en todas partes: en la cabellera verde de los cometas,
en el largo y turbulento sueño de los niños,
en los ciegos fundamentos de la alegría.
Ten piedad, le digo,
sé bueno con los desamparados,
sonríe a quien vuelve tarde a casa —la boca
amarga del fermento de la tristeza.
Al igual que dios, el viento
baila indiferente sobre la arena.
Eugénio de Andrade,
Eugénio de Andrade, fotografía de Eduardo Gageiro [1935]
seudónimo de José Fontinhas [1923-2005], poeta y traductor portugués que nos habla como amigo. Fue distinguido con numerosos premios: Gran Premio de Poesía de Portugal 1989 y del premio Camões 2001, entre otros. Publicó 27 libros de poesía y su obra ha sido traducida a más de 20 idiomas. La pureza de mi verso responde a la pasión por las cosas de la tierra, en su forma más ardiente y todavía no consumada, dijo el artista.
Es considerado una de las mayores voces de la poesía contemporánea portuguesa, uno de los más leídos y traducidos, y después de Pessoa, el más universal.
«Luces de invierno»
Soledad Sevilla
[Valencia, 1944]
Soledad Sevilla,
Soledad Sevilla
artista plástica valenciana [1944], ni referencial ni descriptiva, una de las grandes exponentes actuales del arte abstracto, está exponiendo en este momento en Madrid*. En esta serie, «Luces de invierno», de la que pudieron ver tres de sus pinturas, la artista ha trabajado los mismos temas en tres tamaños de menor a mayor, usando una escala creciente. Así explora líneas y colores hasta llegar al gran formato, ese que le permite envolver al espectador. Es el resultado de un proceso lento, dice Soledad, y agrega, es una reflexión sobre mi propia vida, sobre la llegada de mi «invierno personal», sin que eso signifique darle a esta etapa concesiones a la melancolía y la nostalgia, todo esto queda anulado por el pulso diario del trabajo creativo.
Con una fuerte preparación pictórica, de estudios en distintos países y prestigiosos centros, ha sido distinguida con el Premio Nacional de Artes Plásticas 1993 y la Medalla de Oro de las Bellas Artes 2007, entre otros reconocimientos.
Colores, luces filtrándose, la fugacidad del tiempo y la huellas que perduran en dos expresiones artísticas que uno sin ningún sentido ni alarde, simplemente el gusto propio, ciego fundamento de la alegría. Espero que lo hayan disfrutado.
Una historia intensa que les invito a leer, ¡qué la disfruten!
Editorial: Tenemos las máquinas, 110 págs.
Los hombres locos si no llegan del mar van hacia él. Hacia el mar o hacia cualquier cosa que sea fuerza, corriente y soledad. Hace treinta años, cuando llegamos a vivir a esta isla, éramos jóvenes y él estaba completamente loco, no de amor ni de rabia, estaba lleno de cosas, desbordado de ideas, con sobredosis de todo. Un cuerpo marcado por las sustancias con las que los jóvenes se tatúan hasta desfigurarse, despegarse, hacerse nuevos. El consuelo es la euforia de unas horas, la iluminación. Esas noches en las que lo dejaba hablar hasta volverme una zombi. Quiero hablar, decía. Me despertaba, me sentaba en la cama y lo escuchaba atenta: teorías sobre el apareamiento humano, sobre lo aberrante de las medianeras, y los recuerdos favoritos de una época fluorescente, campestre, familiar. Decía: «Tenía seis años y papá me daba su auto para manejar hasta el pueblo, mis hermanos lo mismo. Decían en el pueblo que era un auto fantasma porque ni llegábamos a la ventanilla». Imagino una escalera de niños desenfrenados y nada en el mundo me da más terror. Pero lo pienso un genio, y como todo genio, impredecible.
En su cama, con su perfume tan cerca, todo ese dolor sonando tan fuerte, mi salvación era una posibilidad.
Una mañana despertó diciendo que había tenido una epifanía. Teníamos que mudarnos a una casa en una isla. Sólo así aceptaba envejecer, sólo así aceptaba la monogamia y que yo fuera la directriz de esta coreografías duras e íntimas. Poner la mesa, hacer la cama, comer con horarios establecidos, usar las bosas de supermercado como mamushkas, guardar, secar, poner, tirar. Que solo así aceptaba esto, el rap del orden. «Si nos vamos a esa isla y nos quedamos los dos, solos los dos». Acepto. Soy joven y mientras se es joven se acepta, se prueba, hasta que uno se quiebra y comienza a querer decir no.
Era muy joven y estaba entregada a cualquier cosa que se pareciera a un placebo, que se pareciera a un deslizarse sin frenos, a entregar el mando.
Una noche se envalentonó y dijo que salía en busca de nuestro futuro. Tardó varios días y cuando volvió a nuestro mundo-cama contó que le había pagado con una bolsa a un tipo que manejaba una lancha verde, iba armado y se llamaba Vikingo. Vikingo le vendió un rancho, unas maderas que serán nuestra casa y serán la isla de la recuperación programada. Un proyecto indie para un chico de ambiciones animales.
Los primeros veranos alimentamos todas las fantasías, mañanas de luz y noches en vela, y esta casa donde cultivamos el ocio. Días enteros haciendo lo que se hace cuando se tiene todo, cuando no se espera nada. Cocinar, dormir, pensar, mirar las lanchas pasar, el letargo al sol, el sexo en cualquier parte, los perros lamiendo los restos de todo. La juventud fue un tatuaje hermoso, nuestro hit.
Hoy, tiene todo lo que necesita y más: dos perros, un bote, una caña, botas de lluvia, esta casa, una huerta, cabras, árboles y a mí. A diez metros de la casa corre el arroyo y si se avanza unos minutos a remo se llega al Paraná, que es el estómago de todo este nudo del que nuestra isla forma parte. El Delta se parece a la taza de leche en la que mi abuela mojaba los pedazos de pan. Pero no puedo decirle eso porque le parece una imagen de mierda, me exige que piense con calidad, que piense más, un poco más, no es esa la imagen, a ver, pensá mejor. El Delta es un sistema nervioso. Mierda. El Delta es como la cara de un prócer pixelada. Mierda. El Delta es un sarpullido. Mierda, mierda. El Delta es la huella digital de un gigante. Mejor. Pasamos los días así, con estos juegos invisibles, y protegidos por la rutina de las ceremonias domésticas sin las que no sobreviviríamos. Llenar el tanque, separar la basura, preparar la comida, cuidar la huerta, alimentar a los animales. Rutinas sin las que, él dice, no podría contener al monstruo.
Cuando llegamos a esta casa me dijo que lo agarrara fuerte. Una noche me dio la mano en la oscuridad y lloró, yo entendí el pedido. Dijo que la razón es como una ruta y la locura es el campo, la pampa, lo infinito después. Que él ya había entrado y salido muchas veces de esa ruta, y que se le había angostado. Ya no quería volver a bajar, salir al desierto, tenía miedo, y prometí cuidarlo.
Algunas mujeres educan a las otras para que en el futuro estas cuiden a sus hombres de sí mismos y reciban con entereza la rabia que despierta eso. Un hombre, me dijo una vez mi mamá, es un animal pequeño que se ve inmenso.
Desde que vivimos acá lo llamo Capitán. Pintó en su bote ese nombre. Capitán, a veces se apodera de mis palabras y las usa de una forma que me obliga a extrañarlas, me gustaría que me las devuelva, nunca habérselas dado. Pero somos sólo dos y no nos alcanzan los libros, los perros no cuentan y pasa que un día, si alguien llegara y dijese una palabra que hace mucho que no usamos podría hacer tambalear la pareja. Si llegara una mujer, por ejemplo, alguien opuesto a mí en centímetros, en forma, en textura, nada me inquietaría más que el momento en el que abriera la boca y dijese algo. Por ejemplo plexo, que es una palabra hermosa y la estoy guardando para la semana que viene.
Los murciélagos son la bilis de esta casa, de la isla, de nuestra vida acá. Una metáfora viva de los fantasmas de una mujer que envejeció al costado de un genio loco. Hicieron nido entre el techo y las tejas y con los años vaciaron los huecos entre las paredes que separan los ambientes, por eso circulan en esa dimensión intravenosa haciendo sonido de ratas. Rascan, rascan, aletean, se calman sólo de día y las tardes de mucha tormenta.
