 
          Lo logra, aunque al principio sintamos un desconcierto. 
          Los invito a leer mi reseña.


Tusquets Editores, 2023; 312 págs.


          «Olemos a mierda de gallina», dice uno de los dos protagonistas. Viven semi escondidos en una granja avícola a las afueras de Albi, sur de Francia. 
          Ellos son Asier y Joseba, los jóvenes protagonistas. «Militantes» de ETA —pseudo etarras— que en el momento en que se incorporan a la organización terrorista vasca, esta, cada vez más acorralada, anuncia su cese de actividad armada. 
          Es así como quedan «colgados» en Francia. 
          Este sería, a grandes rasgos, el comienzo de la historia, y dice poco de todo lo que leerán. Porque la riqueza literaria, a mi modo de ver, está en la construcción de estos personajes tan bien logrados. Casi todo lo que sabemos e intuimos acerca de ellos es a través de los diálogos. Sin darnos cuenta, por lo dinámico de este recurso, nos vamos adentrando en la relación entre ellos, sus personalidades, estados de ánimo, historias personales y datos específicos que hacen a la trama. Todo, con una mínima intervención de un narrador omnisciente.

          Comienzo por los personajes y mis impresiones. Sin detallar ni ir más allá de lo debido.




          Dos muchachos muy diferentes uno de otro, en su contextura física, en su intelecto y personalidad. Veinte y veintiún años, procedentes de dos pueblos vecinos de la provincia de Guipúzcoa —una de las tres provincias que forman el País Vasco.
          Para uno, Asier, la auto disciplina lo es todo. Militarizarse a como sea. Tanto sea con un secuestro gallináceo o con una escoba por rifle, él se siente un militante y así se lo inculca vehementemente a Joseba. E insiste, ¡lejos de las mujeres!, «las hembras debilitan al guerrero». Ni hijos, ni familia ni nada que ate.
          Para el otro, siempre rezagado por su gordura, la paternidad importa, y su novia Karmele desde ya, de la que no pudo despedirse ni escribirle una carta. Asier no se lo permite.
          Ninguno de los dos habla francés, y eso dará lugar a muchos malentendidos. No saben manejar armas —tampoco las tienen. Y esto dará lugar a muchas situaciones también irrisorias. La gracia está presente.           
          Dos novatos, sí, en todo el sentido de la palabra. Pero con mucha voluntad, saben luchar contra el aburrimiento y el abandono. Y la ilusión, la tienen en grande. Como así también una imaginación relacionada con la ideología, verán cómo esta trabaja en sus pensamientos. 
          Algo de lo que les cuento, podría ser una articulación compleja en otro escritor. Fernando Aramburu logra con gran fluidez y naturalidad que entremos en sus vidas. Y mucho respeto. En ningún momentos se nombra a las víctimas ni hay golpes bajos. Sobre todo, conociendo la historia que hay detrás. Es otra la significación que busca el autor, y para mí la encuentra, pese a lo absurdo que pudiera parecer en una lectura rápida.

          Los dueños de la granja son Fabien y Guillemette, una mujer que se las trae. Solidarizados con la causa nacional vasca, ayudan a los que necesitan esconderse por un tiempo. Tienen un perro Mao, que también juega su papel. Una tarde, es ella la que les muestra la imagen en la televisión y dice:

—No más de l´ETA.


          Como ya estarán adivinando, ni Asier ni Joseba se lo creen, «esto es un truco». Mantienen firme su convicción. No ven la hora de ser llamados a la lucha. 
          Las escapadas que hacen a Toulouse y los encuentros con Txalupa, otro militante, pero en retirada, ayudan, con sus viejas historias de acción y hospitalidad. Su amiga María Cristina, una chica desprejuiciada y expeditiva, pareja de Brigitte, les da otro tipo de ayuda y apoyo... ellos vendrían a formar el supuesto talde.
          Estos son los principales personajes con los cuales interactúan. Personajes secundarios que, como los protagonistas, tienen algo para destacar, ya sea rasgos físicos o de personalidades —los tildaríamos de extrañas en otro contexto.
          El río Tarn, con los paseos en barca y un viaje, también es un rico escenario por donde se mueven. Tomarán su nombre para su proyecto —no muy convencidos.
          Zaragoza, San Sebastián y sus pueblos completan los lugares recorridos.

