Literatura y actualidad
Bernard-Henri Lévy
opina sobre la difícil actualidad
Autor del magnífico ensayo Piero della Francesca. Recuperando del olvido al artista italiano renacentista —también geómetra y matemático—, nos acerca los secretos de su pintura a través de la rica apreciación literaria, estética y filosófica. Un imprescindible.
Y de Enemigos públicos, compartido con Michel Houllebecq: rico intercambio de cartas entre estas dos grandes figuras, famosas por sus agudas observaciones —los
modos actuales de leer filosofía y literatura, las relaciones entre
vida y escritura.
Había dicho hace unos años: «No hay razones para odiar a un país y menos aún a un pueblo». Fue con motivo de su libro American Vértigo, y dentro del contexto de opiniones acerca de las críticas pasadas de moda a Estados Unidos, que reverdecían y se convertía en una especie de nueva religión planetaria.
Ahora sí se odia a un país y a un pueblo...
«Pues bien, aquí está la guerra»
Bernard-Henri Lévy llama a las cosas por su nombre
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| Personas en París, Francia, dejan flores cerca de la sala de conciertos
de Bataclan tras los ataques terroristas del viernes 13 de noviembre
donde murieron 127 personas. [EFE] |
«Una guerra de un nuevo tipo.
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Una guerra con y sin fronteras, con y sin Estado; una guerra
doblemente nueva porque mezcla el modelo desterritorializado de Al Qaeda
con el viejo paradigma territorial que ha recuperado el Estado Islámico
(ISIS)*.
Pero una guerra, en cualquier caso.
Y ante esta guerra que no deseaban ni Estados Unidos, ni Egipto, ni
Líbano, ni Turquía, ni hoy Francia, solo podemos hacernos una pregunta:
¿qué hacer? Cuando nos cae encima una guerra así, ¿cómo responder y
ganar?
Primera ley: llamar a las cosas por su nombre. Al pan, pan, y al
vino, vino. Y atrevernos a decir esa palabra terrible, guerra, frente a
la que lo deseable, lo propio y, en el fondo, lo noble por parte de las
democracias, pero también su debilidad, es rechazarla hasta los límites
de su comprensión, de sus referencias imaginarias, simbólicas y reales.
La grandeza y la ingenuidad de
Léon Blum, que en un famoso debate con
Elie Halévy dijo que no lograba concebir —salvo como una contradicción—
ni la idea misma de una democracia en guerra.
La dignidad y los límites de las grandes conciencias humanistas a
finales de aquellos mismos años treinta, que vieron surgir, espantados, a
Georges Bataille,
Michel Leiris,
Roger Caillois y otros colegas del
Collège de Sociologie con
sus llamamientos al rearme intelectual de un
mundo que creía haber dejado atrás su parte maldita y su Historia.
Ahí estamos hoy.
Pensar lo impensable de la guerra.
Consentir esa contradicción que es la idea de una república moderna
obligada a combatir para salvarse. Y pensarlo aún con más tristeza
porque varias de las reglas establecidas por los teóricos de la guerra,
de
Tucídides a
Clausewitz, no parecen servir para ese Estado fantoche
que lleva la llama más allá en la medida en que sus frentes están
desdibujados y sus combatientes tienen la ventaja estratégica de no
establecer diferencias entre lo que nosotros llamamos la vida y ellos
llaman la muerte.
Las autoridades francesas lo han comprendido, hasta en las más altas instancias.
La clase política ha aprobado unánimemente su gesto.
Quedamos usted, yo, el cuerpo social en su conjunto y en su detalle:
queda la persona que, cada vez, es un blanco, un frente, un soldado sin
saberlo, un foco de resistencia, un punto de movilización y de
fragilidad biopolítica. Es desesperante, es atroz, pero así están las
cosas, y es necesario actuar con la mayor urgencia.
