Mi alma es tan evidente como el hueso en la ciruela.
«Paisaje»,W. S.
«Nacido»
Wistawa Szymborska
Así que esta es su madre.
Esta pequeña mujer.
Causante de ojos grises.
Barca en la que años atrás
llegó a la orilla.
De ella se extrajo
al mundo,
a la no-eternidad.
Procreadora del hombre
con la que saltaré sobre el fuego.
Así que es ella, la única,
la que no lo escogió
ya listo, completo.
Ella misma lo atrapó
en una piel que conozco,
lo ató a unos huesos
escondidos ante mí.
Ella misma buscó con sus ojos
los ojos grises
con los que él me miró.
Así que es ella, su alfa.
¿Por qué me la mostró?
Nacido.
A pesar de todo, nacido él también.
Nacido como todos.
Como yo que moriré.
Hijo de una mujer real.
llegado de las profundidades del cuerpo.
Viajero a omega.
Expuesto
a la inexistencia
por todas partes,
a cada momento.
Y su cabeza
es una cabeza golpeando contra un muro
que cede hasta cierto momento.
Y sus movimientos
son anulaciones
de una condena general.
Entendí
que él ya había recorrido la mitad del camino.
Pero no me lo dijo,
no.
Solo me dijo
—Es mi madre.
[De Mil alegrías —un encanto, 1967]
*
Espero que les haya gustado, que hayan disfrutado de este hermoso poema y de las maravillosas fotografías de Emmet Gowin. Imagénes. Ambos evocando momentos personales, lo cambiante. Ese instante auténtico que no se vuelve a repetir. Creando una atmósfera intimista, y llevándonos —a lectores y espectadores— hacia nuestras propias reflexiones. Logrando ese punctum [Barthes], nuestro estado emotivo y puro, seducidos por las imágenes.
Szymborska y Gowin, poeta y fotógrafo, tienen una manera de mirar, no es la mirada misma, dice Susan Sontag [La fotografía. Breve suma]. Ellos no describen, ellos detallan, aluden, revelan y desnudan. Se exponen y nos revelan a nosotros mismos.
Hasta la próxima lectura,
C. G.
Notas
- Wislawa Szymborska: [1923-2012] Poetisa, ensayista y traductora polaca, ganadora del Premio Nobel de Literatura de 1996.
Este poema pertenece a mi libro Saltaré sobre el fuego, traducción de Abel Murcia y Gerardo Beltrán, e ilustraciones de Kike de la Rubia.
Datos de la autora de la página web «Poéticas»:
https://www.poeticas.com.ar/poemarios/wislawa-szymborska/
Nordica Libros
- Fotografias de Emmet Gowin: [1941, Danville] Elección personal de este destacado fotógrafo estadounidense, uno de los más originales y referente entre los amantes del arte de la fotografía.
Edith and Isaac, Danville, Virginia, 1974
Portrait, 1982, included in the Princeton University Art Museum, Exhibition «Emmet Gowin»
Edith and Elijah, 1974, Newtown [Pennsylvanie]. MacGill Gallery, New York
En las imágenes aparecen su esposa Edith y sus hijos Isaac y Elijah, en pequeños rituales de la vida cotidiana. De lo más íntimo a lo más universal. Ha recibido numerosos premios y sus obras han sido expuestas y adquiridas en instituciones de casi todo el mundo.
En uno de los tantos reportajes dijo:
Para mí, las fotos son una forma de retener, intensamente,
un instante de comunicación entre un ser humano y otro.
Emmet Gowin at Morgan Library & Museum:
http://aperture.org/blog/behind-scenes-emmet-gowin-morgan-library-museum/
- La cámara lúcida. Nota sobre fotografía, Roland Barthes:
Pórtico adelantado a la fachada principal [Iglesia de Santiago, La Coruña].
La mística pareja.
Siempre, desde que nací, he visto
adosados a las jambas de la portada
principal de la vieja iglesia a los dos
adorantes: ella, la santa, envuelta en la
plegadura rítmica de su faldamenta
de ricahembra; él, el santo, sencillamente
extendidas las manos largas y
puras, que salen de las mangas de una
tunicela, bajo amplio manto multíplice.