Por la mañana se despierta manso y es la hora del día en que puedo esperar una caricia suya. Me besa la frente y los párpados, me trae de vuelta. Mis piernas ahora son gruesas, fuertes, dos troncos que nos protegen del hundimiento. Estoy envejeciendo como un árbol y entiendo esto. Este verlo irse de mí, irme yo de él, esta separación que sólo nos dio el tiempo. Habitar una misma casa en universos opuestos. No le tiene miedo a la muerte, y eso, en esta isla, nos vuelve eternos.
No hablamos con nadie, no vemos a nadie, no sabemos si estamos vivos o si esto es el limbo. Quién va a morir primero. A veces sale a remar y si tarda demasiado pienso que ya no va a volver, que se lo tragó el Paraná.
Espero.
Su muerte la crecida del río la llegada del dorado las plagas de mosquitos.
* * *
¿Les gustó?
Es difícil contener en un sí o no la respuesta. Tantas son las sensaciones y significados que este relato nos despierta. Y como tal nos deja en un estado especial, y apenas terminado en seguida nos pide volver sobre esas frases que no olvidaremos. Todo irá creciendo con el pasar de los minutos. «Todo está a la vista y sin embargo el misterio persiste», dice Alan Pauls.
A mi entender y gusto es muy bueno, íntimo, con imágenes que crean un paisaje hacia adentro, de extensiones ilimitadas.
Magalí Etchebarne, la joven escritora ya consagrada y admirada por grandes escritores, dice en muchas entrevistas que le gusta escribir sobre las relaciones.
Esta es una de ellas, contada en primera persona por la protagonista de esa pareja que decide, o más bien él decide y ella acepta, irse a vivir al Delta del Río Paraná, en el Tigre, un territorio enmarañado de arroyos, ríos y canales de la Provincia de Buenos Aires, Argentina. Allí ubica la historia y allí están ellos. Solos y alejados del mundo.
Cuál es la historia que hay detrás, cuál es la verdadera relación entre ellos, quién es el amante y quién el amado —según lecturas anteriores de Carson McCullers—, no quisiera decir mi parecer y empañar el de ustedes. Sobre todo, no quitar lo que una buena lectura nos deja, ese íntimo convencimiento muchas veces intransferible, que hemos descubierto algo que nos roza.
Es indudable que es una historia de amor, ¿qué tipo de amor?, solitario o no, ¿todos lo son? Bueno, quedarán flotando estos interrogantes. Porque las relaciones, también lo dice la autora, son dinámicas y por lo tanto, tienen cientos de variantes. La valía y cualidad del amor acá no se evalúa, ella nos lo muestra, con un lenguaje limpio y preciso, implacable y piadoso, con mucha belleza.
Ahora, si les gustó este cuento tanto como a mí, hay que leer el libro completo.
Hasta la próxima lectura,
C. G.
Notas
- «Capitán», cuento de Magalí Etchebarne leído por la autora:
Libros del Asteroide, 468 págs.
Traducción: José Luis Fernández-Villanueva
Robertson Davies
[1913-1995]
Robertson Davies [The Vancouver Sun, 1975]
Una novela fascinante, la última y una de las mejores del reconocido escritor canadiense Robertson Davies [1913-1995], uno de los más destacados novelistas del siglo XX, famoso por sus trilogías y su estupendo porte.
En La Central de Callao, Madrid, agosto / 2018,
un sitio encantador.
Este libro que voy a comentarles hoy, es parte de su última trilogía inconclusa, el segundo volumen, y como todos, se puede leer de forma independiente. Ya sabrán, si conocen a Robertson Davies, los suyos son escritos con elegancia. Desde el mismo comienzo, cuando leemos el epígrafe de donde salió el título, nos seduce e interesa:
«Los hombres astutos, los hechiceros y las brujas blancas, como se
les llama en todos los pueblos, si se les busca, curarán todos los
achaques del cuerpo y de la mente.
(…) Los males del cuerpo, como demuestra Platón, proceden del
alma; y si no se satisface la mente en primer lugar, nunca se podrá
curar el cuerpo».
Robert Burton, Anatomía de la melancolía (1621)
Y comienza la historia dividida en cuatro capítulos. El que nos la cuenta es un médico llamado Jonathan, que supo tener la especialidad de forense y ahora utiliza métodos no tan convencionales para atender a sus pacientes —tiene ideas propias acerca de cómo ejercer la medicina y acerca de cómo se contraen las enfermedades.
Y ha presenciado la muerte del muy amado y anciano padre Hobbes. Cuando, en el momento de estar oficiando la misa en la Iglesia anglicana Saint Aidan, en el distrito de Toronto, cae muerto delante del altar. Este es el punto de partida de la novela.
Una joven periodista llamada Esme —insaciable como todos los buenos periodistas que se precien de tal— tratará de sonsacarle la historia que hay detrás de todo esto, y que ha atrapado al médico desde el principio. Haber firmado el certificado de defunción —en la sacristía, apenas ocurrido el hecho— lo coloca en el lugar de un testigo clave. Y ella, nada sutil [ya he dicho que era una buena periodista], avanza con sus preguntas directas e improcedentes. Sabrá cómo desconcertarlo... hay que ver si se dará cuenta de sus evasivas. Insistirá sobre la repuesta que Jonathan evitará dar. El no es tonto, conoce bien la profesión, casi tanto como la de Esme. «Tengo mucho que ocultar y actuaré consecuentemente», se dice a sí mismo.
Piensa que, antes que nada, debe preservar a su amigo Charlie Iredale, quien estaba a su lado en el momento de la muerte del padre Hobbes. Lamenta, eso sí, todo el tiempo y por supuesto que no se lo dice a nadie, no haberle sacado la dentadura postiza al fallecido sacerdote. Eso nos intriga, aunque ya comenzamos a sacar nuestras primeras conclusiones.
Las notas algo desordenadas en un diario personal, «mal atendido», dice, donde «explora profundidades», nos darán los indicios, también sus engaños a la joven y guapa periodista. Además, como si fuera poco, casada con un sobrino suyo. Aunque... llamarlos «engaños» quizá no sea lo correcto, la profesión del médico, como la del sacerdote, preserva el secreto de quienes a ellos se confían. Y este médico, el doctor Jonathan Hullah es, ya lo he dejado entrever, alguien especial. Sus reflexiones, todas conectadas con la literatura, la filosofía y el «buen pensar» de todo hombre astuto, los llenarán de disfrute intelectual.
Muchos eran los que asistían a la iglesia de Saint Aidan, en especial ese Viernes Santo. Gente de todo tipo, ricos y pobres, blancos y negros; sí, también ellos que trabajaban en los ferrocarriles, podían a veces ayudar en la misa... y había bromas al respecto, como «misas negras» y cosas por el estilo. El tema de la Iglesia anglicana, protestante que quería ser católica en todos los sentidos menos en el de aceptar la autoridad de Roma, con sus posibles antecedentes celtas de Bretaña, nos sumerge en el tema tan interesante de su evolución, no solo referido a los rituales.
La historia transcurre en un pueblo o barrio deToronto, el único anglosajón o anglocelta que se conservaba, en el año 1951. Pero lugar y fecha no tienen mayor importancia, podrían haber sido otros. Lo cierto es que allí se crea un ambiente extraordinario, y ustedes van a descubrir el porqué.
Incienso, cantos gregorianos, el pan y el vino, la muerte de un sacerdote generoso y compasivo en el momento de la comunión. Un médico, ex forense, que habla de «alma» y ha descuidado llevarse algo con lo que habría tenido alguna evidencia de la causa de la muerte del sacerdote, la historia del santo. En fin, que el hecho ha sucedido hace muchos años, y a muchos más se remonta la historia de una amistad de tres muchachos unidos por sus realidades y pensamientos. Una época donde las fidelidades políticas y religiosas contaba. Pero eso había sucedido hace mucho y Jonathan ya no es «el niño de los bosques», ahora es un médico con su clínica y su idea paracélsica del arte curativo. Ahora es alguien que ha vivido los cambios y nada le pasa superficialmente.