          A medida que avanzaba en la lectura, me apropiaba de la historia vívidamente. Escuchaba a Joseba, por ejemplo, diciéndole a Asier:
—¿No es raro?
—¿El qué es raro?
—Ocurren cosas raras en el mundo. Aquí, en cambio, no se mueve nada. La noche tranquila, el río tranquilo, la luna allá arriba.
..............
—[...] No sabemos nada del mundo.
—Tampoco el mundo sabe nada de nosotros.

          Y recordé otras excelentes obras y personajes. A Giovanni Drogo esperando absurdamente en esa frontera [El desierto de los tártaros, Dino Buzzati] y en lo de querer dotar a la vida de un sentido. O la espera inútil de Vladimir y Estragón [Esperando a Godot, Samuel Beckett], a los que el tiempo y el espacio se les confunde. También a George y Lennie [De ratones y hombres, John Steinbeck] en cuanto a la relación de los dos amigos, atemorizados y aislados, y cómo cada uno va a cumplir su rol de antagonista débil-fuerte en ese «equipo» que sabe proveer de leche caliente y miel cuando así tiene que ser. Así son estos del GDG —su más que reducida organización.

          Pese a que leí algunas críticas no muy positivas, recomiendo esta novela. Disfruté de la historia y de la manera en que está escrita: un lenguaje seco de frases cortas, con un solo verbo. Tan de acuerdo al contexto y a los personajes, a los que nunca el autor les da cualidades que no merecen. No hay impostura, uno los ve tal cual son.       
          Fernando Aramburu sale airoso del fino equilibrio. No cae en la ironía ni en en exceso de parodia. Consigue que sintamos, en todo momento, que detrás se esconde el drama. No solo el político, el del conflicto vasco que bien podría ser otro, sino el de cada uno de ellos. Y todo toma una significación más profunda y personal.
          Disfruté de la historia, aparentemente sencilla, casi tragicómica, dejándome llevar por ella. Luego, me tomé unos días para pensarla y reflexionar sobre todo lo que ya les conté y elaborar de qué manera quería trasmitírselos para despertarles la curiosidad de leer el libro y que ustedes le encuentren sus propios significados o, la moraleja de la fábula en el desenlace... si es que la tiene.
          Espero que lo haya logrado, hasta la próxima lectura,
Cecilia Olguin Gianelli
  

Notas

- Fernando Aramburu: [San Sebastián, 4 de enero de 1959] escritor, traductor y profesor de español. Licenciado en Filología Hispánica en la Universidad de Zaragoza. Desde 1985, reside en Alemania.
          Su novela de mayor éxito, y multipremiada, es Patria [2016], cuyo tema es el terrorismo etarra. Fue llevada a la pantalla en una excelente serie televisiva por el canal HBO en 2020. Temática ya abordada en Los peces de la amargura [relatos, 2006], Premio Real Academia Española 2008.
          Otros libros muy recomendados son: Los ojos vacíos [2000], Autorretrato sin mí [2018], el libro con el que me gustaría seguir, El vigilante del fiordo [relatos, 2011], Viaje con Clara por Alemania [2010] y Ávidas pretensiones [2014], Premio Biblioteca Breve 2014.

- Entrevista: Feranando Aramburu, «Hijos de la fábula». Espacio Fundación Telefónica Madrid.


https://www.youtube.com/watch?v=pMRTXmeA1rA

lunes, 26 de junio de 2023

Amélie Nothomb y tres novelas

Metafísica de los tubos 

El sabotaje amoroso

y

Biografía del hambre

[2001, 2003 y 2006]

de

Amélie Nothomb

[Kõbe, Japón 1966]



Si queremos leer a esta gran escritora de la que tanto se habla, nada mejor que empezar por estas tres novelas: Metafísica de los tubos [2001], El sabotaje amoroso [2003] y Biografía del hambre [2006].
Como protagonista en la mayoría de su obra, Amélie Nothomb, reconstruye su vida. La manipula a través de alegorías, ilusiones y fantasías, donde la dualidad en los personajes —y desde ya en ella misma personaje—, está en esencia y en apariencia. 
Esta dualidad la vemos, entre otras cosas, en resolver el tema de su identidad. A los veinte años, tuvo que volver a Japón para comprobarlo. Se siente belga y no japonesa, fue su conclusión.