La sonrisa, misteriosamente expresiva,
no se borra de sus labios de piedra;
sus ojos sin pupila no pestañean
ni experimentan necesidad de cerrarse
para el reposo del sueño en transitoria
ceguera, en muerte transitoria.
Los adorantes viven sin interrupción
su extraña vida: de día se recogen en majestuosa tranquilidad; de noche,
cuando la obscuridad protege su idilio o la luna convierte el pórtico en labor
de plata recién fundida, actívase el vivir
irreal de las estatuas.
A la primer ligera, fluida caricia de
la luna, los adorantes parece que continúan
serenos en contemplación; pero observadles bien: algo estremece los
paños de su ropaje; algo vibra en sus
manos extendidas para la plegaria; algo
muy sutil intenta despegar y agitar
sus bucles de granito para que se electricen
como las cabelleras vivientes.
Observadles despacio, sí; derramad
en vuestra alma oprimida por la carne
la esencia del alma de esas místicas
figuras, y notaréis que un gran balo
sentimental irradia de ellas, de su forma,
de sus cabezas sin aureola.
Salid de casa a las horas de soledad, a las horas de silencio y de helada
nocturna, o cuando el verano hace azul
y tibia la sombra, y considerad fijamente,
sentados en el pretil del atrio, a los adorantes, que se miran, que no
cesan de mirarse, que se mirarán mientras
no sean arrancados de su lugar
por los profanadores.
Detrás de la mística pareja, la puerta
sombría, cerrada, atrancada con ese
aspecto severo y ceñudo de las puertas
enormes, que evocan la inflexibilidad
del destino, lo hermético del porvenir,
parece una amenaza.
Y los adorantes, que jamás entrarán
en la iglesia, aunque su ingreso se abre
ante ellos todas las mañanas de par en par; los adorantes, a quienes retiene
suspensos en el aire misterioso entredicho,
se transmiten sin palabras secretos
de mundos que no se asemejan
al nuestro.
En la invisible difusión de las ondas
del aire se envían confidencias. Y lo
inefable de lo que se dicen les transporta,
es un éxtasis de azucena desmayada
y en deliquio dulce bajo el rocío.
Late en los adorantes, palpitando como
las palomas cuando las tenemos
agarradas, la idea de una existencia
ultraterrestre, exaltada con divina
exaltación.
Bajo sus pies, juntos y largos, de
calzado puntiagudo, corre la otra vida,
la vida de barro, la ruidosa, la turbia,
la mezquina, la corruptible. Esta vida
rueda en ondas por la calle, bulle en el
atrio, trepa por las escaleras, entra en
el templo, murmura rezos sin efusión,
se expansiona al volver afuera con estrépitos
vanos y conversaciones desabridas
sin objeto.
Y los adorantes, sordos a la chusma,
ignorantes de sus vociferaciones, insensibles
cuando los chicos, precoces
pelotaris, les envían balas rechazadas
por la rigidez de la piedra, siguen mirándose,
bebiéndose, absorbiéndose.
Sus manos hieráticas, bellas, suplicantes,
no se desunen; sus cuerpos no
se aproximan.
Nada temen los adorantes, como no
sea algún cataclismo de la tierra, alguna
violencia de los hombres, que
impulsando sus masas les precipite al
uno contra el otro.
Saben o adivinan la mentira de las
uniones, la decepción de los intentos
de identificarse acercándose.
Quieren evitar lo que les haría pedazos,
conservar su figura delicada, su
gracia mística, su calma engañosa, interiormente
trepidante de ilusión y de
afán.
La ciudad duerme; los propios angelotes del retablo de la iglesia han
cerrado sus párpados, fatigados del luminar
de los cirios y del apremio de las
oraciones. La luna, rompiendo un velo
de nubes, asoma como una gota de
llanto cuajada y fría. Las duras ventanas
cerradas; el paso tardo del sereno;
las campanadas graves del reloj de
Palacio, son cosas solemnes en que
hay lo hermoso de lo triste sin causa.