«¿Importa a alguien?», se pregunta y nos preguntamos.
¿No es verdad que cualquier noticia importa solo si es «un plato fuerte»? Cuántas veces se vocea cualquier escándalo cuanto más lascivo mejor. Nada se profundiza demasiado, no se podría, no hay tiempo. Hay que ser rápido, conciso... pero claro, estas no son precisamente cualidades del espíritu humano.
Bueno, eso piensa nuestro protagonista narrador, y quizá nosotros coincidimos con Jonathan, un observador inteligente y participante activo. Tan activo que en un momento dado su vida sentimental de hombre maduro da un vuelco, pero de esa historia nada les contaré. Tienen que leer este libro.
La historia va a seguir por caminos que les va a sorprender, a entretener de la mejor manera, una inteligente, con pensamientos y deducciones avezados en la literatura y filosofía. Personajes que van a ir tomando sus primeros lugares y entonces... ya nada es lo que pensábamos que iba a ser.
Hasta la próxima buena lectura, con otra recomendación, paseo o simplemente una mirada curiosa.
C. G.
* * *
Notas
- De la novela Un hombre astuto, de Robertson Davies: En un momento cumbre de la novela, Jonathan y Esme están conversando, cada uno de ellos envuelto en su destino, Ananké. Charlan de su futuro y de sus creencias. Veinticinco años los separa y el «tío Jon», como ella lo llama, lo lamenta. Hablan de no ser religioso en el sentido convencional, de ese Algo que debe existir, del Hombre Astuto, una especie de hombre para todo en las aldeas inglesas, y hablan de la Muerte, de la mucha energía que hay en cada ser humano y que nunca se pierde. Y aquí le cita el verso que a continuación transcribo, es una traducción de Ovidio, que escribía sobre la filosofía de Pitágoras:
La Muerte, así llamada, no es sino la vieja Materia revestida
de una nueva figura, en túnicas variadas;
así son todas las cosas, solo que alteradas. Nada muere.
Y aquí y allá el espíritu desencarnado vuela,
desalojado por el Tiempo, o por la Fuerza, o por la Enfermedad,
y se aloja, cuando alumbra, en el Hombre o en la Bestia:
O busca hasta que la Rama encuentra
y actúa según su especie.
De hogar en hogar expulsada,
el Alma es siempre la misma, solo cambia su figura,
y así como la blanda cera el sello recibe,
y este rostro asume y esa impronta deja;
y se llama con uno u otro nombre,
y solo cambia la forma, siendo la misma cera,
del mismo modo, la Muerte, así llamada, solo puede borrar el rostro,
- La Central de Callao, su misterioso pasado: Muy cerca de la Plaza Callao, en la calle Postigo de San Martín 8, en Madrid, nos encontramos con este sitio encantador, «lo más parecido a la Capilla Sixtina de las librerías españolas, ¡lo recomiendo!
¿Qué responderías a un geniecillo que te diera a elegir: «Preferirías tener un Picasso o mejor aún, ser Picasso»?
Si ya respondiste a esta simple pregunta que ya han respondido muchos de mis amigos y amigas del Club de Lectura, si te tomaste tu tiempo para hacerlo porque consideraste mi pregunta con la seriedad que se merece, sigo.
El relato que vas a leer comienza y termina en el encantador patio del museo Pablo Picasso, aquí, donde acabo de estar...
Museo Picasso Málaga [agosto 2018]
... y nuestro protagonista también como yo, acaba de salir a tomar aire, es que tiene la cabeza tan llena de fantasía y curiosidad, de emociones libres que se disparan, como se disparan los trazos libres del pintor malagueño. Imágenes de saltimbanquis, de mujeres asimétricas, de toros y toreros, colores salvajes, figuras dislocadas y superposiciones que crean caos a primera vista, porque luego... luego se armonizan y las bellas asimetrías saltan al encuentro de una mirada llena de admiración.
¿Cómo creen que se siente?, ¿cómo se sentiría cualquiera?, ¿cómo nos hemos sentido nosotros mismos ante tanto eclecticismo, tanta variedad de procedimientos, de formas.
Bueno, a él, bajo este influjo y sentado en el café del museo, se le presenta una posibilidad, la de elegir, ¿ser Picasso o tener un Picasso? Tiene que decidirlo y por ahí va la trama y el argumento, los pros y contras en una elección. No se dejen llevar [o sí, un poco] por el tono siempre travieso de César Aira, el tema, en el fondo, es serio. Y así he ido planteando esta pregunta a mis amigos y Club de Lectura, como les contaba. Atesoro esas respuestas tan inteligentes y originales, muchas me han ayudado a expandir mis comprensiones.
Es uno de los 17 cuentos reunidos en este libro*, escritos entre 1994 y 2011.
Qué disfruten de la lectura bilingüe y del audio, que queden con ganas de leer más de este gran escritor argentino, inclasificable y admirado, siempre con su tono juguetón, César Aira.
Yo me despido, los dejo con lo mejor, con el relato y con lo que él les lleve a pensar y sentir. Con Aira y con Picasso, ellos nos muestran que hay otras maneras de mirar el mundo.
Hasta la próxima lectura,
C. G.
Leído por María Belén Aramburo
https://www.youtube.com/watch?v=jFZ5yK37G2g
Todo empezó el día en que el genio salido de una botella de leche mágica me preguntó qué prefería: tener un Picasso, o ser Picasso. Podía concederme cualquiera de las dos cosas, pero, me advirtió, solo una de las dos. Tuve que pensarlo un buen rato; o mejor dicho, me obligué a pensarlo. El folklore y la literatura están llenos de cuentos de codiciosos atolondrados castigados por su precipitación, tanto que es como para pensar que esa oferta de dones siempre esconde una trampa. No hay bibliografía ni antecedentes serios en los que basarse para decidir, porque esas cosas solo pasan en cuentos o chistes, no en la realidad, de ahí que nunca nadie lo haya pensado seriamente; y en los cuentos siempre hay trampa, de otro modo no tendría gracia y no habría cuento. Todo el mundo debe haberlo pensado alguna vez, pero en secreto. Yo mismo lo tenía bien meditado, pero en el formato de «los tres deseos», que es el clásico. Esta alternativa ante la que me ponía el genio era tan insólita y uno de sus lados tan definitivo, que lo menos que podía hacer era sopesarla.
It all began when the genie came out of the Magic Milk Bottle and asked me what I would prefer: to have a Picasso or to be Picasso. He could grant me either wish but, he warned me, only one of the two. I had to think about it for quiet a while —or, rather, I obliged myself to think about it. Folklore and literature are so full of stories about greedy fools who are punished for their haste it makes you think those offers are all too good to be true. There are no records or reliable precedents on which to base a decision, because this sort of thing happens only in stories or jokes, so no one has ever really thought about it seriously; and in the stories there´s always a trick, otherwise it would be no fun and there would be no story. At some point, we´ve all secretly imagined this happening. I had it all worked out, but only for the classic "three wishes" scenario. The choice the genie had given me was so unexpected, and one of the options was so definitive, that I needed some time to weigh them up. Extraña pero no intempestiva; al contrario, muy oportuna. Yo salía del Museo Picasso, en plena euforia de una admiración desorbitada, y en ese momento no se me podía haber ofrecido otra cosa, otras dos cosas, que me tentaran tanto. De hecho, todavía no había salido. Estaba en el jardín del museo, y me había sentado en una de las mesitas al aire libre, después de comprar en el bar una botellita plástica de esa Magic Milk que veía consumir a los turistas por todas partes. Era (es) una tarde perfecta de otoño, de luz suave, aire templado, todavía lejos del crepúsculo. Había sacado del bolsillo mi libreta y la lapicera, para tomar algunas notas, pero en definitiva no escribí nada.