Amélie Nothomb

Es evidente que construye una imagen de sí misma. Algo neogótica en su exterior. Cabello oscuro y mirada directa y profunda con sus grandes ojos, ropa negra y piel muy blanca, labios rojos y exquisitos sombreros. 
Ella misma en la portada de sus libros mostrándose y manteniendo una alta visibilidad en los medios. 
Las técnicas de la difusión de la literatura, que actualmente son amplias, y la puesta en escena de la propia existencia del autor es un hecho que no podemos negar*. Viene a mi memoria Susan Sontag —una de las escritoras y pensadoras más influyentes del siglo XX—, con su famoso mechón blanco, fotografiada por Annie Leibovitz hasta el infinito.
Aunque su vida privada, Amélie, la mantiene muy bien reservada. Sí se sabe que esta mujer de 57 años es muy rica y que tiene un título nobiliario: es la Baronesa Fabienne Claire Nothomb. 
En cuanto a su escritura, con su estilo fresco y mordaz, directo, nos va a llevar por las facetas, muchas veces opuestas, de una persona. No disfraza las contradicciones.
Las experiencias vividas en los viajes son fuente de inspiración y escenarios de sus novelas, donde «las fronteras» ocupan un lugar importante. No solo las exteriores. 
Las tres novelas tienen mucho de filosofía, pero también son muy emocionales y sensoriales. El amor y el desamor, la mente hurgando en los recuerdos, temas que desarrolla en sus ficciones y «autoficciones» —esa invención literaria de la existencia propia—, la «ficcionalización» del yo. Hacer del yo un elemento literario, un sujeto imaginario hasta cierto punto. 
Son ágiles y cortas. Muy recomendables.




Ahora le cuento algo de cada una:

Debido a la profesión de su padre, un diplomático belga, la vida de Amélie se movió entre viajes y lugares atractivos del mundo. Es así que estas historias empiezan, en Metafísica de los tubos cuando ella es apenas un bebé. Y estamos en Osaka, Japón, allá por el año 1970. 
Claro que no es un bebé común, ella reflexiona y tiene capacidades especiales. No se mueve, no emite sonido, ni siquiera llora, solo se concentra en su posición cilíndrica. 
Con un monólogo interior razona sobre muchos temas, Dios, entre otros —ella misma se cree una deidad. También sobre el lenguaje, la mirada, la muerte. «Vivir significa rechazar», se dice a sí misma. 
Sus padres están preocupados por «el tubo» pero... tienen su vida y se van a ir acostumbrando. 
Esta situación atípica, un día cambia. Y grita. Grita muy fuerte. Furiosa. Y tanto molestan sus berrinches que todos se preguntan, «¿por qué esta cólera?» ¡Y hasta se sienta en su cuna después de tanta inmovilidad!, y nos preguntamos, «¿por qué los padres echan de menos al "vegetal" que ya habían aceptado con resignación».
La llegada de su abuela unos meses después tiene mucho que ver con un gran cambio. Con ella  descubre el placer, otro de sus temas. Lo cuenta con una prosa impecable y gran originalidad, en conceptos y vocabulario.
Deja perplejo a padres y hermanos mayores: Juliette y André. 
Hay una persona en la casa con la que tiene una relación muy especial, es la dulce Nishio-san, su aya japonesa. Unidas por los relatos de ella, verdaderas pesadillas en sus recuerdos, y las demandas de Amélie. 
Ella es japonesa, así se siente, parte de un país donde la belleza y la veneración ocupan un primer lugar, ¡y ella se siente el centro del mundo!