* * *
Segundo principio: el enemigo. Quien dice guerra, dice enemigo. Y a
ese enemigo no solo hay que tratarlo como tal, es decir (las enseñanzas
de
Carl Schmitt), verlo como una figura a la que, según la táctica
escogida, se puede engañar, hacer dialogar, golpear sin hablar, en
ningún caso tolerar, pero sobre todo (enseñanzas de san Agustín, santo
Tomás y todos los teóricos de la guerra justa), darle, también a él, su
nombre auténtico y preciso.
Ese nombre no es terrorismo.
No es una dispersión de lobos solitarios ni de desequilibrados. En
cuanto a la eterna cultura de la excusa que nos presenta a los
escuadrones de la muerte como individuos humillados, empujados al límite
por una sociedad inicua y obligados por la miseria a ejecutar a unos
jóvenes cuyo único delito era que les gustaba el rock, el fútbol o el
frescor de una noche de otoño en la terraza de un café, es un insulto
para la miseria y para los ejecutados.
No.
Esos hombres que están en contra del placer de vivir y la libertad
propia de las grandes metrópolis, esos bastardos que odian el espíritu
de las ciudades tanto —dado que son lo mismo— como el espíritu de las
leyes, del Derecho y la dulce autonomía de los individuos liberados de
antiguas sumisiones, esos incultos a los que habría que replicar, si no
les fueran completamente desconocidas, con las bellas palabras de
Victor
Hugo cuando gritaba, en plenas matanzas de la Comuna, que atacar París
es más que atacar Francia porque es destruir el mundo, merecen el nombre
de fascistas.
Mejor dicho: fascislamistas.
Mejor dicho: el fruto del cruce que vio venir otro escritor,
Paul
Claudel, cuando en su Diario, el 21 de mayo de 1935, en uno de esos
destellos cuyo secreto solo poseen los grandes, anota: “¿Discurso de
Hitler? Se crea en el centro de Europa una especie de islamismo...”
* * *
¿Qué ventaja tiene dar un nombre?
Poner las cosas en su sitio. Recordar que, con este tipo de adversario, la guerra debe ser sin tregua y sin piedad.
Y forzar a cada uno, en todas partes, es decir, tanto en el mundo
árabe musulmán como en el resto del planeta, a decir por qué lucha, con
quién y contra quién.
Eso no significa, por supuesto, que el islam tenga afinidad alguna con el mal, como no la tienen otras formaciones discursivas.
Y la urgencia de este combate no debe distraernos de esa otra
batalla, también esencial, que es la batalla por el otro islam, por el
islam de las luces, el islam en el que se reconocen los herederos de
Massud,
Izetbegovic, el bangladesí
Mujibur Rahman, los nacionalistas
kurdos o el sultán de Marruecos que tomó la heroica decisión de salvar,
enfrentándose a Vichy, a los judíos de su reino.
Pero eso quiere decir dos cosas, o quizá tres. Para empezar, que,
como se supone que la tormenta fascista de los años treinta no rebasó el
perímetro de Europa, las tierras del islam son las únicas del mundo en
las que se ha eludido asumir la memoria y el duelo que sí han llevado a
cabo los alemanes, los franceses, los europeos en general, los
japoneses.
Después, que hay que poner de relieve con más claridad la disyunción
decisiva, primordial, que enfrenta esas
dos visiones del islam,
enzarzadas en una guerra letal que es, pensándolo bien y por utilizar
una expresión conocida, el único choque de civilizaciones en activo.
Y, por último, que ese trazado de la línea sobre la que se enfrentan
los seguidores de un
Tariq Ramadan y los amigos del gran
Abdelhawahb
Meddeb, ese señalar lo que, a un lado, puede alimentar el “Viva la
muerte” de los nuevos nihilistas, y al otro, el tipo de trabajo
ideológico, textual y espiritual que bastaría para conjurar el regreso o
la llegada de los fantasmas, debe ser, sobre todo, obra de los propios
musulmanes.