It was a strange choice but not inappropriate; in fact, it was particularly apt. I was leaving the Picasso Museum, in a state of rapture and boundless admiration, and at that moment I could not have been offered anything, or any two things, that would have tempted me more. I hadn´t actually left the museum yet. I was in the garden, sitting at one of the outdoor tables, having gone to the café and bought a little bottle of the Magic Milk that I´d seen tourists drinking everywhere. It was (it is) a perfect autumn afternoon: gentle light, mild air, and still a while to go before dusk. I took my notebook and pen from my pocket to make some notes, but in the end I didn´t write anything. Trataba de ordenar mis ideas. Me repetía en silencio las palabras del genio: ser Picasso, o tener un Picasso. ¿A quién no le gustaría tener un Picasso? ¿Quién rechazaría un regalo así? Y por otro lado, ¿quién no habría querido ser Picasso? ¿Qué otro destino individual, en la historia moderna, era tan deseable? Ni siquiera los privilegios del mayor poder temporal podían comparársele, porque estos estaban amenazados por la política o la guerra, mientras que el poder de Picasso, sublimando el de cualquier presidente o rey, estaba libre de problemas. Cualquiera en mi lugar se inclinaría por esta segunda alternativa, que incluía a la primera; la incluía no solo porque Picasso podía pintar todos los Picasso que quisiera sino también porque es bien sabido que él había conservado muchos de sus cuadros, y de los mejores (el museo que acababa de recorrer se había formado con su colección personal de su propia obra), y hasta había vuelto a comprar en su madurez cuadros que había pintado de joven.
I tried to put my ideas in order. I silently repeated the genie´s words: to have a Picasso or to be Picasso. Who wouldn´t want to have a Picasso? Who would turn down a gift like that? But, on the other hand, who wouldn´t want to have been Picasso? Was there a more fate in modern history? Not even the privileges of supreme worldly power are comparable to what he had, because they can be removed by political events or wars, while the power of Picasso, transcending that of any president or king, was invulnerable. Anyone else in my place would have preferred the second option., which included the first, not only because Picasso could paint all the Picassos he liked but also because it´s well known that he kept a lot of his own paintings, including some of the best (the museum i´d just visited had been founded with his personal collection), and in his later years he even bought back works that he´d sold as a young man. Claro que esta inclusión no agotaba, ni de lejos, las ventajas de una transformación en el artista: el «ser» iba mucho más allá del «tener», se extendía sobre las dichas proteicas de la creación, hasta un horizonte inimaginable. Porque «ser Picasso», después y más allá de lo que hubiera sido el verdadero Picasso, era ser un Superpicasso, un Picasso elevado a la potencia de la magia o el milagro. Pero yo conocía a mis genios [je m´y connaissais en fait de génies] y pude adivinar perfectamente que no era tan simple. Había motivos para vacilar, y hasta para retroceder horrorizado. Para ser otro hay que dejar de ser uno mismo, y nadie consiente de buena gana a esta renuncia. No es que yo considerada mi persona más valiosa que la de Picasso, ni más sana ni más capaz de enfrentar la vida. Sabía, por las biografías, que él había sido bastante perturbado; yo lo era más, así que cambiándome a él ganaría un margen de salud mental. Pero un largo trabajo de toda mi vida me había llevado al punto de hacer las pases con mis neurosis, miedos, angustias y otros impedimentos, o al menos tenerlos a raya, y nadie me aseguraba que esa cura a medias serviría con los problemas de Picasso. Ese más o menos fue el razonamiento que hice, no con palabras sino a golpes de intuición.
This inclusion did not, of course, exhaust the advantages of being transformed into Picasso, not by a long shot: the "being" went far beyond the "having", taking in all the protean joys of creation, stretching away to an unimaginable horizon. "Being Picasso", in the wake of the real-life Picasso —whatever he was really like— meant being a Superpicasso, a Picasso raised to the power of magic or miracle. But I knew my geniuses (je m´y connaissais en fait de génies), and I could tell or guess that it wasn´t quite so simple. There were good reasons to hesitate, and even to recoil in horror. In order to become someone else, one has to cease being oneself, and no one willingly consents to that surrender. Not that I considered myself to be more important than Picasso, or healthier, or better equipped to face life. He had been fairly unstable (I knew that much from the biographies), but not as unstable as me, so by becoming him I would improve the state of my mental health to some degree. Still, thanks to a lifetime´s patient efforts, I hada made peace with my neuroses, fears, anxieties, and other handicaps, or at least reached a point where I could keep them under control, and there was no guarantee that this partial cure would work with Picasso´s problems. That was more or less my reasoning, although I didn´t put it into words; it was just a series of hunches. En el fondo, la situación era un caso extremo de la problemática de la identificación, que va más allá del maestro de Málaga ya que se plantea ante cada artista admirado o venerado o estudiado. Va más allá, pero al mismo tiempo se queda en Picasso. La identificación es una de esas cosas que no se pueden generalizar. No hay identificación en general, como concepto, sino que la hay en particular con esta o aquella figura. Y si esa figura es Picasso, como lo es, entonces no hay ninguna otra. El concepto se invierte sobre sí mismo, como si dijésemos [pero es una manera burda de decirlo] que no se trata de «la identificación con Picasso» sino de «el Picasso de la identificación».
Fundamentally, this was an extreme case of the problem of identification, which is raised not only by the master of Málaga but by every artist one admires or venerates or studies. The problem goes beyond Picasso, and yet remains within him, too. Identification is one of those things which can´t be generalized. There is no identification in general, as a concept, only identification with this or that figure in particular. And if the figure is Picasso, as in this case, there can be no other. The concept turns itself inside out, as if we were to say (although it´s a clumsy way to put it) that it´s not about "identifying with Picasso" but about "Picassifying identification". De pocos hombres se ha escrito tanto; todos los que tuvieron algún contacto con él dejaron testimonios, anécdotas, retratos. Es casi inevitable encontrar ahí algún rasgo que coincida. por ejemplo, cuentan que tenía problemas con la acción. Veía un papel tirado en el piso de su estudio, y le molestaba, pero no lo recogía, y el papel podía quedar meses tirado en ese sitio. A mí me pasa exactamente lo mismo. Son como pequeños tabúes incomprensibles, parálisis de la voluntad, que me impiden hacer algo que quiero hacer, y me lo siguen impidiendo indefinidamente. La sobrecompensación correspondiente es la producción frenética de obra, como si pintando cuadro tras cuadro ese papel fuera a levantarse solo.
Few individuals have inspired so much writing; everyone who came into contact with Picasso left a testimony, an anecdote, or a character sketch. One is almost bound to find a common trait. For example, I´ve read that he had problem with action. He would see a piece of paper lying on the floor of his studio, and it would bother him, but he wouldn´t pick it up, and the piece of paper could lie there for months. Exactly the same thing happens to me. It´s like a tiny, incomprehensible taboo, a paralysis of the will, which keeps me from doing what I want to do, and does so indefinitely. Picasso overcompensated for this with his frenetic production of art, as if by painting picture after picture he could make the piece of paper pick itself up. Sea como sea, de lo que no podía dudar era de la continuidad de la producción, a través de todas las transmigraciones. Picasso no era Picasso sino en tanto pintor, de modo que siendo Picasso yo podía pintar todos los Picassos que quisiera, y venderlos, y ser rico, y eventualmente [dado que los ricos hoy día lo pueden todo] dejar de ser Picasso si me sentía aprisionado en un vida que descubría que no me gustaba. Por eso dije que el don de «ser» incluía el de «tener».
Whatever the reason, there was no doubting the continuity of his production, through all his metamorphoses. Picasso was only Picasso in so far as he was a painter, so if I were Picasso I could paint all the Picassos I liked, and sell them and get rich, and maybe (since the rich can do anything these days) stop being Picasso if I felt trapped in a life I wasn´t enjoying. That´s why I said the gift of "being" included that of "having". Picasso [el histórico] dijo una vez: «Querría ser rico, para vivir tranquilo, como los pobres».
Picasso once said, "I´d like to be rich, so I could live in peace, like the poor".
Aun dejando de lado la ilusión de que los pobres no tienen problemas, en la frase hay algo extraño: él ya era rico, y muy rico. Pero no tanto como lo habría sido hoy, treinta años después de su muerte, con la valorización de sus cuadros. Es sabido que los pintores tienen que morirse, dejar de producir, para que sus cuadros se hagan realmente valiosos. De modo que entre «ser Picasso» y «tener un Picasso» había un abismo económico, como lo había entre la vida y la muerte. Habría que interpretar esa frase, más allá de su ingenio facilongo, como una profecía de la situación en la que me ponía el genio, como un mensaje de ultratumba que me dirigía desde el pasado, sabiendo que mi máxima aspiración era una vida realmente tranquila, sin problemas.