En El sabotaje amoroso, además de los temas anteriores, el amor ocupa un lugar importante. Seguramente no es el tipo de enamoramiento en el que están pensando. Ella lo considera como «un malentendido». Dice: «Siempre te va a sorprender en su rareza», sobre todo si son dos personas de culturas diferentes.
Explora este sentimiento con gran agilidad dentro de situaciones muchas veces risueñas en una niña, todos sentimientos que ella misma ha experimentado. 
Esta vez, la historia transcurre en Pekín, «La ciudad de los Ventiladores», China, durante tres años en la vida de una niña de siete —desde 1972 hasta 1975— viviendo en un gueto para diplomáticos extranjeros llamado San Li Tun. Un régimen comunista opresor. 
Vive recordando su hermosa vida en Japón, imaginando, inventando juegos que emulan la realidad [una guerra mundial a pequeña escala] y un descubriendo del amor [¿asexuado?] de una manera muy emotiva y lúdica a la vez. 
El tema, para mí, es el amor [¿infantil?] y la identidad —una de sus búsquedas. De la propia y de la persona que ama, que, «debe conocer a fondo». «Solo se logra a través del amor», dice la protagonista que es una niña, inteligente y fuerte, intensa y genuina. 
Autoconocimiento y conocer al otro, a su «bienamada», que es medida y superficial, todo lo calcula. 
Así se relaciona, con esa fausse supériorité, dice en una entrevista, «Hay momentos, durante el enamoramiento, que mientras se los viven ni se plantean». 
Recordarán que también lo dice la protagonista de El amante, de Marguerite Duras. Ahí solo sientes. Nadie saca conclusiones filosóficas ni de vida en el presente. 
Por eso, la voz de la novela, es una primera persona que recuerda, que escribe pasados unos años. Lo hace con una gran autenticidad, manteniendo intacto el recuerdo de esa incomprensión hacia los adultos. 
Es una narración donde se mantiene la tensión entre ambas figuras centrales, una relación muy sugestiva, entre esencia y apariencia que ya nombré, como opuestos imprescindibles. 
Y entre el mundo exterior y el mundo de los juegos. Entre la adultez y la infancia. Entre la guerra y el amor. Entre lo simbólico, la fantasía y lo real. 
Entre el juego, dije, y agrego a la violencia implícita, ¿hasta dónde? 
Ya el título nos lo dice: sabotaje y amoroso, el daño y el amor: las ochenta vueltas corriendo dadas en el patio teniendo asma. Esa pulsión en el juego —para usar esta palabra que revolotea toda la historia y sus creaciones. 
Así organiza sus ficciones, como juegos donde siempre hay palabras mágicas [algunas inventadas] y situaciones de encantamiento. 
Y me alegra que así sea. Porque es cuando la niña describe los goces, como «aquel exceso de aire en el cerebro», o cuando la nombran «explorador», o el galope a toda velocidad, su «caballo». o cuando conoce a Elena y se convierte en el centro del mundo —de su mundo —, y con ella descubre el deslumbramiento, ¡qué espectacular! 
Acá transcribo algo que me encantó: 

«Llamo caballo a ese irrepetible lugar en el que es posible perder todo anclaje, todo pensamiento, toda conciencia, toda idea de mañana, para convertirse solo en un impulso, para ser únicamente algo que se despliega». «Llamo caballo a esa entrada en el infinito... Llamo cabalgata al espíritu que se precipita con la fuerza de sus cuatro herraduras». «Llamo jinete a aquel cuyo caballo le ha salvado del hundimiento, a aquel cuyo caballo le ha dado la libertad que le zumba en los oídos». 

De la relación entre ellas se cuenta bastante y se calla mucho más. Esperamos, a cada vuelta de página, otro encuentro. 
Es una de las características de la autora, quien dice: «Hay autores que se desnudan. Yo creo que hay límites y nunca los traspaso». Aprecié mucho esta posición. Aunque también me gusta Michel Houellebecq [y no tanto Catherine Millet]. 
Otra buena característica de la trama, es que la vamos descubriendo poco a poco. Y que inquieta, lo percibimos y no sabemos bien por qué. Quizá se trata de ese otro goce que todavía no nombré: «la lisiedad» —lo que tiene calidad de liso. 
Amélie juega con las palabras. Quiero, al terminar, decir otra vez esta palabra y frase: Infancia. Imágenes y palabras que nos llegan de lejos. Amélie Nothomb recurre a este lugar con gran talento: a esa ansiedad infantil, a esa ambigüedad donde todas las suposiciones son posibles, a ese avanzar de manera indirecta y al amor no correspondido.

Llego al último, Biografía del hambre. Divertido con su humor especial, siempre lo aclaro. Y sincero. Otro autorretrato literario donde repasa sus insaciables y variopintos apetitos. 
Transcurre en su infancia, adolescencia y juventud. Lugares como Estados Unidos, Birmania, Bangladesh, Bruselas y Japón principalmente. Sitios donde un elefante de verdad fue uno de los regalos de cumpleaños.
Juliette, su hermana mayor, muy cercana a ella, juega un rol importante.
Desde pequeña empieza a sentir hambre. No el hambre que va ensamblado con el hecho de saciar el vacío del estómago, sino el que va más allá de esto tan «trivial» [así lo califica alguien que no tiene el problema de falta de alimento, desde ya].
El suyo es el hambre —ya visto en grandes obras literarias— del conocimiento, de lenguas extranjeras, de libros, de belleza, también de alcohol y de chocolate. De escribir, buscar ese miedo regocijante, esa necesidad voluptuosa.
Esta necesidad de tener hambre se extiende en todos los sentidos que ustedes se pueden imaginar. No escapa al físico y no en el sentido de saciarlo, sino de dominarlo:

En Bangladesh, me habían enseñado que el hambre era un dolor que desaparecía muy deprisa. Valiéndome de esta información, creé la Ley: el 5 de enero de 1981, día de Santa Amélie, dejaría de comer. 

