lunes, 26 de junio de 2023

Amélie Nothomb y tres novelas

Metafísica de los tubos 

El sabotaje amoroso

y

Biografía del hambre

[2001, 2003 y 2006]

de

Amélie Nothomb

[Kõbe, Japón 1966]



Si queremos leer a esta gran escritora de la que tanto se habla, nada mejor que empezar por estas tres novelas: Metafísica de los tubos [2001], El sabotaje amoroso [2003] y Biografía del hambre [2006].
Como protagonista en la mayoría de su obra, Amélie Nothomb, reconstruye su vida. La manipula a través de alegorías, ilusiones y fantasías, donde la dualidad en los personajes —y desde ya en ella misma personaje—, está en esencia y en apariencia. 
Esta dualidad la vemos, entre otras cosas, en resolver el tema de su identidad. A los veinte años, tuvo que volver a Japón para comprobarlo. Se siente belga y no japonesa, fue su conclusión.


Amélie Nothomb

Es evidente que construye una imagen de sí misma. Algo neogótica en su exterior. Cabello oscuro y mirada directa y profunda con sus grandes ojos, ropa negra y piel muy blanca, labios rojos y exquisitos sombreros. 
Ella misma en la portada de sus libros mostrándose y manteniendo una alta visibilidad en los medios. 
Las técnicas de la difusión de la literatura, que actualmente son amplias, y la puesta en escena de la propia existencia del autor es un hecho que no podemos negar*. Viene a mi memoria Susan Sontag —una de las escritoras y pensadoras más influyentes del siglo XX—, con su famoso mechón blanco, fotografiada por Annie Leibovitz hasta el infinito.
Aunque su vida privada, Amélie, la mantiene muy bien reservada. Sí se sabe que esta mujer de 57 años es muy rica y que tiene un título nobiliario: es la Baronesa Fabienne Claire Nothomb. 
En cuanto a su escritura, con su estilo fresco y mordaz, directo, nos va a llevar por las facetas, muchas veces opuestas, de una persona. No disfraza las contradicciones.
Las experiencias vividas en los viajes son fuente de inspiración y escenarios de sus novelas, donde «las fronteras» ocupan un lugar importante. No solo las exteriores. 
Las tres novelas tienen mucho de filosofía, pero también son muy emocionales y sensoriales. El amor y el desamor, la mente hurgando en los recuerdos, temas que desarrolla en sus ficciones y «autoficciones» —esa invención literaria de la existencia propia—, la «ficcionalización» del yo. Hacer del yo un elemento literario, un sujeto imaginario hasta cierto punto. 
Son ágiles y cortas. Muy recomendables.




Ahora le cuento algo de cada una:

Debido a la profesión de su padre, un diplomático belga, la vida de Amélie se movió entre viajes y lugares atractivos del mundo. Es así que estas historias empiezan, en Metafísica de los tubos cuando ella es apenas un bebé. Y estamos en Osaka, Japón, allá por el año 1970. 
Claro que no es un bebé común, ella reflexiona y tiene capacidades especiales. No se mueve, no emite sonido, ni siquiera llora, solo se concentra en su posición cilíndrica. 
Con un monólogo interior razona sobre muchos temas, Dios, entre otros —ella misma se cree una deidad. También sobre el lenguaje, la mirada, la muerte. «Vivir significa rechazar», se dice a sí misma. 
Sus padres están preocupados por «el tubo» pero... tienen su vida y se van a ir acostumbrando. 
Esta situación atípica, un día cambia. Y grita. Grita muy fuerte. Furiosa. Y tanto molestan sus berrinches que todos se preguntan, «¿por qué esta cólera?» ¡Y hasta se sienta en su cuna después de tanta inmovilidad!, y nos preguntamos, «¿por qué los padres echan de menos al "vegetal" que ya habían aceptado con resignación».
La llegada de su abuela unos meses después tiene mucho que ver con un gran cambio. Con ella  descubre el placer, otro de sus temas. Lo cuenta con una prosa impecable y gran originalidad, en conceptos y vocabulario.
Deja perplejo a padres y hermanos mayores: Juliette y André. 
Hay una persona en la casa con la que tiene una relación muy especial, es la dulce Nishio-san, su aya japonesa. Unidas por los relatos de ella, verdaderas pesadillas en sus recuerdos, y las demandas de Amélie. 
Ella es japonesa, así se siente, parte de un país donde la belleza y la veneración ocupan un primer lugar, ¡y ella se siente el centro del mundo!

En El sabotaje amoroso, además de los temas anteriores, el amor ocupa un lugar importante. Seguramente no es el tipo de enamoramiento en el que están pensando. Ella lo considera como «un malentendido». Dice: «Siempre te va a sorprender en su rareza», sobre todo si son dos personas de culturas diferentes.
Explora este sentimiento con gran agilidad dentro de situaciones muchas veces risueñas en una niña, todos sentimientos que ella misma ha experimentado. 
Esta vez, la historia transcurre en Pekín, «La ciudad de los Ventiladores», China, durante tres años en la vida de una niña de siete —desde 1972 hasta 1975— viviendo en un gueto para diplomáticos extranjeros llamado San Li Tun. Un régimen comunista opresor. 
Vive recordando su hermosa vida en Japón, imaginando, inventando juegos que emulan la realidad [una guerra mundial a pequeña escala] y un descubriendo del amor [¿asexuado?] de una manera muy emotiva y lúdica a la vez. 
El tema, para mí, es el amor [¿infantil?] y la identidad —una de sus búsquedas. De la propia y de la persona que ama, que, «debe conocer a fondo». «Solo se logra a través del amor», dice la protagonista que es una niña, inteligente y fuerte, intensa y genuina. 
Autoconocimiento y conocer al otro, a su «bienamada», que es medida y superficial, todo lo calcula. 
Así se relaciona, con esa fausse supériorité, dice en una entrevista, «Hay momentos, durante el enamoramiento, que mientras se los viven ni se plantean». 
Recordarán que también lo dice la protagonista de El amante, de Marguerite Duras. Ahí solo sientes. Nadie saca conclusiones filosóficas ni de vida en el presente. 
Por eso, la voz de la novela, es una primera persona que recuerda, que escribe pasados unos años. Lo hace con una gran autenticidad, manteniendo intacto el recuerdo de esa incomprensión hacia los adultos. 
Es una narración donde se mantiene la tensión entre ambas figuras centrales, una relación muy sugestiva, entre esencia y apariencia que ya nombré, como opuestos imprescindibles. 
Y entre el mundo exterior y el mundo de los juegos. Entre la adultez y la infancia. Entre la guerra y el amor. Entre lo simbólico, la fantasía y lo real. 
Entre el juego, dije, y agrego a la violencia implícita, ¿hasta dónde? 
Ya el título nos lo dice: sabotaje y amoroso, el daño y el amor: las ochenta vueltas corriendo dadas en el patio teniendo asma. Esa pulsión en el juego —para usar esta palabra que revolotea toda la historia y sus creaciones. 
Así organiza sus ficciones, como juegos donde siempre hay palabras mágicas [algunas inventadas] y situaciones de encantamiento. 
Y me alegra que así sea. Porque es cuando la niña describe los goces, como «aquel exceso de aire en el cerebro», o cuando la nombran «explorador», o el galope a toda velocidad, su «caballo». o cuando conoce a Elena y se convierte en el centro del mundo —de su mundo —, y con ella descubre el deslumbramiento, ¡qué espectacular! 
Acá transcribo algo que me encantó: 