Setting aside the deluded belief that the poor have no problems, there´s something odd about the remark: he was rich already when he made it, very rich. But not as rich as he would be now, thirty years after his death, with the rise in the price of his paintings. Everyone knows that painters have to die, and therefore stop producing, for their work to become really valuable. So there was an economic gulf between "being Picasso" and "having a Picasso", as there is between life and death. The remark about living in peace, leaving aside its facile ingenuity, could be applied to the situation in which the genie had placed me; it was a message from beyond the grave, sent in the knowledge that my dearest wish was for a truly peaceful life, without problems. Pero, con los precios actuales, y con la relativa modestia de mis ambiciones, con un solo cuadro me bastaba para ser rico y vivir en paz, dedicado a la creación novelesca, al ocio, a la lectura... Mi decisión estaba tomada. Quería un Picasso.
Given the current prices, and the relative modesty of my aspirations, a single painting would be enough to make me rich and allow me to live in peace, writing my novels, relaxing, and reading... My mind was made up. I wanted a Picasso.
No bien lo hube pensado, el cuadro apareció sobre la mesa, sin llamar la atención de nadie porque en ese momento los ocupantes de las mesas vecinas se habían levantado y se alejaban, y los demás me daban la espalda, lo mismo que las chicas del bar. Contuve la respiración, pensando: Es mío.
No sooner had the thought formed in my mind than a painting appeared on the table, without anybody´s noticing; by then, the people who had been occupying the neighboring tables had got up and walked away, and the others had their backs to me, as did the waitresses at the café. I held my breath, thinking, It´s mine.
Era espléndido, un óleo de los años treinta, de tamaño mediano. Me sumí en su contemplación, largo rato. A primera vista era un caos de figuras dislocadas, en una superposición de líneas y colores salvajes pero intrinsecamente armónicos. Lo primero que aprecié fueron las bellas asimetrías que saltaban al encuentro de la mirada, se escondían, volvían a aparecer desplazadas, volvían a ocultarse. El empaste, la pincelada [estaba pintado alla prima] exhibían con imperioso desenfado esa seguridad que solo un virtuosismo olvidado de sí mismo puede alcanzar. Pero los valores formales no hacían más que invitar a una exploración del contenido narrativo, y este empezó a revelarse porco a poco, como jeroglíficos.
It was splendid; a medium-sized oil painting from the thirties. For a long time, I gazed at it intently. At first glance, it was a chaos of dislocated figures, a superposition of lines and wild but fundamentally harmonious colors. Then I became aware of the beautiful asymmetries that leaped out at the viewer, then hid, then reappeared elsewhere, then concealed themselves again. The impasto, the brushwork [it had been painted alla prima], was a masterly demonstration of the assurance that can be achieved only by unself-conscious virtuosity. But the painting´s formal qualities were merely an invitation to explore its narrative content, which began to reveal itself little by little, as if I were decoding hieroglyphics.
El primero fue una flor, una rosa carmesí, asomando de la multiplicación de sus propios planos cubistas, que eran los pétalos; enfrentado, en espejo, un jazmín en blancos virginales, renacentista salvo por las volutas en ángulos rectos de sus zarcillos. En la habitual colisión picassiana de figura y fondo, hombrecitos moluscos y hombrecitos chivos llenaban el espacio, con sombreros emplumados, jubones, calzas, o bien armaduras, gorros de cascabeles de bufón, también alguno desnudo, enanos y barbudos; era una escena de corte, y la figura que la presidía tenía que ser la reina, a juzgar por la corona, la reina monstruosa y desvencijada como un juguete roto; pocas veces la torsión del cuerpo femenino, uno de los rasgos más característicos de Picasso, había sido llevada a semejante extremo. Piernas y brazos le salían por cualquier parte, el ombligo y la nariz se perseguían por la espalda, los rasos multicolores del vestido se le incrustaban en el molinete del torso, un pie calzado en un zapatón de taco saltaba al cielo...
First, there was a flower, a crimson rose, emerging from the multiple Cubist planes of its petals; facing it, like a mirror image, was a jasmine in virginal whites, painted in Renaissance style, except for the right-angled spirals of its tendrils. In a collision of figure and ground, typical of Picasso, the space between was filled with little snail-men and goat-men, wearing plumed hats, doublets and breeches, or armor; one wore a fool´s cap and bells; there were nude figures, too, dwarflike and bearded. Over this court scene presided a figure who must have been the queen, to judge by her crown: a monstrous broken-down queen, like a damaged toy. Rarely had the distortion of the female body, one of Picasso´s trademarks, been taken to such an extreme. Legs and arms stuck out of her any old how, her navel and her nose were chasing each other across her back, the windmill of her torso was inlaid with the multicolored satins of her dress, and one foot, encased in an enormous high-heeled shoe, shot up skyward... El argumento se me apareció de pronto. Estaba ante la ilustración de una historia tradicional española, menos una historia que un chiste, y de los más primitivos y pueriles, el artista debió de volverse desde el fondo de la infancia.
Suddenly, the plot revealed itself to me. I was looking at an illustration of a traditional Spanish fable, or, rather, a joke, and a joke of the most primitive and pueril variety; it must have come back to Picasso from his early childhood.
«Carnaval» [1958], Pablo Picasso
Se trataba de una reina coja, que no sabía que lo era, y a la que sus súbditos no se atrevían a decírselo. El ministro del Interior ideó al fin una estratagema para enterarla con delicadeza. Organizó un certamen de flores, en el que competían con sus mejores ejemplares todos los jardineros del reino. Cumplido por los jurados especializados el trabajo de selección, quedaron como finalistas una rosa y un jazmín; la decisión final, de la que saldría la flor ganadora, sería de la reina. En una ceremonia de gran aparato, con toda la corte presente, el ministro colocó las dos flores frente al trono, y dirigiéndose a la soberana con voz clara y potente le dijo: «Su Majestad, escoja».
The joke is about a lame queen, who´s unaware of her handicap, and whose subjects don´t dare tell her about it. The Minister of Interior finally comes up with a strategy for tactfully letting her know. He organizes a floral competition, in which all the kingdom´s gardeners compete with their finest specimens. A jury of specialists narrows the field down to two finalists: a rose and a jasmine. The final decision, the choice of the winning flower, is up to the queen. In a grand ceremony, with the whole court in attendance, the minister places the two flowers before the throne, and, addressing his sovereign in a clear, loud voice, says, "Su Majestad, escoja", which means "Your Majesty, choose", but also, if the last word is broken up, "Your Majesty is lame".
El tono humorístico de la conseja se traducía en el abigarrado tejido de cortesanos boquiabiertos, el achaparrado ministro con el dedo índice [más grande que él] levantado, y sobre todo la reina, hecha de la intersección de tantos planos que parecía sacada de una baraja doblada cien veces, desmintiendo la probada verdad de que un papel no puede plegarse sobre sí mismo más de nueve veces.
The tale´s humorous tone was translated visually by the multicolore tangle of gaping courtiers, by the stocky minister raising his index finger [which was bigger than the rest of him], and, above all, by the queen, composed of so many intersecting planes that she seemed to have been extracted from a pack of cards folded a hundred times over, refuting the idea that nine is the maximum number of times a piece of paper can be folded in half.
Algunos puntos eran intrigantes, y le daban espesor a la iniciativa picassiana de llevar la historia a la imagen. El primero de ellos era el hecho de que la protagonista fuera renga y no lo supiera. Uno puede ignorar muchas cosas de sí mismo, por ejemplo, sin ir más lejos, puede ignorar que es un genio, pero es difícil concebir que no advierta un defecto físico tan patente. La explicación puede estar en la condición de reina de la protagonista, es decir su condición de Única, que le impediría usar los paradigmas físicos de la normalidad para juzgarse.
The fable had some intriguing features, which gave Picasso´s decision to turn it into an image further layers of significance. First, the fact that the protagonist was lame and didn´t know it. It´s possible to be unaware of many things about oneself [for example, to take the case at hand, the fact that one is a genius], but it´s hard to imagine how this could extend to an obvious physical defect like lameness. Perhaps the explanation lay in the protagonist´s regal condition, her status as the One and Only, which prevented her from judging herself by normal physical standards.