Tenía trece años y medio.
Y agrego hambre de regreso. Regresar a su casa de Kobe y encontrarse con Nishio-san. Su antigua aya será parte de su nostalgia feliz. Un encuentro con los afectos indefinibles y con ella misma.


¡Fue un gran disfrute escribir este post y compartirlo!
Amélie Nothomb es una escritora a la que siento joven y moderna cuando la leo. Se involucra con los que nos rodea, con lo que nos cuesta sobrellevar: los miedos, la identidad como proceso de construcción hasta el fin de los días, la muerte como espejo.
Dice las cosas que muchos pensamos y no sabríamos expresarlo mejor, para captar el interés y la reflexión sin aburrimiento: irónica y nihilista, auténtica, sorprende en su rapidez de pensamiento. También de escritura, ya que es muy prolífica, un libro o más por año —muchos quedan guardados, a la espera de que se decida o no a publicarlos. 
Existe una suspicacia en el campo cultural entre reconocimiento por «número», entiéndase notoriedad mediática y éxito comercial, y reconocimiento por «calidad», entiéndase ser reconocido por los expertos academicistas. 
Bueno, Amélie Nothomb ha sido un suceso de ventas desde su comienzo, y también la respaldan prestigiosos premios, como el Gran premio de la Academia Francesa o el Prix de Flore, entre otros. Cuenta, además, con el apoyo de las traducciones de importantes editoriales extranjeras. Por lo tanto, pareciera que la discusión en este sentido quedaría saldada. Aunque siempre habrá recelos y prejuicios. 

Espero que hayan disfrutado de este post y que disfruten de las novelas de Amélie Nothomb.
Hasta la próxima lectura,

Cecilia Olguin Gianelli

Notas 

- Amélie Nothomb: L´auteur, les romans, les bonus, les rendez-vous de Amélie.
http://www.amelie-nothomb.com/

- Instagram:
https://www.instagram.com/ameliedesnomspropres/?hl=es

- Produire la valeur artistique dans une économie de la notorieté: Le cas d´Amélie Nothombb: Émile Saunier:
https://www.cairn.info/revue-terrains-et-travaux-2015-1-page-41.htm



sábado, 17 de junio de 2023

«Si me puedes mirar», Olga Orozco

 «Si me puedes mirar»

Olga Orozco

[1920-1999, Argentina]

Para mamá
hoy, 12 años 




Ya lo sabemos ...
Es normal tener miedo ante lo inexplicable de una pérdida, nos dicen. 
Atenúa la tristeza si uno lo comparte, si uno encuentra cordialidad y una voz afín del otro lado, si uno deja que el tiempo pase.

Ya lo sabemos ...
Esos sentimientos son intransferibles, no se razonan, entre yo y la vida hay un vidrio tenue*, dice Pessoa hablando de esto. Hay poetas que traducen tan profundo y único, simple, que nos apoderamos de sus palabras y las guardamos para siempre.

Olga Orozco es una de ellas. Ella mira el reverso de las cosas y las personas, explora territorios y señala lo imposible con su riqueza de imágenes y símbolos. Lo hace con mucha fuerza y nos invita a su contemplación dinámica. 
No hay que temerle a las palabras. Así como es inefable el gozo, también lo es la tristeza de una ausencia, que cede con los meses y años.

No es mi intención otra que el recuerdo de mi madre, y de otras madres, con el lenguaje superior de la poesía.

Cecilia Olguin Gianelli

Si me puedes mirar
Olga Orozco


Madre: es tu desamparada criatura quien te llama,
quien derriba la noche con un grito y la tira a tus pies como un 
                                                                                            [telón caído
para que no te quedes allí, del otro lado,
donde tan sólo alcanzas con tus manos de ciega a descifrarme en 
                     [medio de un muro de fantasmas hechos de arcilla ciega.
Madre: tampoco yo te veo,
porque ahora te cubren las sombras congeladas del menor tiempo y 
                                                                             [la mayor distancia,

y yo no sé buscarte,
acaso porque no supe aprender a perderte.
Pero aquí estoy, sobre mi pedestal partido por el rayo,
vuelta estatua de arena,
puñado de cenizas para que tú me inscribas la señal,
los signos con que habremos de volver a entendernos.
Aquí estoy, con los pies enredados por las raíces de mi sangre en duelo,
sin poder avanzar.
Búscame entonces tú, en medio de este bosque alucinado
donde cada crujido es tu lamento,
donde cada aleteo es un reclamo de exilio que no entiendo,
donde cada cristal de nieve es un fragmento de tu eternidad,
y cada resplandor, la lámpara que enciendes para que no me pierda entre las                                                                                      [galerías de este mundo.