Y los adorantes, solos, quisieran, sin
unirse, acercarse un poco más, sólo un
poco, no mucho.
A la distancia en que un perfume
de flor es suave todavía y no embriaga
aún.
A la distancia en que las líneas del
rostro que se lleva dibujado en las entrañas
no se ven borrosas, pero tampoco
se marcan con relieve excesivo, sino
que las idealiza una delicada bruma.
Quieren balbucirse cláusulas que el
viento de la noche conduce de espíritu a espíritu, sin que los sorprendan los
curiosos apóstoles de la archivolta,
perpetuamente inclinados en actitud
de no perder de vista a los adorantes.
Y él le dice a ella:
Daniel F. Gerhartz
—¿"No recuerdas que hace seiscientos
años, la noche de nuestras bodas,
cuando por primera vez, lisas de juventud
nuestras mejillas, inmaculadas
nuestras vestes, nos dejaron solos aquí,
mirándonos, la luna semejaba como
hoy, una perla gris muy melancólica,
y los luceros asomaban cansados, sin
brillo? El mundo era viejo ya cuando
principió nuestra juventud infinita.
Y ella a él:
—Me acuerdo que desde entonces todas
las noches me hablas, y el silencio
es un cántico.
Y él á ella:
—Los niños jugaron en el atrio esta
tarde. Sus voces sonaban alegres. Puede
que ellos no comprendan lo enfermo
que está el mundo, lo caduco de todo.
Y ella á él:
—¿No notas cómo todavía andan flotando cabos del incienso de la última
procesión? La cera huele a muerte, el
incienso a paraíso. Pero, estando ahí
tú, frente á mí, ni deseo la libertad ni
la bienaventuranza.
Y él á ella:
—No hace mucho cruzaron entre tú
y yo dos que venían a unirse delante
del altar. El vestía de negro y estaba
descolorido. Ella se cubría el albo traje
con velo de albo tul, y se coronaba con
flores de naranjo. Debajo del velo resplandecían
las joyas. Temblaba, y el
color de su cara ruborizada se transparecía.
Su ropaje caudaloso la seguía
por los peldaños como una catarata espumante.
Al salir oí que él pronunció:
—¡Para
siempre!—Iban ya del
brazo... Y después he vuelto a verles,
pero nunca juntos.
—Extraño,—opinó ella.
Insistió él:
—Y no habrás olvidado aquella otra
pareja que, a la media noche, al descender la última campanada, buscó
asilo en este pórtico, entre nosotros. No
querían que los viesen. El calor de sus
cuerpos traspasaba la piedra de mis
pies. Sus promesas precipitadas, repetidas,
suspiradas, eran fuego; yo creí
que un incendio nos envolvía, poniendo
término a nuestra dulce contemplación.
No dialogamos aquella noche:
los dos refugiados la encontraron corta
y no se apartaron hasta que el amanecer
horripiló de frío sus calcinados
huesos. ¡Cómo te alarmaste, cómo tendiste
tus manos imploradoras! Y la
noche siguiente volvieron y nos hicieron
sentir algo no sentido, envidia miserable
de la vida terrestre... Pero ya
nunca más les vimos, y estoy seguro
de que no se ven tampoco ellos, separados
por ríos, montañas y mares, por
océanos de distancia, de olor, de desengaño.
¿Verdad que es incomprensible?
— Incomprensible, — declara pensativa.
—Extraordinaria esta casta de los
hombres,—reprueba él.
—¡Ten piedad!—sugiere ella.—¡A
mí me contristan cuando les traen
ahí, a la nave, a depositarlos sobre un
túmulo, y huele tanto a cera, y el rezo es hondo y anuncia terrores sin fin.
¡Son mortales! Su corazón es mortal...
Y él repite, bajo:
—Morir...
—
Y ella susurra:
—Morir...