Única como había sido Picasso. Había algo autobiográfico en el cuadro, como lo había, antes, en la elección de un chiste infantil que seguramente había oído de boca de sus padres o de sus condiscípulos en la escuela; y antes aún, estaba el uso de su lengua materna, fuera de la cual el chiste no tenía gracia ni sentido. Para la fecha de cuadro Picasso llevaba treinta años en Francia, a cuya cultura y lengua ya estaba completamente asimilado; que recurriera al castellano para dar la clave sin la cual una obra suya se hacía incomprensible era, por lo menos, curioso. Quizás la Guerra Civil española había reactivado en él una célula nacional, y ese cuadro era una suerte de homenaje secreto a su patria desgarrada por el conflicto; quizás, hipótesis que no excluía la anterior, un recuerdo infantil, en la forma de una deuda a pagar cuando su arte hubiera llegado al estado de poder y libertad que lo hiciera posible, estaba en el origen de la obra. Después de todo, para esa época Picasso se había coronado como el pintor por excelencia de las mujeres asimétricas; introducir el rodeo lingüístico para la lectura de un cuadro era una torsión más a que las sometía, y lo hacía con una reina para certificar la importancia capital que le daba a la maniobra.
The One and Only, as there had been only one Picasso. There was something autobiographical about the painting and about the idea of basing it on a childish joke that he must have heard from his parents or his schoolmates, and even about the implicit use of his mother tongue, without which the joke wasn´t funny and made no sense. The picture dated from a time when Picasso had been in France for thirty years and had completely adapted to the language and the culture; it was curious, to say the least, that he had resorted to Spanish to provide the key to a work that was otherwise incomprehensible. Perhaps the Spanish Civil War had renewed a patriotic streak in him, and this painting was a kind of secret homage to his homeland, torn apart by the conflict. Perhaps, and this need not exclude the previous hypothesis, the root of the work was a childhood memory, which had lived on as a debt to be repaid when his art had acquired a sufficient degree of power and freedom. By the thirties, after all, Picasso had bee recognized as the preëminent painter of asymmetrical women: complicating the reading of an image by introducing a linguistic detour was just another means of distortion, though crowned, in this case, by its application to a queen.
Una tercera hipótesis, que estaba en otro plano respecto de las anteriores, debía tomar en cuenta la procedencia sobrenatural del cuadro. Nadie había sabido de él [hasta hoy] y su naturaleza de enigma y secreto se había mantenido intacta hasta materializarse en mí, un hispanoparlante, escritor argentino adicto a Duchamp y Roussel.
There was a third hypothesis, on a different level from the first two, which took the painting´s supernatural origins into account. Up until then, no one had known that it existed; its enigma, its secret had remained intact until it materialized before me, a Spanish speaker, an Argentine writer devoted to Duchamp and Roussel. Fuera como fuera, se trataba de una pieza única, singular aun dentro de la producción de un artista en el que la singularidad era la regla; no podía menos que aspirar a un precio récord. Antes de internarme en una de mis habituales ensoñaciones sobre la prosperidad futura, me deleité un poco más en la contemplación de la obra maestra. Lo hice con una sonrisa. Esa reinita chueca, que había que rearmar a partir de un remolino de miembros entremezclados, era conmovedora, con su cara de gallega, una vez que uno le encontraba la cara, con su corona de papel dorado de chocolatín y sus manos de títere. Ella era el centro, aunque de un espacio en el que no había centro. La ronda de cortesanos, una verdadera corte de los milagros pictóricos, estaba pendiente de su elección; la fugacidad de las flores recordaba el tiempo que para ella no era tiempo externo sino era el instante de comprender, de hacerse cargo al fin, después de toda una vida de ilusión. Una versión más cruel del mismo chiste podía decir que la reina siempre había sabido que era coja [¿cómo iba a ignorarlo?], pero la buena educación había impedido que nadie hablara de lo que ella prefería no hablar; y entonces sus ministros habían hecho una apuesta, que ganaría quien se atreviera a decírselo a la cara.
In any case, it was a unique piece, singular even among the works of an artist for whom singularity was the rule; it could hardly fail to fetch a record price. Before embarking on one of my habitual fantasies about future prosperity, I took a little more time to enjoy contemplating the masterwork. I smiled. This crooked little queen, who had to be put together again from a whirl of tangled limbs, was touching, with her biscuitlike face [once you found it], her golden chocolate-wrapper crown, and her puppet´s hands. She was the center of a centerless space. The round of courtiers, a veritable gallery of painterly miracles, was waiting for her choice; the evanesce of the flowers was a reminder of time, which for her was not a duration but an instant of undertanding, a final realization, after a lifetime of illusion. A crueller version of the joke can be imagined: the queen has always known that she´s lame [how could she not know?], but good manners have prevented her subjects from broaching a topic that she prefers to avoid. One day, her ministers dare one another to say it to her face.
Era una versión más realista, pero no la que había quedado registrada en la pintura. A esta reina nadie la haría objeto de una broma, nadie se burlaría de ella. La querían, y querían que supiera. Era ella la que debía oír y entender el mensaje oculto [«es coja»] bajo el visible [«escoja»], y entonces, en una iluminación, entendería de pronto porqué el mundo se balanceaba cuando ella caminaba, porqué el ruedo de su vestido era en diagonal, porqué el gran chambelán se apresuraba a darle el brazo cada vez que tenía que bajar una escalera. Habían recurrido al mensaje de las flores, eterno vehículo de los mensajes de amor. Porque ella debía elegir la flor más bella del reino, como yo había debido elegir entre los dones que me había ofrecido el genio...
This may be more realistic, but it´s not what the painting represented. No one would make that queen the butt of a joke; no one would mock her. The courtiers all loved her, and wanted her to know it. Beneath the surface message [«choose»], the hidden message [«is lame»] was meant for her: she would hear it and then, in a flash of insight, understand why the world rocked when she walked, why the hems of her dresses were cut on the diagonal, and why the lord chamberlain rushed to give her his arm each time she had to descend a staircase. They had resorted to the language of flowers, that eternal vehicle for messages of love. She had to choose the most beautiful flowers in the kingdom, just as I had been to choose between the two gifts offered by the genie...
En ese momento yo también tuve mi iluminación, y la sonrisa se me congeló en la cara. No pude explicarme cómo no se me había ocurrido antes, pero no tenía importancia; se me ocurría ahora, y con eso bastaba. La angustia de un problema sin solución me envolvió, como sucede en las pesadillas. Seguía dentro del museo; tarde o temprano tendría que irme; mi vida de rico no podía empezar sino afuera. ¿Y cómo salir del Museo Picasso con un Picasso bajo el brazo?
13 de noviembre de 2006
And at that moment my flash of insight came, and freezing the smile on my face. Why this hadn´t occurred to me before I could´n understand, but all that mattered was that it was occurring to me now. As in a nightmare, an insoluble problem loomed, engulfing me in anxiety. I was still inside the museum: sooner or later I would have to leave; my life as a rich man could begin only outside. And how could I leave the Picasso Museum with a Picasso under my arm?
[Translated, from Spanish, by Chris Andrews.
«The Musical Brain: And Other Stories», published in English].
* * *
Notas
- «Picasso», César Aira [Literatura Random House]:
Un cuento elegido para comenzar bien la semana. Un autor italiano que conozco. De él he visto sus pinturas, leído sus artículos en el Corriere della Sera, relatos y novelas, y puedo decir que posee tal extraordinaria sensibilidad e imaginación para plantear los temas profundos, a veces dolorosos, que logra envolvernos en una luz de ensoñación en lugar de llevarnos a un mar de pesadumbre.
Esa fue mi experiencia con la excelente novela El desierto de los tártaros [Il deserto dei tartari, 1940], tan intensa y bella que siempre la recuerdo y la vuelvo a leer. Los temas de la espera, de la petulancia frente a la propia soledad, la ausencia de un punto de referencia, la expectativa y el sentido de la existencia notablemente tratados. Uno de los mejores finales.