Conozco la objeción.
Oigo gritar a los biempensantes que llamar a quienes son buenos
ciudadanos a desvincularse de un crimen que no han cometido es
suponerlos cómplices y, por tanto, estigmatizarlos.
Pero no.
Porque ese “no en nuestro nombre” que esperamos de nuestros
conciudadanos musulmanes es el de los israelíes que se desvincularon,
hace 15 años, de la política de su Gobierno en Cisjordania.
Es el de las masas de estadounidenses que en 2003 protestaron contra la absurda guerra de Irak.
Es el grito más reciente de todos los británicos, fieles o simples
lectores del Corán, que decidieron proclamar que existe otro islam
—manso, misericordioso, apasionado de la tolerancia y la paz— que no es
ese en cuyo nombre pudieron apuñalar a un militar en plena calle.
Es un grito hermoso. Es un bello gesto.
Pero, sobre todo, es el gesto sencillo, de justicia, que consiste en
aislar al enemigo, separarlo de su retaguardia y hacer que deje de
sentirse como pez en el agua en una comunidad para la que, en realidad,
es una vergüenza.
Porque quien dice guerra dice otra vez, inevitablemente, la
identificación, la marginación y, si es posible, la neutralización de
esa fracción enemiga que actúa en el territorio nacional.
Es lo que hizo
Churchill cuando encarceló, en el momento de la
entrada de Gran Bretaña en guerra, a más de 2.000 personas, a veces muy
próximas —su propio primo, Geo Pitt-Rivers, número dos del partido
fascista inglés—, a los que consideraba enemigos interiores.
Y es, salvando las distancias, lo que debemos decidirnos a hacer hoy,
por ejemplo prohibiendo a quienes predican el odio; vigilando más de
cerca a los miles de individuos fichados y marcados con una “S”, es
decir, sospechosos de yihadismo; o convenciendo a las redes sociales
estadounidenses de que no permitan los llamamientos a cometer atentados
suicidas a la sombra de la Primera Enmienda.
Es un gesto delicado, que está siempre al borde de las leyes de
excepción. Y por eso es crucial, en estos momentos, no ceder ni sobre el
derecho ni sobre el deber de hospitalidad, más necesarios que nunca
ante la avalancha de refugiados sirios que huyen precisamente del terror
fascislamista.
Seguir recibiendo inmigrantes al mismo tiempo que se incapacita al mayor número posible de células dispuestas a matar.
Abrir aún más los brazos a los fugitivos del ISIS ahora que nos
disponemos a ser implacables con quienes, entre ellos, quieren
aprovecharse de nuestra fidelidad a nuestros principios para infiltrarse
en tierra de misiones y cometer sus crímenes.
No es contradictorio.
Es la única forma de no dar al enemigo la victoria que da por
descontada, que es vernos renunciar al tipo de convivencia abierta y
generosa que caracteriza nuestras democracias.
Y es, lo repito, ese razonamiento inherente a toda guerra justa que
consiste en no mezclar lo que tiene vocación de división, y mostrar, en
este caso, a la gran mayoría de los musulmanes de Francia, que no son
solo nuestros aliados, sino nuestros hermanos y conciudadanos.
* * *
Y, para terminar, lo fundamental.
La verdadera raíz de esta irrupción del horror.
Este Estado Islámico que ocupa un tercio de Siria e Irak y que ofrece
a los artificieros de posibles futuros Bataclan bases, centros de
mando, escuelas de crimen y campos de entrenamiento, sin los que no
sería posible nada.
Sabemos que la semana pasada, en el Sinjar, los peshmerga lograron, con la coalición internacional, una victoria decisiva.
Podríamos mencionar numerosos ejemplos, desde hace seis meses, en los
que los kurdos, que hasta ahora son los únicos que han entablado
combate cuerpo a cuerpo, han visto retroceder sin resistencia a los
malvados soldados de Daesh.