Y todo se confunde.
Y tu vida y tu muerte se mezclan con las mías como las máscaras de 
                                                             [las pesadillas.

Y no sé dónde estás.
En vano te invoco en nombre del amor, de la piedad o del perdón, 
como quien acaricia un talismán,
una piedra que encierra esa gota de sangre coagulada capaz de revivir 
                                                      [ en lo más imposible de los sueños.

Nada. Solamente una garra de atroces pesadumbres que descorre la tela de otros                  [años
descubriendo una mesa donde partes el pan de cada día,
un cuarto donde alisas con manos de paciencia esos pliegues que graban en mi                   [alma la fiebre y el terror,
un salón que de pronto se embellece para la ceremonia de mirarte pasar
rodeada por un halo de orgullosa ternura,
un lecho donde vuelves de la muerte solo por no dolernos demasiado.

No. Yo no quiero mirar.
No quiero aprender otra vez el nombre de la dicha en el momento mismo en que                   [roen tu rostro los enormes agujeros,
ni sentir que tu cuerpo detiene una vez más esa desesperada marea que lo lleva,
una vez más aún,
para envolverme como para siempre en consuelo y adiós.

No quiero oír el ruido del cristal trizándose,
ni los perros que aúllan a las vendas sombrías,
ni ver cómo no estás.

Madre, madre, ¿quién separa tu sangre de la mía?,
¿qué es eso que se rompe como una cuerda tensa golpeando las entrañas?,
¿qué gran planeta aciago dejar caer su sombra sobre todos los años de mi vida?

¡Oh, Dios! Tú eras cuanto sabía de ese olvidado país de donde vine, 
eras como el amparo de la lejanía,
como un latido en las tinieblas.

¿Dónde buscar ahora la llave sepultada de mis días?
¿A quién interrogar por el indescifrable misterio de mis huesos?
¿Quién me oirá si no me oyes?
Y nadie me responde. Y tengo miedo.
Los mismos miedos a lo largo de treinta años.
Porque día tras día alguien que se enmascara juega en mí a las alucinaciones y a                 [la muerte.

Yo camino a su lado y empujo con su mano esa última puerta,
esa que no logró cerrar mi nacimiento
y que guardo yo misma vestida con un traje de centinela funerario.
¿Sabes? He llegado muy lejos esta vez.
Pero en el coro de voces que resuenan como un mar sepultado 
no está esa voz de hoja sombría desgarrada siempre por el amor o por la cólera;
en esas procesiones que se encienden de pronto como bujías instantáneas
no veo iluminarse ese color de espuma dorada por el sol;
no hay ninguna ráfaga que haga arder mis ojos con tu olor a resina;
ningún calor me envuelve con esa compasión que infundiste a mis huesos.

Entonces, ¿dónde estás?, ¿quién te impide venir?
Yo sé que si pudieras acariciarías mi cabeza de huérfana.
Y sin embargo sé también que no puedes seguir siendo tú sola,
alguien que persevera en su propia memoria,
la embalsamada a cuyo alrededor giran como los cuervos unos pobres jirones de                    [luto que alimenta.

Y aunque cumplas la terrible condena de no poder estar cuando te llamo,
sin duda en algún lado organizas de nuevo la familia,
o me ordenas las sombras,
o cortas esos ramos de escarcha que bordan tu regazo para dejarlos a mi lado cualquier día,
o tratas de coser con un hilo infinito la gran lastimadura de mi corazón. 