«Llamo caballo a ese irrepetible lugar en el que es posible perder todo anclaje, todo pensamiento, toda conciencia, toda idea de mañana, para convertirse solo en un impulso, para ser únicamente algo que se despliega». «Llamo caballo a esa entrada en el infinito... Llamo cabalgata al espíritu que se precipita con la fuerza de sus cuatro herraduras». «Llamo jinete a aquel cuyo caballo le ha salvado del hundimiento, a aquel cuyo caballo le ha dado la libertad que le zumba en los oídos». 

De la relación entre ellas se cuenta bastante y se calla mucho más. Esperamos, a cada vuelta de página, otro encuentro. 
Es una de las características de la autora, quien dice: «Hay autores que se desnudan. Yo creo que hay límites y nunca los traspaso». Aprecié mucho esta posición. Aunque también me gusta Michel Houellebecq [y no tanto Catherine Millet]. 
Otra buena característica de la trama, es que la vamos descubriendo poco a poco. Y que inquieta, lo percibimos y no sabemos bien por qué. Quizá se trata de ese otro goce que todavía no nombré: «la lisiedad» —lo que tiene calidad de liso. 
Amélie juega con las palabras. Quiero, al terminar, decir otra vez esta palabra y frase: Infancia. Imágenes y palabras que nos llegan de lejos. Amélie Nothomb recurre a este lugar con gran talento: a esa ansiedad infantil, a esa ambigüedad donde todas las suposiciones son posibles, a ese avanzar de manera indirecta y al amor no correspondido.

Llego al último, Biografía del hambre. Divertido con su humor especial, siempre lo aclaro. Y sincero. Otro autorretrato literario donde repasa sus insaciables y variopintos apetitos. 
Transcurre en su infancia, adolescencia y juventud. Lugares como Estados Unidos, Birmania, Bangladesh, Bruselas y Japón principalmente. Sitios donde un elefante de verdad fue uno de los regalos de cumpleaños.
Juliette, su hermana mayor, muy cercana a ella, juega un rol importante.
Desde pequeña empieza a sentir hambre. No el hambre que va ensamblado con el hecho de saciar el vacío del estómago, sino el que va más allá de esto tan «trivial» [así lo califica alguien que no tiene el problema de falta de alimento, desde ya].
El suyo es el hambre —ya visto en grandes obras literarias— del conocimiento, de lenguas extranjeras, de libros, de belleza, también de alcohol y de chocolate. De escribir, buscar ese miedo regocijante, esa necesidad voluptuosa.
Esta necesidad de tener hambre se extiende en todos los sentidos que ustedes se pueden imaginar. No escapa al físico y no en el sentido de saciarlo, sino de dominarlo:

En Bangladesh, me habían enseñado que el hambre era un dolor que desaparecía muy deprisa. Valiéndome de esta información, creé la Ley: el 5 de enero de 1981, día de Santa Amélie, dejaría de comer. 

Tenía trece años y medio.
Y agrego hambre de regreso. Regresar a su casa de Kobe y encontrarse con Nishio-san. Su antigua aya será parte de su nostalgia feliz. Un encuentro con los afectos indefinibles y con ella misma.


¡Fue un gran disfrute escribir este post y compartirlo!
Amélie Nothomb es una escritora a la que siento joven y moderna cuando la leo. Se involucra con los que nos rodea, con lo que nos cuesta sobrellevar: los miedos, la identidad como proceso de construcción hasta el fin de los días, la muerte como espejo.
Dice las cosas que muchos pensamos y no sabríamos expresarlo mejor, para captar el interés y la reflexión sin aburrimiento: irónica y nihilista, auténtica, sorprende en su rapidez de pensamiento. También de escritura, ya que es muy prolífica, un libro o más por año —muchos quedan guardados, a la espera de que se decida o no a publicarlos. 
Existe una suspicacia en el campo cultural entre reconocimiento por «número», entiéndase notoriedad mediática y éxito comercial, y reconocimiento por «calidad», entiéndase ser reconocido por los expertos academicistas. 
Bueno, Amélie Nothomb ha sido un suceso de ventas desde su comienzo, y también la respaldan prestigiosos premios, como el Gran premio de la Academia Francesa o el Prix de Flore, entre otros. Cuenta, además, con el apoyo de las traducciones de importantes editoriales extranjeras. Por lo tanto, pareciera que la discusión en este sentido quedaría saldada. Aunque siempre habrá recelos y prejuicios. 