Y, como en otro tiempo en Sarajevo, como en la época en la que
presuntos expertos agitaban el espectro de los cientos de miles de
soldados que iba a hacer falta desplegar sobre el terreno para impedir
la limpieza étnica, en realidad, llegado el momento, será suficiente un
puñado de fuerzas especiales y de asalto: estoy convencido de que las
hordas del ISIS son mucho más valientes a la hora de hacer volar a unos
jóvenes parisienses indefensos que cuando se trata de enfrentarse a
auténticos combatientes de la libertad, y por eso pienso que la
comunidad internacional, si quiere, dispone de todos los medios para
acabar con esta amenaza a la que se enfrenta.
¿Por qué no lo hace?
¿Por qué somos tan tacaños con la ayuda a nuestros aliados kurdos?
¿Y qué es esta extraña guerra que Estados Unidos, con Barack Obama al frente, no parece querer ganar?
Lo ignoro.
Pero sé que la clave está ahí.
Y que la alternativa está clara: “
No boots on their ground” equivale a “
more blood on our ground” (si no hay tropas en su terreno tendremos más sangre en el nuestro).»
Publicado en el Blog de Bernard-Henri Lévy
Massacres à Paris: Et maintenant?
18-11-2015
Bernard-Henri Lévy [Argelia, 5 de noviembre de 1948] conocido en Francia como BHL, es un filósofo y escritor francés.
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| Bernard-Henri Lévy |
Nació en la Argelia francesa en el seno de una familia judía sefardí, se trasladó a Francia en 1954. En 1968 entró en la prestigiosa Escuela Normal Superior parisina donde tuvo como profesores a
Jacques Derrida y
Louis Althusser. En 1971 inició una etapa como periodista de guerra, cubriendo la guerra de independencia de Bangladés.
Uno de los máximos exponentes de los nuevos filósofos franceses.
De vuelta a París, se hizo popular en 1976 como joven fundador de la corriente de los llamados nuevos filósofos [
nouveaux philosophes] franceses, como
André Glucksmann y
Alain Finkielkraut, críticos con los dogmas de la izquierda radical surgida de Mayo del 68.
Se convirtió entonces en un filósofo discutido, acusado de «intelectual
mediático» y narcisista por sus detractores, y valorado por su
compromiso moral en favor de la libertad de pensamiento por sus
defensores.
Además de liderar una corriente filosófica que gozó de una gran popularidad entre los medios de comunicación de Francia, ha trabajado como editor y obtenido un gran éxito como autor de obras filosóficas y literarias. Un ejemplo de esto último es la novela
El diablo en la cabeza, por la que obtuvo el
Premio Médicis en 1984.
En 1990 fundó y dirigió la revista
La Règle du Jeu, ha realizado varias películas, reportajes y programas de televisión. Se ha involucrado en los grandes debates de su tiempo.
Fue muy conocido y comentado su libro La barbarie con rostro humano [1977], donde hace una dura crítica al marxismo y al socialismo como promesas de felicidad que solo conducen a la peor de las desgracias, la «muerte absoluta». Según Lévy, la revolución y el progreso son señuelos.
Lévy preside, desde 1993, el Consejo de Supervisión del canal de televisión francoalemán «Arte».
Se considera que la influencia de
Lévy, que estuvo de visita en Bengasi, fue fundamental para que el presidente Nicolas Sarkozy se solidarizase con los rebeldes de Libia.
La filosofía, dice,
debe mirar al horror de frente. El papel del intelectual es
ir contra corriente y romper la unanimidad si ello es necesario.
Con
El testamento de Dios [1979] divulgó algunas tesis próximas a
Emanuel Levinas, según las cuales hay que escuchar lo que Dios dice en la Biblia, resistirse al orden del mundo y a la violencia.
Uno de sus ensayos,
L´idéologie française [1981] provocó grandes polémicas en su país por cuanto afirmaba que el fascismo había tenido también un origen francés.