Olga Orozco, 
Los juegos peligrosos [196],
Eclipses y Fulgores (1998)

*


Notas


-Olga Orozco: 


Nació en Toay, Pcia. de La Pampa, Argentina, el 17 de marzo de 1920 y falleció el 15 de agosto de 1999 en Buenos Aires.
Gran poeta, reconocida con importantes premios: Primer Premio Municipal de Poesía (1963), Premio de Honor de la Fundación Argentina (1971), Gran Premio del Fondo Nacional de las Artes (1980), Premio Nacional de Poesía (1988), Premio Konex, de Platino y de Honor (1994 y 2004), Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo (1998) y otros muchos.
Muchos la habrán conocido personalmente o la habrán visto en alguna entrevista. Recordarán sus hermosos ojos claros, su cara de fuertes rasgos, su voz profunda y sensual.
Su obra abarca un largo período de tiempo. Comienza con Desde lejos, en 1946, y termina con Con esta boca, en este mundo, de 1994.
Siendo muy joven perteneció al grupo surrealista Tercera Vanguardia, del que también formaba parte Oliverio Girondo.
Admiraba a Rimbaud, Baudelaire y Rilke.
De inteligencia sutil e imaginación pródiga en expresiones, se destacó por el uso frecuente y logrado que hace del oxímoron (dos conceptos de significado opuesto en una sola expresión).
Pertenecía a la generación del 40, junto a César Fernández Moreno, León Benarós, Vicente Barbieri y unos cuantos ausentes más, como Julio Cortázar y Manuel Mujica Lainez.
Dijo el poeta y crítico catalán Pere Gimferrer: «Cualquier lector efectivo o potencial de poesía, en efecto, sabría en este caso lo que ante todo importa saber: que Olga Orozco es manifiestamente la mayor poeta y uno de los mayores poetas que escriben en estos momentos en español.... Atendamos esta voz, cuyo poderío resulta tan turbador que casi podría llamársele alarmante... Explora territorios en los que el lenguaje persigue no sólo decirse a sí mismo, y en tal sentido configurar una forma autónoma de conocimiento, sino además obtener de las palabras algo que en cierto modo no es en palabras decible: mas no algo impreciso o "vaporizado", para emplear una expresión de Baudelaire, sino, por el contrario, aquel desvelamiento de la naturaleza última de nuestra experiencia del mundo que otros piden a la filosofía, pues todo verdadero poeta es un poeta filosófico, aunque opere —como, por lo demás hacía Heráclito— antes mediante imágenes que mediante ideas enunciadas de modo explícito... La poesía de Olga Orozco apela a lo esencial: a lo esencial poético, a lo que sólo poesía es, sin duda; más también a lo esencial de nuestra condición. Sus imágenes no sólo nos conmueven o nos sobrecogen: nos dicen qué somos y en qué consiste el ser."

Prólogo (extracto) del libro Eclipses y Fulgores, 
Antología, Olga Orozco
1998, Editorial Lumen

domingo, 28 de mayo de 2023

«Grown Children» [Hijos grandes], Sharon Olds

«Grown Children» 

[Hijos grandes]

Poema de  

Sharon Olds

[California, 1942] 

Premio Pulitzer de Poesía 2013

The Unswept Room, 2002

[La habitación sin barrer]


Gog y Magog Ediciones
Edición bilingüe
Traducción: Inés Garland


One from one direction, one
from another; one day they come back, together;
and suddenly my body fits
in the air it is standing in, and my brain
fit in my skull again, and my mind
in my brain, and over the anticlines of my
mind light plays. Last week I had seen 
a being on the beach I couldn´t name at first,
a short, upright creature with a round 
head and a swaybacked torso and brief
appendages flashing to the sides and below
like the beams of a star; so it appeared to sparkle,
to twinkle along the sand — it was a tiny
primate, and behind it along came another, 
tiner and more primitive,
a dazzling winking, scintillating
along, it was a baby. And now our daughter
is asleep on the coach, not six pounds
thirteen ounces, but about my size, 
her great, complex, delicate face,
relaxed. And our son, last night, looking closely
at his sweetheart as they whispered for a moment, what a tender
listening look he had. We raised them
daily, I mean hourly — every minute
we were theirs, no hour went by we were not
raising them — carrying them, bearing them, lifting them
up, for the pleasure, and so they could see,
out, away from us.