Dino Buzatti
Novelista, periodista, pintor, músico y autor de relatos, el italiano Dino Buzzati deslumbra siempre con su prosa poética, especialmente en este cuento —es uno de los treinta y uno* que componen el libro La boutique del misterio [La boutique del mistero, 1968].
«Invitaciones superfluas» [Inviti superflui] es un soliloquio muy emotivo. Un hombre —sin nombre, porque puede ser uno entre miles— revive un amor en el recuerdo. De una manera muy vívida, nos sumamos a la invitación, y así miramos esa noche de invierno, con los locos y tiernos deseos de un amor que se inicia. Luego sigue lo que sigue. Las contradicciones del amor. El amor que da significado a la vida. Todo en un tono de esperanza, un estado de ánimo que se va intensificando,... no voy a quitarles el placer de descubrirlo. No voy a saber qué les provoca. Solo les digo que él habla, y ella es la protagonista.
Lo estoy leyendo en otro lago, rodeado de otras montañas, él amaba, le sue montagne, giganti taciturni, supreme. Schiara y el Lago Federa [Dolomiti, Cortina D´Ampezzo] eran sus lugares.
Desde el Lago di Como, entonces, los invito a disfrutar de uno de los mayores intelectuales italianos y de un relato maravilloso, espero que disfruten cada línea, porque de eso se trata esta invitación de lectura especial, del deleite íntimo y de emociones evocadas.
En esta ocasión, elegí una pintura de Paul Delvaux*, alguien que supo de amores. Espero que también la disfruten.
C. G.
The joy of life [1937], Paul Delvaux
Querría que vinieras a mi casa una noche de invierno y que, abrazados tras los cristales, mientras miramos la soledad de las calles vacías y heladas, recordásemos los inviernos de los cuentos, donde vivimos juntos sin saberlo. Por los mismos senderos encantados pasamos de hecho tú y yo con pasos tímidos, juntos caminamos a través de los bosques llenos de lobos, e idénticos genios nos espiaban desde las matas de musgo suspendidas de las torres, entre el revoloteo de los cuervos. Juntos, sin saberlo, desde allí quizá miramos ambos hacia la vida misteriosa que nos aguardaba.
Vorrei che tu venissi da me in una sera d´inverno e, stretti insieme dietro i vetri, guardando la solitudine delle strade buie e gelate, ricordassimo gli inverni delle favole, dove si visse insieme senza saperlo. Per gli stessi sentieri fatati passammo infatti tu ed io, con passi timidi, insieme andammo attraverso le foreste piene di lupi, e i medesimi geni ci spiavano dai ciuffi di muschio sospesi alle torri, tra svolazzare di corvi. Insieme, senza saperlo, di là forse guardammo entrambi verso la vita misteriosa, che ci aspettava.
Allí palpitaron en nosotros por primera vez locos y tiernos deseos. «¿Te acuerdas?», nos diremos uno a otro, estrechándonos suavemente en la cálida estancia, y tú me sonreirás confiada mientras fuera suenan lúgubremente las planchas de metal sacudidas por el viento. Pero tú —ahora me acuerdo— no conoces los cuentos antiguos de los reyes sin nombre, de los ogros y los jardines embrujados. Nunca pasaste, embelesada, bajo los árboles mágicos que hablan con voz humana ni golpeaste a la puerta del castillo desierto ni caminaste de noche hacia la lumbre que está muy muy lejos ni te dormiste bajo las estrellas de Oriente, acunada por la piragua sagrada. Tras los cristales, en la noche de invierno, probablemente permaneceremos mudos, yo perdiéndome en los cuentos muertos, tú en otros cuidados para mí desconocidos. Yo preguntaría «¿Te acuerdas?», pero tú no te acordarías.
Ivi palpitarono in noi per la prima volta pazzi e teneri desideri. "Ti ricordi?", ci diremo l´un l´altro, stringendoci dolcemente, nella calda stanza, e tu mi sorriderai fiduciosa mentre fuori daran tetro suono le lamiere scosse dal vento. Ma tu —ora mi ricordo— non conosci le favole antiche dei re senza nome, degli orchi e dei giardini stregati. Mai passati, rapita, sotto gli alberi magici che parlano con voce umana, né battesti mai alla porta del castello deserto, né camminasti nella notte verso il lume lontano lontano, né ti addormentasti sotto le stelle d´Oriente, cullata da piroga sacra. Dietro i vetri, nella sera d´inverno, probabilmente noi rimarremo muti, io perdendomi nelle favole morte, tu in altre cure a me ignote. Io chiederei "Ti ricordi?", ma tu non ricorderesti.
Querría pasear contigo un día de primavera, con el cielo de color gris y con el viento arrastrando todavía por las calles alguna hoja rezagada del año anterior, por los barrios de las afueras; y que fuese domingo. En esos lugares surgen a menudo pensamientos melancólicos y grandes, y en ciertas horas vaga la poesía, uniendo los corazones de los que se aman. Nacen además esperanzas que no se saben expresar, propiciadas por los horizontes inmensos de detrás de las casas, de los trenes que huyen, de las nubes del septentrión. Nos tomaremos de la mano sin más y caminaremos a paso vivo, diciendo cosas tontas, estúpidas y entrañables. Hasta que las farolas se encenderán y de las tristes casas de vecindad saldrán las historias siniestras de las ciudades, las aventuras, las soñadas novelas. Y entonces callaremos, siempre tomados de la mano, pues nuestras almas se hablarán sin palabras. Pero tú —ahora me acuerdo— nunca me dijiste cosas tontas, estúpidas y entrañables. Ni puedes amar, por tanto, esos domingos que digo, ni tu alma sabe hablar a la mía en silencio, ni reconoces en el momento justo el encanto de las ciudades ni las esperanzas que bajan del septentrión. Tú prefieres las luces, la gente, los hombre que te miran, las calles donde dicen que se puede encontrar la fortuna. Tú y yo somos diferentes, y si vinieras a pasear ese día dirías que te cansabas; solo eso, nada más.
Vorrei con te passeggiare, un giorno di primavera, col cielo di color grigio e ancora qualche vecchia foglia dell´anno prima trascinata per le strade dal vento, nei quartieri della periferia; e che fosse domenica. In tale contrade sorgono spesso pensieri malinconici e grandi, e in date ore vaga la poesia congiungendo i cuori di quelli che si vogliono bene. Nascono inoltre speranze che non si sanno dire, favorite dagli orizzonti sterminati dietro le case, dai treni fuggenti, dalle nuvole del settentrione. Ci terremo semplicemente per mano e andremo con passo leggero, dicendo cose insensate, stupide e care. Fino a che si accenderanno i lampioni e dai casamenti squallidi usciranno le storie sinistre delle città, le avventure, i vagheggiati romanzi. E allora noi taceremo, sempre tenendoci per mano, poiché le anime si parleranno senza parola. Ma tu —adesso mi ricordo— mai mi dicesti cose insensate, stupide e care. Né puoi quindi amare quelle domeniche che dico, né l´anima tua sa parlare alla mia in silenzio, né riconosci all´ora giusta l´incantesimo delle città, né le speranze che scendono dal settentrione. Tu preferisci le luci, la folla, gli uomini che ti guardano, le vie dove dicono si possa incontrar la fortuna. Tu sei diversa da me e se venissi quel giorno a passeggiare, ti lamenteresti di essere stanca; solo questo e nient´altro.
Querría también ir contigo, en verano, a un valle solitario, riendo continuamente por las cosas más simples, a explorar los secretos del bosque, de los caminos blancos, de ciertas casas abandonadas. Pararnos en el puente de madera a contemplar el agua que corre, escuchar en los postes del telégrafo aquella larga historia sin fin que viene de una punta del mundo y quién sabe dónde irá. Y cortar flores de los prados y allí, tumbados sobre la hierba, en el silencio del sol, contemplar los abismos del cielo y las blancas nubecillas que pasan y las cumbres de las montañas. Tú dirás «¡Qué bonito!». No dirías nada más porque seríamos felices; nuestro cuerpo habría perdido el peso de los años, nuestras almas estarían rejuvenecidas, como si acabaran de nacer.