También se destaca por otras razones:
Los últimos días de Charles Baudelaire [1988] —será muy interesante leer sobre esta etapa del autor de
Les fleurs du mal, los últimos meses cuando se aferraba al trabajo como único remedio a su doble infierno.
Otros ensayos:
Las aventuras de la libertad [1991],
Mondrian [1992],
Éloge des intellectuels [1992],
La pureza peligrosa [1994],
Hombres y mujeres [1994] y
El siglo de Sartre [2000].
* * *
Muchos se sorprenderán por la elección de BHL para abordar y acercarme a un tema candente, es una de las tantas opciones.
Además de ser el reconocido filósofo y escritor francés que mayormente conocemos, es alquien que opina, a través de su blog* o de los artículos periodísticos.
Bernard-Henri Lévy llama a las cosas por su nombre: se puede discutir cualquier tema y con cualquier persona, pero... no se puede discutir con un dogmático. Y nos habla en este caso de los miedos ante los atentados donde cada persona es un blanco, un frente, un soldado sin saberlo. Lévy nos ayuda a pensar, no en términos de absoluto, no mezclando lo doctrinal que siempre va a tener vocación de división.
C. G.
Mis notas, fuentes, lecturas
- Blog de Bernard-Henri Lévy:
http://www.bernard-henri-levy.com/
- Massacres à Paris: Et maintenant? par Bernard-Henri Lévy:
http://www.bernard-henri-levy.com/guerre-mode-demploi-par-bernard-henri-levy-49203.html
- Estado Islámico, claves para entender: ante el protagonismo del Estado Islámico en los medios masivos... Grupo militar que surgió a raíz de la intervención estadounidense en Irak en 2003. Supervisada por Al Qaeda hasta que decide separarse. Tras la caída de Hussein, el grupo operó en la clandestinidad, hasta que la Guerra Civil Siria creó un vacío de poder en extensas regiones de territorio que favorecieron su resurgimiento.
Este grupo estableció un Estado basado en la ley islámica en territorios de Siria e Irak. Pero ellos quieren:
- operar en todo el mundo, principalmente en Medio Oriente, «para liberar Palestina» (y con ello)
- destruir el estado de Israel.
Sus otros objetivos:
- incrementar
su poder político y económico
- llevar a cabo una persecución religiosa
en contra de los cristianos y los musulmanes chiítas (quienes han entendido las
enseñanzas de Mahoma de manera distinta a los sunitas, doctrina conservadora
del Islam)
Sharia: normas
religiosas, civiles y políticas que definen aquello permitido y prohibido en una sociedad, desde un
punto de vista religioso. No es la constitución o el cuerpo de
derecho de todos los países árabes o musulmanes, es una interpretación
de las lecciones de Mahoma aplicables a la vida pública y
privada. Países que viven bajo la sharia: Arabia Saudita, Irán, Omán
y Yemen.
¿Quién
dirige al Estado Islámico? Abu Bakr al-Baghdadi, autoproclamado califa de todos
los musulmanes. Fuertemente ligado con los viejos generales de Hussein, quienes
hoy entrenan y dirigen a sus tropas.
Tras ser
liberado de un centro de detención estadounidense, se dedicó a actividades
clandestinas con el Estado Islámico de Irak, cuando éste era un grupo de apoyo
de Al Qaeda hasta que fue debilitado por Estados Unidos.
En 2010,
Abu Bakr se convirtió en el nuevo líder de la organización, la reconstruyó de
la mano de los generales de Hussein y perpetró cientos de ataques en Irak. Para
2013, combatió contra las fuerzas leales al presidente sirio Bashar al Assad en
la Guerra Civil Siria, y en 2014, se autoproclamó califa y fundó el Estado
Islámico con la ciudad de Al Raqa como
su capital.
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| Mapa del Estado Islámico actual |
¿Dónde
está ubicado el EI?