Cuando le enseñé a un arquitecto famoso
los adorantes un día en que los
alelíes de las grietas florecían y las golondrinas
se posaban sobre los curiosos
apóstoles de la archivolta, el sabio objetó:
—Esas figuras no tienen razón de
ser. Ni dan solidez al edificio, ni se
explican ahí colgadas. ¿Que hacen,
me quiere usted decir?
Creo que respondí:
—Adorar...
*
Espero que hayan disfrutado de esta lectura que es toda luz. Luz de luna que revela percepciones, figuras arquitectónicas y efectos provocados por las finas y contundentes palabras de los personajes. Arquitecturas enigmáticas de Doña Emilia: figuras estáticas que cobran dinamismo en un decir plácido, introspectivo, de observadores. Perturban en un escenario onírico, pausado, con un sentido teatral. Sensible. Amoroso. Agudo. Luces y sombras del amor que revelan esencias del alma ante la inflexibilidad del destino y lo hermético del porvenir. El deseo atemporal de querer conservar la gracia mística, en delicada bruma. Anhelos de un ayer que traslado a una reflexión de hoy.
- Emilia Pardo Bazán: [1851-1921] Considerada la mejor novelista española del siglo XIX y una de las escritoras más destacadas de la literatura toda. Además de novelas y cuentos, escribió libros de viaje, obras dramáticas, composiciones poéticas y artículos periodísticos.
- Las artes en Emilia Pardo Bazán. Universitat de LLeida. Facultad de Filología. Yolanda Latorre Ceresuela:
file:///Users/Cecilia/Downloads/TYLC2de7.pdf
Un refugiado sirio recibe a un bebé a través de un agujero que encuentra en un vallado de alambre de púas. Él ya ha logrado cruzar la frontera desde Serbia hacia Hungría, cerca de Röszke [Hungría] y Horgos [Serbia].
Hungría había endurecido su postura hacia los refugiados que intentaban entrar al país. Así fue que construyeron esta valla de cuatro metros de alto para impedir el paso ilegal.
El fotógrafo australiano Warren Richardson, ganó la máxima distinción del fotoperiodismo mundial con esta imagen en blanco y negro: «Llevaba acampando cinco días con los refugiados, esperando el momento. Ellos se movían sigilosamente bajo los árboles. El momento llegó, enviaron a las mujeres y niños primero. Era alrededor de las tres de la madrugada y no podía usar flash porque eso hubiera significado delatar a los padres, mujeres, niños, ancianos,... que intentaban escapar. Sólo usé la luz de la luna».
«Hope for a New Life»
[28-8-2015]
1.˚ Puesto Spot News y Foto del Año
Warren Richardson [Australia]
*
El fotógrafo colimense Sergio Tapiro logra esta increíble imagen del Volcán El Colima [México], tomada en diciembre de 2015. Un cielo nocturno es el telón de fondo del gigante en erupción. El material incandescente y la gran nube de ceniza, donde se forma un rayo brillante de 600 metros de largo, impactan al espectador. Este fenómeno se llama «tormenta sucia», es cuando las partículas minerales que expulsa el volcán chocan entre sí y provocan reacciones eléctricas.
Tapiro logró esta maravillosa instantánea siguiendo los monitoreos geológicos del volcán, lo que le permitió captar la explosión del 13 de diciembre de 2015. Para ello, acampó a unos 12 km y comenzó a tomar fotografías a las 19:30 h, casi cuatro horas después consiguió la imagen.
«The Power of Nature»
[13-12-2015]
3.˚ Premio Categoría Naturaleza
Sergio Tapiro [México]
*
El esquiador checo Ondrej Bank tropezó y perdió el control justo antes del último salto previo y alcanzar la meta. Sufre esta caída durante el Campeonato del mundo de esquí alpino, en Beaver Creek Colorado.
«FIS World Championships»
[8-2-2015]
1.˚ Premio Categoría Deportes
Christian Walgram [Austria]
*
World Press Photo 2016 es un concurso único en su género. Distingue a fotógrafos profesionales de prensa y documentales. Este año el jurado entregó premios en ocho categorías: actualidad, vida diaria, noticias, proyectos a largo plazo, naturaleza, personas, deportes y noticias de deporte.