Espero que hayan disfrutado de este post y que disfruten de las novelas de Amélie Nothomb.
Hasta la próxima lectura,

Cecilia Olguin Gianelli

Notas 

- Amélie Nothomb: L´auteur, les romans, les bonus, les rendez-vous de Amélie.
http://www.amelie-nothomb.com/

- Instagram:
https://www.instagram.com/ameliedesnomspropres/?hl=es

- Produire la valeur artistique dans une économie de la notorieté: Le cas d´Amélie Nothombb: Émile Saunier:
https://www.cairn.info/revue-terrains-et-travaux-2015-1-page-41.htm



sábado, 17 de junio de 2023

«Si me puedes mirar», Olga Orozco

 «Si me puedes mirar»

Olga Orozco

[1920-1999, Argentina]

Para mamá
hoy, 12 años 




Ya lo sabemos ...
Es normal tener miedo ante lo inexplicable de una pérdida, nos dicen. 
Atenúa la tristeza si uno lo comparte, si uno encuentra cordialidad y una voz afín del otro lado, si uno deja que el tiempo pase.

Ya lo sabemos ...
Esos sentimientos son intransferibles, no se razonan, entre yo y la vida hay un vidrio tenue*, dice Pessoa hablando de esto. Hay poetas que traducen tan profundo y único, simple, que nos apoderamos de sus palabras y las guardamos para siempre.

Olga Orozco es una de ellas. Ella mira el reverso de las cosas y las personas, explora territorios y señala lo imposible con su riqueza de imágenes y símbolos. Lo hace con mucha fuerza y nos invita a su contemplación dinámica. 
No hay que temerle a las palabras. Así como es inefable el gozo, también lo es la tristeza de una ausencia, que cede con los meses y años.

No es mi intención otra que el recuerdo de mi madre, y de otras madres, con el lenguaje superior de la poesía.

Cecilia Olguin Gianelli

Si me puedes mirar
Olga Orozco


Madre: es tu desamparada criatura quien te llama,
quien derriba la noche con un grito y la tira a tus pies como un 
                                                                                            [telón caído
para que no te quedes allí, del otro lado,
donde tan sólo alcanzas con tus manos de ciega a descifrarme en 
                     [medio de un muro de fantasmas hechos de arcilla ciega.
Madre: tampoco yo te veo,
porque ahora te cubren las sombras congeladas del menor tiempo y 
                                                                             [la mayor distancia,

y yo no sé buscarte,
acaso porque no supe aprender a perderte.
Pero aquí estoy, sobre mi pedestal partido por el rayo,
vuelta estatua de arena,
puñado de cenizas para que tú me inscribas la señal,
los signos con que habremos de volver a entendernos.
Aquí estoy, con los pies enredados por las raíces de mi sangre en duelo,
sin poder avanzar.
Búscame entonces tú, en medio de este bosque alucinado
donde cada crujido es tu lamento,
donde cada aleteo es un reclamo de exilio que no entiendo,
donde cada cristal de nieve es un fragmento de tu eternidad,
y cada resplandor, la lámpara que enciendes para que no me pierda entre las                                                                                      [galerías de este mundo.

Y todo se confunde.
Y tu vida y tu muerte se mezclan con las mías como las máscaras de 
                                                             [las pesadillas.

Y no sé dónde estás.
En vano te invoco en nombre del amor, de la piedad o del perdón, 
como quien acaricia un talismán,
una piedra que encierra esa gota de sangre coagulada capaz de revivir 
                                                      [ en lo más imposible de los sueños.

Nada. Solamente una garra de atroces pesadumbres que descorre la tela de otros                  [años
descubriendo una mesa donde partes el pan de cada día,
un cuarto donde alisas con manos de paciencia esos pliegues que graban en mi                   [alma la fiebre y el terror,
un salón que de pronto se embellece para la ceremonia de mirarte pasar
rodeada por un halo de orgullosa ternura,
un lecho donde vuelves de la muerte solo por no dolernos demasiado.

No. Yo no quiero mirar.
No quiero aprender otra vez el nombre de la dicha en el momento mismo en que                   [roen tu rostro los enormes agujeros,
ni sentir que tu cuerpo detiene una vez más esa desesperada marea que lo lleva,
una vez más aún,
para envolverme como para siempre en consuelo y adiós.

No quiero oír el ruido del cristal trizándose,
ni los perros que aúllan a las vendas sombrías,
ni ver cómo no estás.

Madre, madre, ¿quién separa tu sangre de la mía?,
¿qué es eso que se rompe como una cuerda tensa golpeando las entrañas?,
¿qué gran planeta aciago dejar caer su sombra sobre todos los años de mi vida?

¡Oh, Dios! Tú eras cuanto sabía de ese olvidado país de donde vine, 
eras como el amparo de la lejanía,
como un latido en las tinieblas.

¿Dónde buscar ahora la llave sepultada de mis días?
¿A quién interrogar por el indescifrable misterio de mis huesos?
¿Quién me oirá si no me oyes?
Y nadie me responde. Y tengo miedo.
Los mismos miedos a lo largo de treinta años.
Porque día tras día alguien que se enmascara juega en mí a las alucinaciones y a                 [la muerte.

Yo camino a su lado y empujo con su mano esa última puerta,
esa que no logró cerrar mi nacimiento
y que guardo yo misma vestida con un traje de centinela funerario.
¿Sabes? He llegado muy lejos esta vez.
Pero en el coro de voces que resuenan como un mar sepultado 
no está esa voz de hoja sombría desgarrada siempre por el amor o por la cólera;
en esas procesiones que se encienden de pronto como bujías instantáneas
no veo iluminarse ese color de espuma dorada por el sol;
no hay ninguna ráfaga que haga arder mis ojos con tu olor a resina;
ningún calor me envuelve con esa compasión que infundiste a mis huesos.

Entonces, ¿dónde estás?, ¿quién te impide venir?
Yo sé que si pudieras acariciarías mi cabeza de huérfana.
Y sin embargo sé también que no puedes seguir siendo tú sola,
alguien que persevera en su propia memoria,
la embalsamada a cuyo alrededor giran como los cuervos unos pobres jirones de                    [luto que alimenta.

Y aunque cumplas la terrible condena de no poder estar cuando te llamo,
sin duda en algún lado organizas de nuevo la familia,
o me ordenas las sombras,
o cortas esos ramos de escarcha que bordan tu regazo para dejarlos a mi lado cualquier día,
o tratas de coser con un hilo infinito la gran lastimadura de mi corazón. 