Nuestros hijos: Albertina [con Julia], Carla, Juan y Franco


Uno desde una dirección, otro
desde otra, un día vuelven, juntos,
y de pronto mi cuerpo cabe
en el aire que ocupa, y mi cerebro
entra en mi cráneo otra vez, y mi mente
en mi cerebro, y sobre los relieves anticlinales de mi
mente juega la luz. La semana pasada había visto
un ser en la playa que al principio no pude nombrar,
una criatura baja, erguida, con una cabeza
redonda y el cuerpo echado hacia atrás y unas 
extremidades cortas que se destellaban a los lados y por debajo
como las puntas de una estrella, tanto que resplandecía,
titilaba en la arena — era un pequeño
primate, y detrás de él venía otro,
más pequeño y más primitivo,
un parpadeo deslumbrante, centelleante,
era un bebe. Y ahora nuestra hija
duerme en el sillón, no siete kilos
seiscientos, sino más o menos de mi tamaño,
su rostro maravilloso, complejo, delicado, 
tranquilo. Y nuestro hijo, anoche, miraba de cerca
a su enamorada mientras susurraban por un instante, qué tierna,
atenta mirada tenía. Los criamos
diariamente, quiero decir a cada hora — cada minuto
éramos de ellos, ninguna hora pasaba en la que no estuviéramos
criándolos — alzándolos, soportándolos, llevándolos
en brazos, por el placer de hacerlo, y para que pudieran ver,
más allá, lejos de nosotros.

*

Sharon Olds

Sharon Olds nació en 1942 en San Francisco, California. Se graduó en la Universidad de Stanford y realizó su doctorado en la de Columbia. Desde hace años imparte clases de creación literaria en la Universidad de Nueva York. 
Publicó entre otros: Satan Says [1980], The One Girl and the Boy´s Party [1983], The Father [1982], The Unswept Room [2002], Strike Sparks: Selected Poems [2004] y Stag´s Leap [2012].
Su obra ha sido traducida a siete idiomas y ha obtenido numerosos premios, como el Pulitzer de Poesía 2013 y el National Book Critics Circle Award. Este año, 2023, le fue otorgado el Joan Margarit, por su escritura «no conformista y genuina».


https://www.youtube.com/watch?v=p_8Q7xxFGKw
FILBA 2020. Entrevista de Inés Garland

Es un placer escucharla. Es luminosa. Ya sea cuando cuenta sobre sus procesos creativos o cuando lee sus poemas, cuando habla de su infancia o cuando confiesa que los mejores poemas son los que le permiten salir de sí misma, «cuando una verdad subyacente, cualquiera sea, musical o moral, sale a la luz».

¿Poeta autobiográfica? Podría ser. La literatura del yo y la autoficción es una discusión que no vale la pena, es rancia dice Ana Wajszczuk en su artículo*, y agrega: Yo es Otro, decía Rimbaud, Je suis autre. Sus padres pueden ser el de todos, su cuerpo que envejece puede ser el de cada uno de nosotros, sus hijos son los hijos que crecen.

Es un gran placer leer a esta poeta estadounidense que, como la mayoría, considera a Walt Whitman el padre de la poesía norteamericana y homenajea a Emily Dickinson, otra de mis favoritas.

El libro La habitación sin barrer, es una excelente edición bilingüe, y cuenta con la traducción de Inés Garland. Una colección de poemas al cual más fresco, llenos de energía de vida y emotividad, de franqueza. La vida y el amor que se transforma a cada paso, en lo emocional, físico y espiritual.
Sharon Olds sabe cómo capturar nuestro interés, cómo sumergirnos en sus imágenes poéticas y temas que nos incluyen a todos.

Espero que hayan disfrutado al leer este poema tan conmovedor. Versos libres [no siguen un esquema de rima ni patrón métrico específico], con la cadencia y traducción impecables. Veintiocho versos en una sola estrofa, alternando líneas terminadas con líneas encabalgadas [corta el verso antes de su parada natural], dándonos un movimiento, un flujo muy particular a los lectores. Nos detiene y nos apura. Hay una comparación con la escena de la playa —vida y paisaje—, y luego nos invita a seguir con la imagen de sus hermosos hijos y la intimidad del hogar.
Nos habla, con gran emoción y profundidad, de la vida y de los saltos: ajenos y propios, hacia los desafíos que se nos presentan. Hacia la sorpresa y el milagro de ver a nuestros hijos ya grandes e independientes. Ya protagonistas absolutos... más allá, lejos de nosotros. 
Hasta la próxima lectura.

Cecilia Olguin Gianelli

Notas

- Sharon Olds Offcial Website:
https://www.sharonolds.net/#:~:text=Home%20%7C%20sharonolds.com

- Poetry Fundation:
https://www.poetryfoundation.org/poets/sharon-olds

- Siete escenas para Sharon Olds. Ana Wajszczuk:
https://laagenda.buenosaires.gob.ar/contenido/29306-siete-escenas-para-sharon-olds