Los profesionales arriesgan su vida en muchas ocasiones, en otras pasan horas esperando el momento oportuno de captar la imagen que nos haga reflexionar, cause admiración o simplemente nos muestre facetas desconocidas del mundo que habitamos. Todas experiencias inspiradoras para personas que no son indiferentes a recibir sensaciones, a recibir lo que este arte nos cuenta con su propio lenguaje sensorial y estético, sensible y valiente.
Recomiendo visitar esta exposición de fotografías de gran prestigio a nivel mundial, en el Museo MAR de Mar del Plata, con charlas, visitas guiadas y talleres. Un homenaje especial a José Luis Cabezas, a 20 años de su muerte.
¡La disfrutarán!
C. G.
Notas - MAR, Museo de Arte Contemporáneo:
https://www.facebook.com/MAR-Museo-752755064756507/ - World Press Photo:
https://www.worldpressphoto.org/
- Christian Walgram:
https://www.worldpressphoto.org/collection/photo/2016/sports/christian-walgram
- Wistawa Szymborska: [1923-2012]Escritora polaca, una de las voces más originales de la poesía contemporánea. Premio Nobel de Literatura 1996.
Extracto del poema «Puede ser sin título», del libro Saltaré sobre el fuego.
Con uno de sus poemas digo adiós a un poeta, aunque él no se llamaba así. John Berger decía que la palabra «poeta» es más un adjetivo que un sustantivo, por lo que uno mismo difícilmente podría presentarse como como tal: solo al lector corresponde decidir si un poeta lo es.
John Berger falleció el pasado dos de enero, a los noventa años en París. Escritor, pintor, humanista y crítico de arte británico, publicó sus poemas en antologías parciales o en las páginas de sus libros de narrativa o ensayo.
En la obra de Berger hay dos constantes, dos temas que ocupan sus páginas: el trabajo artístico e intelectual y la urgencia del presente, lo que está sucediendo. No podía escapar a la experiencia de la inmigración, en todo su amplio sentido. La gente que se desplaza de su lugar de origen voluntariamente o por motivos forzosos.
El exilio y la inmigración son su tema fundamental, es que si uno no lo pone en palabras, decía, se corre el riesgo de que quede silenciado, oculto.
John Berger borra las fronteras —si acaso existieran— entre lo físico y espiritual, potencia con su arte del decir y sentir nuestro imaginario del migrante. Lo convierte en algo positivo, activo y transformador. Nos muestra a un hombre —que también lo es— sensible, que desea y sueña. Nos lo focaliza con sus ojos increíblemente azules, nos lo dibuja con su lápiz rugoso. Nosotros lo palpamos con los oídos bien abiertos.
Por todo esto, la elección del poema:
Palabras migrantes
Migrants Words
Photographed by Jean Mohr
En un hoyo en la tierra / In a pocket of earth
Enterré todos los acentos / I buried all the accents
de mi lengua natal / of my mother tongue
ahí yacen / there they lie
como agujas de pino / like needles of pine
que juntaron las hormigas / assembled by ants
puede que un día / one day
el llanto vacilante / the stumbling cry
de otro viajero / of another wandered
los encienda / may set them alight
y así, con su abrigo y consuelo / then warm and comforted
oiga toda la noche la verdad / he will hear all night
como una canción de cuna / the truth as lullaby
John Berger
Hasta la próxima lectura,
Los huéspedes más alegres han partido
desaparecieron los verdes atavíos
la luz sin sombra acepta de mala gana
la escarcha en los cristales.
Donde amantes y hierbas
gastaron sus semillas
en grietas de hierro
ahora el hielo hace las camas.
Pero no te complazcas en la pena,
ojo de ratón del petirrojo,
silencio reptante,
estas cautelosas líneas,
en sus circunloquios
son silenciosos testigos
de la persistente
ocupación del hombre.
«Despedida»
John Berger
Notas - Poesía, John Berger: Poemas escritos entre el año 1955 y 2008. Lo acompaña un CD con la voz del autor.
http://ep00.epimg.net/descargables/2014/07/25/4b79962df38215fae6a276a2926078fd.pdf?rel=mas
Colección Poesía / La voz del poeta. Publicación: 2014.