Olga Orozco, 
Los juegos peligrosos [196],
Eclipses y Fulgores (1998)

*


Notas


-Olga Orozco: 


Nació en Toay, Pcia. de La Pampa, Argentina, el 17 de marzo de 1920 y falleció el 15 de agosto de 1999 en Buenos Aires.
Gran poeta, reconocida con importantes premios: Primer Premio Municipal de Poesía (1963), Premio de Honor de la Fundación Argentina (1971), Gran Premio del Fondo Nacional de las Artes (1980), Premio Nacional de Poesía (1988), Premio Konex, de Platino y de Honor (1994 y 2004), Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo (1998) y otros muchos.
Muchos la habrán conocido personalmente o la habrán visto en alguna entrevista. Recordarán sus hermosos ojos claros, su cara de fuertes rasgos, su voz profunda y sensual.
Su obra abarca un largo período de tiempo. Comienza con Desde lejos, en 1946, y termina con Con esta boca, en este mundo, de 1994.
Siendo muy joven perteneció al grupo surrealista Tercera Vanguardia, del que también formaba parte Oliverio Girondo.
Admiraba a Rimbaud, Baudelaire y Rilke.
De inteligencia sutil e imaginación pródiga en expresiones, se destacó por el uso frecuente y logrado que hace del oxímoron (dos conceptos de significado opuesto en una sola expresión).
Pertenecía a la generación del 40, junto a César Fernández Moreno, León Benarós, Vicente Barbieri y unos cuantos ausentes más, como Julio Cortázar y Manuel Mujica Lainez.
Dijo el poeta y crítico catalán Pere Gimferrer: «Cualquier lector efectivo o potencial de poesía, en efecto, sabría en este caso lo que ante todo importa saber: que Olga Orozco es manifiestamente la mayor poeta y uno de los mayores poetas que escriben en estos momentos en español.... Atendamos esta voz, cuyo poderío resulta tan turbador que casi podría llamársele alarmante... Explora territorios en los que el lenguaje persigue no sólo decirse a sí mismo, y en tal sentido configurar una forma autónoma de conocimiento, sino además obtener de las palabras algo que en cierto modo no es en palabras decible: mas no algo impreciso o "vaporizado", para emplear una expresión de Baudelaire, sino, por el contrario, aquel desvelamiento de la naturaleza última de nuestra experiencia del mundo que otros piden a la filosofía, pues todo verdadero poeta es un poeta filosófico, aunque opere —como, por lo demás hacía Heráclito— antes mediante imágenes que mediante ideas enunciadas de modo explícito... La poesía de Olga Orozco apela a lo esencial: a lo esencial poético, a lo que sólo poesía es, sin duda; más también a lo esencial de nuestra condición. Sus imágenes no sólo nos conmueven o nos sobrecogen: nos dicen qué somos y en qué consiste el ser."

Prólogo (extracto) del libro Eclipses y Fulgores, 
Antología, Olga Orozco
1998, Editorial Lumen

domingo, 28 de mayo de 2023

«Grown Children» [Hijos grandes], Sharon Olds

«Grown Children» 

[Hijos grandes]

Poema de  

Sharon Olds

[California, 1942] 

Premio Pulitzer de Poesía 2013

The Unswept Room, 2002

[La habitación sin barrer]


Gog y Magog Ediciones
Edición bilingüe
Traducción: Inés Garland


One from one direction, one
from another; one day they come back, together;
and suddenly my body fits
in the air it is standing in, and my brain
fit in my skull again, and my mind
in my brain, and over the anticlines of my
mind light plays. Last week I had seen 
a being on the beach I couldn´t name at first,
a short, upright creature with a round 
head and a swaybacked torso and brief
appendages flashing to the sides and below
like the beams of a star; so it appeared to sparkle,
to twinkle along the sand — it was a tiny
primate, and behind it along came another, 
tiner and more primitive,
a dazzling winking, scintillating
along, it was a baby. And now our daughter
is asleep on the coach, not six pounds
thirteen ounces, but about my size, 
her great, complex, delicate face,
relaxed. And our son, last night, looking closely
at his sweetheart as they whispered for a moment, what a tender
listening look he had. We raised them
daily, I mean hourly — every minute
we were theirs, no hour went by we were not
raising them — carrying them, bearing them, lifting them
up, for the pleasure, and so they could see,
out, away from us.


Nuestros hijos: Albertina [con Julia], Carla, Juan y Franco


Uno desde una dirección, otro
desde otra, un día vuelven, juntos,
y de pronto mi cuerpo cabe
en el aire que ocupa, y mi cerebro
entra en mi cráneo otra vez, y mi mente
en mi cerebro, y sobre los relieves anticlinales de mi
mente juega la luz. La semana pasada había visto
un ser en la playa que al principio no pude nombrar,
una criatura baja, erguida, con una cabeza
redonda y el cuerpo echado hacia atrás y unas 
extremidades cortas que se destellaban a los lados y por debajo
como las puntas de una estrella, tanto que resplandecía,
titilaba en la arena — era un pequeño
primate, y detrás de él venía otro,
más pequeño y más primitivo,
un parpadeo deslumbrante, centelleante,
era un bebe. Y ahora nuestra hija
duerme en el sillón, no siete kilos
seiscientos, sino más o menos de mi tamaño,
su rostro maravilloso, complejo, delicado, 
tranquilo. Y nuestro hijo, anoche, miraba de cerca
a su enamorada mientras susurraban por un instante, qué tierna,
atenta mirada tenía. Los criamos
diariamente, quiero decir a cada hora — cada minuto
éramos de ellos, ninguna hora pasaba en la que no estuviéramos
criándolos — alzándolos, soportándolos, llevándolos
en brazos, por el placer de hacerlo, y para que pudieran ver,
más allá, lejos de nosotros.