Aunque en
un inicio sus operaciones se llevaron acabo sólo en Irak, su poder actual
penetra las fronteras sirias y domina el noreste de Irak y el oeste de Siria.
Controla ciudades como Mosul, Faluya, Al Raqa y múltiples yacimientos petroleros
y de gas, permitiéndole gran afluencia económica. Cerca de 8 millones de
personas viven en los dominios del Estado Islámico.
¿Cómo se
financian?
Es considerado por los expertos como el grupo terrorista más rico y poderoso
del mundo, con alrededor de 2 mil millones de dólares en efectivo listos para
ser usados.
- Se argumenta que bien pudo haber sido
un grupo de guerrilla apoyado por Estados Unidos (como en el caso de Al Qaeda
que creció hasta niveles insospechados). Dicho argumento también está sustentado por
declaraciones de Noam Chomsky en 2014, quien sostuvo que “la aparición del EI y
la difusión general del yihadismo radical, es una consecuencia bastante natural
del martilleo de Washington sobre la frágil sociedad de Irak”.
- Que es un grupo terrorista financiado
por las potencias árabes del Golfo Pérsico: Qatar y Arabia Saudita. La razón de
enfrentar a musulmanes contra musulmanes, radica en que el grupo opera en una
zona de mayoría chiíta, una corriente de interpretación distinta a la sunnita,
misma que domina el resto del mundo del Islam. Irak tiene mayoría de población
chiíta, y la familia Al Assad, que gobierna Siria, pertenece a la secta de los
Alauitas, de la rama chií.
- Que es una
organización sostenible económicamente a través de la venta ilegal de gas y
petróleo, el cobro de impuestos en las regiones bajo su control y actividades
ilícitas como extorsión, contrabando y secuestro. ¿Tendría un Estado recién
creado el poder económico de librar una guerra a gran escala contra los
ejércitos sirio e iraquí sin ayuda internacional?
¿Es el
Estado Islámico un reflejo del Islam?
No, en absoluto. Por mucho que los medios de comunicación que responden a
intereses políticos y económicos quieran adjudicarle la barbarie y el
salvajismo de los terroristas al Islam, éste no debe ser manchado de los
discursos radicales del Estado Islámico. El Islam no es sinónimo de violencia,
y ni siquiera el concepto de la yihad se trata de una idea de llevar la fe a
Mahoma a través de la espada.
En realidad, el conflicto que se vive en Medio
Oriente y que ha desatado una de las crisis migratorias más
importantes del último siglo, poco tiene que ver con religión.
incrementar su poder político y económico, también llevan a cabo una
persecución religiosa en contra de los cristianos y los musulmanes
chiítas; quienes han entendido las enseñanzas de Mahoma de manera
distinta a los sunitas, doctrina conservadora del Islam. - See more at:
http://culturacolectiva.com/7-claves-para-entender-el-surgimiento-del-estado-islamico/#sthash.nJtJODF4.dpuf
http://culturacolectiva.com/7-claves-para-entender-el-surgimiento-del-estado-islamico/
el
Estado Islámico vaya a ser protagonista de las próximas semanas en los
medios masivos - See more at:
http://culturacolectiva.com/7-claves-para-entender-el-surgimiento-del-estado-islamico/#sthash.nJtJODF4.dpufhttp://culturacolectiva.com/7-claves-para-entender-el-surgimiento-del-estado-islamico/
- El País Internacional:
http://internacional.elpais.com/internacional/2015/11/16/actualidad/1447704301_776551.html
- Piero della Francesca, Bernard-Henri Lévy:
http://www.casadellibro.com/libro-piero-della-francesca-incluye-dvd/9788497045704/1847392
- Enemigos públicos,
Bernard-Henri Lévy y Michel Houllebecq:
http://www.anagrama-ed.es/titulo/a_404
- El poder de la palabra:
http://www.epdlp.com/index.php