- Un séptimo hombre, John Berger y Jean Mohr:[A Seventh Man], el conocido libro de John Berger y Jean Mohr sobre migrantes en Europa, nos habla y muestra —como lo podría hacer un trabajo de ciencias sociales—, proporciona y significa una sólida evidencia textual y fotográfica sobre el tema de la emigración europea de los años sesenta / setenta.
http://www.antropologia.cat/files/Quaderns-e16(1-2)_Becker.pdf
Traducción de Eugenio Viejo, Capitán Swing, 2015, 234 páginas.
- John Berger Website: [Londres, 1926 - París, 2017] Ampliamente conocido por su producción narrativa, en la que destaca la
novela G., ganadora del Booker Prize en 1972, o la trilogía De sus fatigas —compuesta por Puerca tierra [1979], Una vez en Europa [1983] y Lila y Flag [1990]—, así como por sus ensayos, fundamentalmente
por los dedicados al campo del arte y la estética y, entre ellos, el ya clásico Modos de ver [1972]. Autor
radicalmente comprometido con su tiempo, ha sabido dar voz a distintas causas —entre ellas, la denuncia de
la acelerada destrucción del mundo rural— sin dejar por ello de construir una de las obras más personales
e interesantes del panorama literario e intelectual contemporáneo. En 2006 Berger recibió la Medalla de
Oro del Círculo de Bellas Artes.
http://www.johnberger.org/
- Jean Mohr Website:
http://www.jeanmohr.ch/
Fotografía de la película: En Voyage avec Jean Mohr, de Villi hermann, 1992. http://www.jeanmohr.ch/itineraire/droits-de-l-homme-travailleurs-migrants
Editorial Anagrama, Barcelona
Traducción: Maribel De Juan. Ilustración: Ángel Jové
Ejemplar del Club de Lectura Mar del Plata
Los lectores de Paul Auster, que son muchísimos y en aumento, no necesitan presentación. Pero hay otros, ocasionales o conocedores sólo de sus títulos, lectores atraídos por sus entrevistas o reseñas de sus obras, que les cuesta quizá tomar la decisión de elegir uno de sus libros.
No es para menos en el caso de estar frente a un escritor tan prolífico y publicitado. Si bien es famoso por su Trilogía de Nueva York [1985-87, Ciudad de cristal, Fantasmas y La habitación cerrada], destaco otros: La invención de la soledad [1982], El palacio de la luna [1989], El cuaderno rojo [1995], Tombuctú [1999], El libro de las ilusiones [2002], La noche del oráculo [2004], Brooklyn Follies [2005], Un hombre en la oscuridad [2008], y su novela autobiográfica, Diario de invierno [2012], entre muchos más que también valen la pena.
Esta es una invitación a leer [o releer porque lo merece] una de las novelas, Leviatán, de este autor neoyorquino y actual, que seguramente conocen de una u otra manera. Paul Auster no sólo es protagonista desde hace muchos años de la literatura contemporánea estadounidense, sino también de la europea y de nuestro país, Argentina, al que visita asiduamente.
Lo considero un gran narrador de nuestro tiempo. Sin duda muy publicitado, sí. Bueno, que su fama y publicidad no impida el acercamiento de algún lector desconfiado de tanto atributo que los medios seguramente potencian —a veces con obstinadas armas que terminan jugando en contra.
Para no alimentar tales prejuicios, me limitaré a pasar al comentario de Leviatán, y dejaré en sus manos la calificación y decisión de lectura de un autor, que, siempre nos está recordando algo interesante en sus ficciones:
el azar es una posibilidad.
Quizá el encontrarse con esta lectura lo sea.