*

Sharon Olds

Sharon Olds nació en 1942 en San Francisco, California. Se graduó en la Universidad de Stanford y realizó su doctorado en la de Columbia. Desde hace años imparte clases de creación literaria en la Universidad de Nueva York. 
Publicó entre otros: Satan Says [1980], The One Girl and the Boy´s Party [1983], The Father [1982], The Unswept Room [2002], Strike Sparks: Selected Poems [2004] y Stag´s Leap [2012].
Su obra ha sido traducida a siete idiomas y ha obtenido numerosos premios, como el Pulitzer de Poesía 2013 y el National Book Critics Circle Award. Este año, 2023, le fue otorgado el Joan Margarit, por su escritura «no conformista y genuina».


https://www.youtube.com/watch?v=p_8Q7xxFGKw
FILBA 2020. Entrevista de Inés Garland

Es un placer escucharla. Es luminosa. Ya sea cuando cuenta sobre sus procesos creativos o cuando lee sus poemas, cuando habla de su infancia o cuando confiesa que los mejores poemas son los que le permiten salir de sí misma, «cuando una verdad subyacente, cualquiera sea, musical o moral, sale a la luz».

¿Poeta autobiográfica? Podría ser. La literatura del yo y la autoficción es una discusión que no vale la pena, es rancia dice Ana Wajszczuk en su artículo*, y agrega: Yo es Otro, decía Rimbaud, Je suis autre. Sus padres pueden ser el de todos, su cuerpo que envejece puede ser el de cada uno de nosotros, sus hijos son los hijos que crecen.

Es un gran placer leer a esta poeta estadounidense que, como la mayoría, considera a Walt Whitman el padre de la poesía norteamericana y homenajea a Emily Dickinson, otra de mis favoritas.

El libro La habitación sin barrer, es una excelente edición bilingüe, y cuenta con la traducción de Inés Garland. Una colección de poemas al cual más fresco, llenos de energía de vida y emotividad, de franqueza. La vida y el amor que se transforma a cada paso, en lo emocional, físico y espiritual.
Sharon Olds sabe cómo capturar nuestro interés, cómo sumergirnos en sus imágenes poéticas y temas que nos incluyen a todos.

Espero que hayan disfrutado al leer este poema tan conmovedor. Versos libres [no siguen un esquema de rima ni patrón métrico específico], con la cadencia y traducción impecables. Veintiocho versos en una sola estrofa, alternando líneas terminadas con líneas encabalgadas [corta el verso antes de su parada natural], dándonos un movimiento, un flujo muy particular a los lectores. Nos detiene y nos apura. Hay una comparación con la escena de la playa —vida y paisaje—, y luego nos invita a seguir con la imagen de sus hermosos hijos y la intimidad del hogar.
Nos habla, con gran emoción y profundidad, de la vida y de los saltos: ajenos y propios, hacia los desafíos que se nos presentan. Hacia la sorpresa y el milagro de ver a nuestros hijos ya grandes e independientes. Ya protagonistas absolutos... más allá, lejos de nosotros. 
Hasta la próxima lectura.

Cecilia Olguin Gianelli

Notas

- Sharon Olds Offcial Website:
https://www.sharonolds.net/#:~:text=Home%20%7C%20sharonolds.com

- Poetry Fundation:
https://www.poetryfoundation.org/poets/sharon-olds

- Siete escenas para Sharon Olds. Ana Wajszczuk:
https://laagenda.buenosaires.gob.ar/contenido/29306-siete-escenas-para-sharon-olds

sábado, 29 de abril de 2023

«A los estados», poema de Walt Whitman

«To the States»

To Identify the 16th, 17th, or 18th Presidential

poem

by Walt Whitman

«A los estados»

Para identificar las Presidencias 16.ª, 17.ª o 18ª 


Con la justa indignación, Walt Whitman:




Why reclining interrogating? why myself and all drowsing?
¿Por qué reclinarse, interrogar? ¿Por qué estamos todos adormecidos?

What depending twilight—scum floating atop of the waters,
Qué ocaso cada vez más profundo —escoria flotando sobre las aguas.

Who are they as bats and night-dogs askant in the capitol?
¿Quiénes son esos que andan, como murciélagos y como perros nocturnos, preguntando en el capitolio?

What a filthy Presidentiad! (O South, your torrid suns! O North, your arctic freezings!)
¡Qué sucia Presidencia! (¡Oh Sur, tus tórridos soles! ¡Oh Norte, tus árticas heladas!

Are those really Congressmen? are those the great Judges? is that the President?
¿Estos son, de verdad, los Congresistas?, ¿y aquellos los grandes Jueces?, ¿y ese el Presidente?

Then I will sleep awhile yet, for I see these States sleep, for reasons; 
Entonces, dormiré todavía un rato, ya que veo que estos Estados también duermen, por razones; 

(With gathering murk, with muttering thunder and lambent shoots we all duly awake,
(Todos estamos debidamente despiertos, en la oscuridad creciente, con el murmullo del trueno y con los brotes centelleantes,

South, North, East, West, inland and seaboard, we will surely awake.)
Sur, Norte, Este, Oeste, el interior y el litoral: nos despertaremos, sin duda).

By the Roadside
Al borde del camino


*

«A los estados. Para identificar las Presidencias 16.ª, 17.ª o 18.ª» es un poema de ocho versos, del gran Walt Whitman, fundador de la poesía norteamericana. 
Se encuentra en su famoso libro Hojas de Hierba [Leaves of Grass, 1855], dentro del grupo titulado «al borde del camino [By the Roadside [1881].
Esta obra se considera la gran epopeya americana y la gran epopeya de la literatura universal, donde se canta el nacimiento de Estados Unidos y su desarrollo como nación.
Pero también es el retrato de una persona: Walt Whitman. Con sus pasiones y anhelos, con su poesía y su prosa.


What Whitman


Todos conocen al poeta estadounidense, al autor del portentoso Canto a mí mismo [1855], a su tono optimista, de confianza, el que alaba el cuerpo humano y la naturaleza, el que tan bien expresa el goce de los sentidos. 




Pero acá se aleja de los poemas sentimentales. Y se muestra enojado. 
Con una gran claridad de imágenes escribe este reproche a los políticos que gobiernan —escoria flotando sobre las aguas—los reprende y expresa su descontento. También reprende a los congresistas y a los jueces. 
Denuncia el oportunismo político, la corrupción oficial y la atmósfera que crean —esa densa oscuridad, en una feroz diatriba.
Es «el Whitman político».