Vorrei anche andare con te d´estate in una valle solitaria, continuamente ridendo per le cose più semplici, ad esplorare i segreti dei boschi, delle strade bianche, di certe case abbandonate. Fermarci sul ponte di legno a guardare l´acqua che passa, ascoltare nei pali del telegrafo quella lunga storia senza fine che viene da un capo del mondo e chissà dove andrà mai. E strappare i fiori dei prati e qui, distesi sull´erba, nel silenzio del sole, contemplare gli abissi del cielo e le blanche nuvolette che passano e le cime delle montagne. Tu diresti "che bello!". Niente altro diresti perché noi saremmo felici; avendo il nostro corpo perduto il peso degli anni, le anime divenute fresche, come se fossero nate allora.
Pero tú —ahora que lo pienso— mirarías, me temo, alrededor sin entender, y te detendrías preocupada a examinarte una media, me pedirías otro cigarrillo, impaciente por volver. Y no dirías «¡Qué bonito!», sino otras cosas insustanciales que a mí nada me importan. Porque desgraciadamente eres así. Y no seremos felices ni siquiera un instante.
Ma tu —ora che ci penso— tu ti guarderesti attorno senza capire, ho paura, e ti fermeresti preoccupata a esaminare una calza, mi chiederesti un´altra sigaretta, impaziente di fare ritorno. E non diresti "Che bello!", ma altre povere cose che a me non importano. Perché purtroppo sei fatta così. E non saremmo neppure per un istante felici.
Querría también —déjame decírtelo— atravesar contigo del brazo las grandes avenidas de la ciudad un atardecer de noviembre, cuando el cielo es de puro cristal. Cuando los fantasmas de la vida corren sobre las cúpulas y rozan a la gente oscura que va por el fondo del foso de las calles, ya colmadas de preocupaciones. Cuando recuerdos de edades dichosas y nuevos presagios pasan sobre la tierra dejando tras de sí una especie de música. Con la ingenua soberbia de los niños miraremos las caras de los demás, miles y miles, que pasen a torrentes a nuestro lado. Nosotros despediremos sin saberlo un resplandor de júbilo y todos se verán obligados a mirarnos, no con envidia ni mala intención, sino sonriendo ligeramente, con ánimo bondadoso, gracias a la noche, que cura las debilidades del hombre. Pero tú —lo sé bien—, en vez de mirar el cielo de cristal y las aéreas columnatas iluminadas por el último sol, querrás pararte a mirar los escaparates, las alhajas, el dinero, las sedas, esas cosas mezquinas. Y no repararás por tanto ni en los fantasmas ni en los presentimientos que pasan, ni te sentirás, como yo, llamada a una suerte de la que ufanarte. No oirás esa especie de música ni entenderás por qué la gente nos mira con benevolencia. Tú pensarás en tu pobre mañana y en vano por encima de ti las estatuas de oro de las agujas levantarán sus espadas a los últimos rayos. Y yo estaré solo.
Vorrei pure —lasciami dire— vorrei con te sottobraccio attraversare le grande vie della città in un tramonto di novembre, quando il cielo è di puro cristallo. Quando i fantasmi della vita corrono sopra le cupole e sfiorano la gente nera, in fondo alla fossa delle strade, già colme di inquietudini. Quando memorie di età beate e nuovi presagi passano sopra la terra, lasciando dietro di sé una specie di musica. Con la candida superbia dei bambini guarderemo le facce degli altri, migliaia e migliaia, che a fiumi ci trascorrono accanto. Noi manderemo senza saperlo luce di gioia e tutti saran costretti a guardarci, non per invidia e malanimo; bensì sorridendo un poco, con sentimento di bontà, per via della sera che guarisce le debolezze dell´uomo. Ma tu —lo capisco bene— invece di guardare il cielo di cristallo e gli aerei colonnati battuti dall´estremo sole, vorrai fermarti a guardare le vetrine, gli ori, le ricchezze, le sete, quelle cose meschine. E non ti accorgerai quindi dei fantasmi, né dei presentimenti che passano, né ti sentirai, come me, chiamata a sorte orgogliosa. Né udresti quelle specie di musica, né capiresti perché la gente ci guardi con occhi buoni. Tu penseresti al tuo povero domani e inutilmente sopra di te le statue d´oro sulle guglie alzeranno le spade agli ultimi raggi. Ed io sarei solo.
Es inútil. Tal vez todo esto sean tonterías y tú mejor que yo sin pretender tanto de la vida. Tal vez tengas razón y sea una estupidez intentarlo. Pero al menos —eso sí, al menos— querría volver a verte. Sea como sea, estaremos juntos de algún modo y hallaremos la felicidad. No importa si de día o de noche, en verano o en otoño, en un pueblo desconocido, en una casa desnuda, en un triste hostal. Me bastará tenerte junto a mí. No estaré allí —te lo prometo— para escuchar los crujidos misteriosos del techo ni miraré las nubes ni haré caso a las músicas ni al viento. Renunciaré a esas cosas inútiles que yo, sin embargo, amo. Tendré paciencia si no entiendes lo que te digo, si hablas de cosas ajenas a mí, si te quejas de la ropa vieja y del dinero. No estarán allí eso que llaman poesía, las esperanzas comunes, las tristezas tan queridas del amor. Pero te tendré junto a mí. Y conseguiremos, ya lo verás, ser bastante felices, con mucha sencillez, hombre y mujer solamente, como pasa en todas partes del mundo.
È inutile. Forse tutte queste sono sciocchezze, e tu migliore di me, non presumendo tanto dalla vita. Forse hai ragione tu e sarebbe stupido tentare. Ma almeno, questo sì almeno, correi rivederti. Sia quel che sia, noi staremo insieme in qualche modo, e troveremo la gioia. Non importa se di giorno o di notte, d´estate o d´autunno, in un paese sconosciuto, in una casa disadorna, in una squallida locanda. Mi basterà averti vicina. Io non starò qui ad ascoltare —ti prometto— gli scricchiolii misteriosi del tetto, né guarderò le nubi, né darò retta alle musiche o al vento. Rinuncerò a queste cose inutili, che pure io amo. Avrò pazienza se non capirai ciò che ti dico, se parlerai di fatti a me strani, se ti lamenterai dei vestiti vecchi e dei soldi. Non ci saranno la cosiddetta poesia, le comuni speranze, le mestizie così amiche all´amore. Ma io ti avrò vicina. E riusciremo, vedrai, a essere abbastanza felici, con molta semplicità, uomo con donna solamente, come suole accadere in ogni parte del mondo. Pero tú —ahora lo pienso— estás demasiado lejos, a centenares y centenares de kilómetros difíciles de franquear.
Ma tu —adesso ci penso— sei troppo lontana, centinaia e centinaia di chilometri difficili a valicare. Tú estás dentro de una vida que desconozco, y a tu lado están los otros hombres, a los cuales probablemente sonríes, como a mí en otros tiempos. Y poco tiempo ha hecho falta para que te olvidaras de mí. Probablemente ni siquiera alcanzas a recordar mi nombre. Yo ahora ya he salido de ti, perdiéndome entre las innumerables sombras. Y, sin embargo, no hago más que pensar en ti, y me gusta decirte estas cosas.
Tu sei dentro a una vita che ignoro, e gli altri uomini ti sono accanto, a cui probabilmente sorridi, come a me nei tempi passati. Ed è bastato poco tempo perché ti dimenticassi di me. Probabilmente non riesci a ricordare il mio nome. Io sono ormai uscito da te, confuso fra le innumerevoli ombre. Eppure non so pensare che a te, e mi piace dirti queste cose.
- Paul Delvaux: [1897-1994] Pintor belga neoimpresionista y expresionista en sus comienzos, de afinidad surrealista, aunque... «desclasado». La frustración amorosa que vive en su juventud [¿quién no?] será la fuente de inspiración para una obra que coloca a la mujer en un pedestal. Muchos de sus cuadros son dedicados al tema de las parejas, sin contacto, solo gestos. Miradas fijas, como hipnotizadas. Otras veces, son mujeres caminando, indiferentes al que las contempla o recostadas. Misteriosas, sumidas en sus pensamientos.
El pintor de la desnudez y el desencuentro [Elemmental]:
http://elemmental.com/2013/06/20/paul-delvaux-pintor-de-la-desnudez-y-el-desencuentro/