Un poeta que leyó los signos de su tiempo, lo dice Betsy Erkkila en su Whitman, The Political Poet [1989], donde repara en este aspecto: el poeta y la historia, la cultura política de su tiempo.

Él, como muchos estadounidenses, estaban hartos de los presidentes Millard Fillmore, Franklin Pierce y James Buchanan, quienes no gobernaron con la firmeza y pericia que los ciudadanos esperaban. 

Entonces Whitman, quien expresó su enojo en un panfleto, sin miramientos, los llamó villanos, superficiales, mediocres, llorones, poco confiables, de falso corazón,... «¡Qué sucia Presidencia!», dice en el poema.

Y luego, volviendo al poema, al finalizar, habla del despertar democrático como esperanza, una especie de atisbo de alegría cuando esa escoria es limpiada por los ciudadanos que despiertan. Y la energía y entusiasmo de Whitman vuelve, with muttering thunder and lambent shoots, esa fuerza imprescindible.

Porque para Whitman [1819-1892], poeta, enfermero voluntario en la Guerra de Secesión [1861-1865], periodista y ensayista, «el hijo de Manhattan», carnal y bebedor, es necesario que todos estén «debidamente despiertos».
Dice de la democracia, «esa forma de ser. Ese estar con los demás. Que los que gobiernan se acerquen a sus semejantes, que los respeten y que defiendan su dignidad». 

Espero que les haya gustado leer este poema en un momento tan especial que estamos viviendo, tan difícil de explicar para mí que parece una fantasía distópica.
Pues bien, quise encontrar algo en la literatura.
Invocar al poeta Whitman y a su apasionada voz sin freno, llena de energía y lucha. Recurrir a ella, ya que también fue de esperanza en tiempos de gran desilusión. 

Es una voz que proviene de Estados Unidos, sí, pero que saluda al mundo, sin tiempo. Y, sobre todo, una que «no tiene cátedra, ni filosofía, ni escuela». Y sí tiene la justa indignación.

Por otro lado, siempre es grato volver al colosal Whitman, «el primer poeta de la democracia». Tan admirado por Emerson [1803-1882], quien elogió en una carta su espíritu libre y valiente, y Tennyson [1809-1892], su contemporáneo británico. 
También por José Martí: «¿Quién es el ignorante que puede prescindir de la poesía?», dijo el poeta cubano, exiliado en Nueva York, quien también pide fervorosamente: «¡Escuchen a Walt Whitman. Hay que estudiarlo!». 




En Hojas de Hierba, con cambios en las diferentes ediciones, Whitman hace muchas referencias a presidentes. Hay cambios en su pensamiento y en su tratamiento poético. Desde el presidente idealizado [odas a Abraham Lincoln] a la decepción por la incapacidad y balbuceos para hacer lo que hay que hacer. Puppets!, dice, en lugar de hombres instruidos, experimentados y  estadistas que necesitamos.
Whitman nació en 1819, diez años después de la presidencia de Thomas Jefferson [1801-1809], y fueron los valores democráticos jeffersonianos con los que creció. Idolatrando a este y a todos los presidentes legendarios, como George Washington y Andrew Jackson, además del nombrado. Apoyó activamente a otros en los que confiaba.

En diferentes tiempos, el poeta se erige como la voz de la «gente común», o cae en la apatía, o comete «errores de juicio» en sus teorías sobre el concepto personalista del poder presidencial y el poder de los hombres de gobierno, el que fuera un ideal para él. Y también nosotros, en todo caso, los cometemos, en querer encontrar algo consistente y lógico, tanto en nuestros presidentes como en los poetas —como dice el excelente estudio de Nathan Faries* [The Pennsylvania State University].
Su visión dicotómica, la idealización y el destronamiento. Todo está en Whitman.

Whitman realizó sus mejores trabajos en tiempos de agitación política —década de 1850—, un Whitman furioso y escéptico. Luego el país se unificaría y llegaría el período de creación literaria en que pierde la poesía y gana la prosa. 
Es un Whitman más suave y amable. Ya no siente la justa indignación.
¿Habrá sentido el poeta nostalgia por ese fuego? Un tema que no concluye.

Ahora me despido, hasta la próxima lectura.

Cecilia Olguin Gianelli

Notas

- Poetry Foundation: To the States, by Walt Whitman:
https://www.poetryfoundation.org/poems/51868/to-the-states

- Hojas de Hierba, Walt Whitman: Pág. 299.
https://www.solidaridadobrera.org/ateneo_nacho/libros/Walt%20Whitman%20-%20Hojas%20de%20hierba%20&%20%20prosas.pdf

Hojas de Hierba, Walt Whitman. Edición completa. Selección de prosas: Edición de Eduardo Moga.
https://mep.janium.net/janium/Documentos/273411.pdf

- El poeta Walt Whitman, José Martí:
https://circulodepoesia.com/2019/05/jose-marti-sobre-walt-whitman/

- Whitman and the Presidency: Nathan Faries.
https://pubs.lib.uiowa.edu/wwqr/article/25851/galley/134219/view/

domingo, 9 de abril de 2023

«Orfanato», Serhiy Zhadan

Orfanato

[2017, edición original ucraniana]

[2022, edición española]

Serhiy Zhadan 

[1974, Starobilsk, Ucrania]


Editorial Galaxia Gutenberg; 320 págs.



Serhiy Zhadan, 
una de las voces más importantes de la literatura ucraniana contemporánea.



Serhiy Zhadan, para quienes no lo conocen, es un escritor, poeta, ensayista, traductor, músico y activista de cuarenta y ocho años. Orfanato es la primera de sus ocho novelas traducida al castellano. 
Muy celebrado en su país y ahora en el mundo lector e interesado en lo que sucede más allá de la ficción. Aunque la creación literaria está presente y vale la pena acercarse a ella. 


Serhiy Zhadan


Serhiy Zhadán nació el 23 de agosto de 1974 en Starobilsk, óblast [provincia] de de Lugansk. Reconocida mayoritariamente por la comunidad internacional como parte integrante de Ucrania, aunque desde el 2022 forma parte de facto de Rusia.




Filólogo y profesor de Literatura, vive y trabaja en Járkov. Tradujo poesía del alemán, inglés, bielorruso y ruso, a poetas tales como Paul Celan y Charles Bukowski entre otros. Sus propias obras han sido traducidas a muchos idiomas. 

En su novela, Anarchy in the UKR, de gran éxito —shortlist del premio «National Bestseller Prize» y candidata a «Book of the Year», habla, en uno de sus capítulos, de su propia infancia y juventud durante la entonces Unión Soviética hasta la Revolución Naranja [2004-2005], de un país que sufre muchas transformaciones. Un retrato fundamental de la Ucrania poscomunista.
Su título y lema para uno de los capítulos deriva del tema musical de la banda punk inglesa Sex Pistols: Anarchy in the U.K.




¿Por qué me interesé en conseguir y leer esta novela de Serhiy Zhadan, Orfanato?

Sucede que desde el trágico 24 de febrero de 2022, con mayor o menor intensidad, todos tenemos los ojos puestos en Ucrania, su país invadido por Rusia. 
Al cumplirse un año, leí muchos artículos periodísticos. También culturales —quería saber cómo se expresaban los intelectuales. 
Y luego supe a quién habían honrado con el Premio de la Paz los Libreros Alemanes en la Feria del Libro de Frankfurt, el 23 de octubre de 2022: a Serhiy Zhadan.


Friedenspreis des Deutschen Buchhandels
[Premio de la Paz del Comercio Librero Alemán 2022]


Allí, además de elogiar sus creaciones, inspirando desde el punto de vista lingüístico, literario y musical, valoraron en alto grado «su compromiso con la gente de su tierra natal: toca en estaciones de metro, saca a la gente de barrios muy disputados, lee poemas en salas repletas y distribuye suministros de socorro por las ciudades invadidas», dijeron.

Al gustarme todo lo referido al lenguaje, quise saber más de alguien que dijo: «Hay que llamar a las cosas por su nombre: Un criminal es un criminal, la libertad es la libertad y la maldad es la maldad. Mientras tengamos nuestro lenguaje, todavía tenemos la vaga oportunidad de explicarnos, de decir nuestra verdad. Incluso si nos duele la garganta por las palabras. Incluso si te sientes abandonado y vacío por las palabras. La voz le da una oportunidad a la verdad. Y es importante aprovechar esta oportunidad».

Y leí este poema, que es una canción. El autor explica que surgió al conocer a dos chicos que, en el metro de Járkov [segunda ciudad mayor de Ucrania], ayudaban a los adultos, mantenían el orden y organizaban a los «pequeños» porque, ellos mismos pequeños, ya eran adultos.

METRO

Tú, niño de Saltivka, el de la casa en llamas:
Es más profundo el metro que muchos hondos mares.
Por sus entrañas atestadas, tú y tu linterna en el bolsillo
El Señor te acompaña en la estación de metro por la noche




Tú, niña del liceo de Novy Domy,
Nadie podría decirte, y yo tampoco puedo,
Nadie podría explicarte por qué el barrio está en llamas,
Pero tu corazón de niña es más fuerte que el metal.

Niños alegres y enojados del subsuelo de Járkov,
Niños que viven en las profundidades del metro
El mundo ha visto todo esto y está canoso y viejo,
Pero el amor es un trabajo que hay que hacer cada día.

Que se haga la calma, que la ciudad te cubra con su ala.
La ciudad te protegerá, la ciudad te dará su calor.
Te daré té caliente de mi termo.
Y cuando crezcas, tú también podrás dar calor.

Es un saber extraño: distinguir entre las armas
El móvil de mamá, la vieja colchoneta del hermano.
Este metro te da esperanza.
En algún lugar profundo late tu corazón.

Niños alegres y enojados del subsuelo de Járkov,
Niños que viven en las profundidades del metro
El mundo ha visto todo esto y está canoso y viejo,
Pero el amor es un trabajo que hay que hacer cada día.
[Se repite tres veces]

*

Y así está hoy Saltivka, uno de los barrios de Járkov arrasado por la guerra:
https://www.youtube.com/watch?v=zMZdcTrhAdY
13/2/2023


*

Si quieren acercarse, literalmente hablando, a lo que sucede en Ucrania, con una historia muy bien contada y escrita, si quieren ver el día a día de una persona común que debe llevar adelante algo importante para su familia, lean Orfanato, una novela excelente desde todo punto de vista. 
Una historia poderosa, de la que trataré, en mi reseña, de no ir más allá de lo necesario: 

Pasha, un profesor de lengua ucraniana de treinta y cinco años, es el protagonista. Debe ir a buscar a su sobrino de trece, que ha quedado atrapado en un orfanato del otro lado del frente.
«¡Ve a buscarlo!», le dice el padre enérgicamente.
Y tan resuelto está el abuelo del niño, que si Pasha no va, ya que piensa que es la madre —su hermana— la que debe ir, está decidido a hacerlo él mismo. 
El lugar donde está internado es un sitio para niños con mal comportamiento. Sasha es su nombre, y tiene una historia personal que lo hace estar enojado con el mundo.
Estamos en el año 2014 [podría ser el actual], Ucrania, región de Donbas que limita con Rusia.


Guerra en Donbas, 2014

A modo de aclaración, ya que fue importante para mí —no está especificado en la trama de la novela—, para ubicarme en tiempo, espacio y situación política y social: 
Tras la caída del Muro de Berlín y la disolución de la Unión Soviética, muchos rusoparlantes quedaron fuera de la órbita moscovita. 
Dentro de la región que Vladimir Putin invadió el 24 de febrero de 2022, y la misma donde se desarrolla la novela, hay una gran diversidad cultural. Personas que hablan, en su día a día, ruso, ucraniano, o una mezcla de ambos.
El tema del lenguaje se convirtió en un motivo de pugna que ninguno de los gobiernos fue capaz de resolver. 
Esta incapacidad o desidia queda muy bien plasmada en la novela, porque Pasha, al ser un profesor de lengua ucraniana lo manifiesta en muchos momentos.
De una muy buena manera, para mí, alude a la cuestión lingüística frente a cada interlocutor que se le va presentando en su difícil travesía. 

Volviendo a los hechos históricos, la independencia de Ucrania en 1991 marca una etapa. 
La guerra de Donbás, que es el marco y tiempo de la novela, comenzó el 6 de abril de 2014. El gobierno interino de Ucrania había iniciado un operativo armado contra los grupos separatistas rusófonos del este de ese país tras la anexión de Crimea por Rusia. 
La política de rusificación fue más intensa en Ucrania que en otras partes de la Unión Soviética, ya que acá existe el grupo más grande de rusófonos —que no son rusos étnicos.
Estos son, a grandes rasgos, los antecedentes históricos y políticos, y el germen de la guerra actual.




Sin detallar el camino que recorrerá Pasha, lo que le pasará, con quienes se encontrará pacíficamente o, a quienes tendrá que enfrentar, sí les diré algo del paisaje, de la «escenografía», del ambiente que lo rodea: uno de los grandes valores literarios de esta obra.
Hablar del frío y la nieve con la ropa húmeda que no protege, del hambre que va gastando las reservas de energía, del silencio sospechoso, del miedo al ver las carreteras llenas de combatientes con ametralladoras al hombro y los cientos de civiles por todos lados conformando una masa carente de expresividad a la que Pasha se une, es meterse de lleno en algo que la mayoría desconocemos.
Como el desconocimiento de Pasha sobre qué es lo que está sucediendo, aunque se diga a sí mismo «algo anda mal por aquí».
Las banderas nacionales destrozadas y el tener que poner cara de tranquilidad para no despertar sospechas, porque así se siente, un sospechoso frente a esos soldados que fuman y lo miran con desdén, en cada retén, en cada puesto de control donde debe demostrar su legalidad, su pasaporte en... ¿su propio país?, ¿una ciudad tomada o a punto de ser tomada?, ¿es que el gobierno de la ciudad está cambiando de signo?
Hay una amenaza latente y ¡el orfanato había quedado del otro lado!

La manera en que describe Zhadan lo hace tan vívido todo, tan bien captura una especie de fatalismo omnipresente que nos sentimos dentro.
Sin relatar en ningún momento combates propiamente dichos, el autor nos sumerge en los estados de ánimo de una persona común, desprevenida, diría.
El desconcierto, otro gran tema.

Son tantas las preguntas... «¿dónde guarecerme?»,  las consignas pintadas en los jeeps, blanco sobre negro, «¿qué significan?¿son milicianos?, ¿o miembros de la Guardia Nacional?, 
¿están a salvo los que pueden escapar?, ¿y los que no pueden hacerlo, o no quieren?, ¿acaso son cobardes los que optaron por huir y no se quedaron a defender su tierra? 

La multitud que abandona la ciudad asediada se vuelve egoísta con el espacio que se acota. Los refugiados se miran con sospecha, como enemigos. Como lo son los que toman la ciudad.
Algunos dan las órdenes en ruso, otros en ucraniano, o con acento del Cáucaso. Pasha habla las dos lenguas y también alterna el idioma según le dicta su intuición, se esmera temerariamente, como si estuviese frente a un claustro académico que lo está examinando. 
Nadie confía en nadie.

Pasha va descubriendo todo al tiempo que nosotros, los lectores, lo hacemos. Él, un hombre que vivía inmerso en su mundo de alumnos y literatura, un poco desconectado de todo lo exterior a su vida pequeña, tratando de comprender. Hay una escena, una conversación con un periodista, que expresa claramente lo que digo.

Todo le sucede tan rápido a Pasha que tiene poco tiempo para darse cuenta. Hacía solo unos meses que habían aparecido en su ciudad. Asaltando lugares públicos, arrancando banderas. La mayoría de los habitantes no sabía cómo posicionarse, ni que esperar de esos jóvenes invasores que los trataban con aparente cortesía, les sonreían,  «pueden seguir criando a sus hijos en paz», los tranquilizaban.
Pasha, con sus lentes de intelectual siempre puestos, no se fiaba, no se había sentido a gusto con la actitud artificiosa e impostada de esos hombres con sus flamantes uniformes.
Algo olía mal.

La historia está contada en tercera persona, pero desde el punto de vista de Pashka. En un momento cambia, y es la mirada de Sasha la que seguimos. El autor lo hace magistralmente: hay una necesidad argumental y lingüística para este giro inesperado. Hay un descubrimiento de lo insustancial de la existencia, un agotamiento físico y mental que marcará este momento de querer desaparecer.

Por último, les dije que quería ubicarlos en la «escenografía», en algo del ambiente alrededor de Pashka. Ustedes lo leerán con placer —aunque esa palabra no va bien por el tema que abarca. 
Pues bien: los campos negros por los girasoles no recogidos, los surcos profundos dejados por los pesados vehículos militares y el olor a sangre, a gasolina, al aire denso, al miedo... allí, donde Pashka no debe perder de vista la línea del horizonte que debe traspasar, es el lenguaje, la literatura la que gana con sus comparaciones poéticas, sorprendentemente nítida y penetrante. Paso a paso en esos tres días invernales de nieve y escarcha, ¡solo tres días son!, para traspasar esa línea y llegar al orfanato.




Me despido hasta la próxima lectura, espero que disfruten de este autor y de su obra.

Cecilia Olguin Gianelli


Notas


- Serhiy Zhadan recibe el Premio de la Paz del Comercio Librero Alemán 2022:
https://www.suhrkamp.de/nachricht/serhij-zhadan-erhaelt-den-friedenspreis-des-deutschen-buchhandels-2022-b-3682

- Tres poemas de Serhiy Zhadan. Letras Libres:
https://letraslibres.com/poesia/serhiy-zhadan-tres-poemas/

- Donbass 2014, el germen de la guerra de Ucrania:
https://www.youtube.com/watch?v=tBG_gO6nVu0



- Emisión de «Todos los libros un libro». Radio Universidad de Salamanca:
https://www.youtube.com/watch?v=WideKXj5SkQ




- Serhiy Zhadan, el «niño terrible» que lucha por la paz en Ucrania. La Brújula:
https://librujula.publico.es/serhiy-zhadan-el-nino-terrible-que-lucha-por-la-paz-en-ucrania/