Leviatán,
mi comentario
La historia comienza con un acontecimiento trágico, con fecha y lugar precisos: a finales de junio de 1990, un hombre sentado al borde de una carretera junto a su coche, en el norte de Wisconsin, ha volado en pedazos, al parecer por una bomba que él mismo estaba fabricando. Su identidad parece ser un difícil cometido a resolver por las autoridades, ya que tanto el auto como los documentos que se encontraron en el lugar, eran robados, y las huellas dactilares, imposibles de tomar —sin entrar en detalles morbosos que ya imaginarán.
En el momento en que los lectores [siempre ansiosos y adueñándonos de lo que no nos corresponde] estamos dispuestos a ver cómo prospera la investigación llevada a cabo por el FBI, la policía y toda parafernalia estadounidense,... [había que descubrir la identidad de la destrozada víctima], nos encontramos con la primera sorpresa que nos descoloca: el relator que nos está contando la historia, nos confiesa que también la está escribiendo en su casa alquilada de Vermont. Y no quiere, de ninguna manera, que la investigación de la policía se adelante a su escritura, pues en ese caso su historia perdería todo sentido.
¿Dónde estamos parados los lectores, entonces? Recapitulando, dirán muchos con ágil gimnasia lectora: el narrador en primera persona es un personaje dentro de la misma historia y a partir de aquí todo toma otro rumbo de la idea primera que nos habíamos hecho. No los quisiera complicar, pero aquí también hay «un ingenio extra», para llamarlo de alguna forma. Esta voz narradora en primera persona testigo, que no podría conocer tan profundamente a los personajes como se nos presentan, se transforma en una tercera omnisciente en algunos casos, sobre todo en los que él mismo Aaron es el centro de la acción.
El narrador protagonista es un escritor de novelas, y se siente en la obligación de escribir la historia de Benjamin Sachs [ya conocemos el nombre por él, no por los investigadores], antes de que la prensa destroce la reputación de su amigo.
¿Cómo sabe el escritor personaje que el muerto de cuarenta y un años es Benjamin Sachs?, y ¿por qué debe, por el momento, ocultar su identidad? Bueno, son cuestiones que irán develando a medida que avancen en la lectura. No se desanimen si la historia les pareció enredada con este principio, no lo es, pero sí tiene los condimentos para tenernos alertas y partícipes, disfrutando. Porque ya tenemos un permiso, sí sí, el permiso del escritor protagonista que sabe que vamos a ir un poco más allá, adueñándonos de la historia y aventurándonos en hipótesis. Si no me creen, miren lo que dice el personaje [que encontrarán muy atractivo]:
No tengo ni idea de la gente que lee mis libros.
Entro en la vida de esos desconocidos [nosotros], y mientras tienen mis libros en sus manos, mis palabras, son la única realidad para ellos.
Y como si fuera poco, continúa diciendo:
A veces sucede que esas personas [nosotros] están locas.
Leen tu libro y algo de él toca una cuerda del fondo de su alma, y piensan que...
Muy irónicamente gracioso, Auster usa este tipo de sarcasmo que no llega nunca a la irritación, un placer.
Mentir sin remordimiento de conciencia, desdoblarse, como fingiendo una actuación y ver todo como quien mira una obra de teatro donde las escenas se suceden sin daños colaterales, son algunos de los mecanismos a los que apelará el escritor protagonista [pido disculpas si repito esto de «escritor protagonista», es que no quisiera que se confundieran estos dos roles tan importantes]. Las facetas psicológicas son un plato fuerte.
La casa alquilada de Vermont, donde el escritor está trabajando, tiene su propia historia, como así él mismo, con una esposa e hija [muchos dicen el alter ego del mismo Auster, personalmente creo que tiene también mucho de Sachs]. Cumplir con la promesa de guardar un secreto y que ese secreto salga a la luz a través de las páginas de una novela parecieran dos premisas inviables [o al menos para pensar], sin embargo el narrador ya nos habló del desdoblamiento y de la «falta de culpa», si vamos prestando atención a sus comentarios «al pasar».
El atractivo que tiene siempre leer sobre escritores, sus dudas, búsquedas y mundos ficcionales que tocan realidades [y a veces las contaminan], es un plus en una historia de suspenso, con ritmo urbano neoyorkino a veces, acompasado con vívidas nevadas otras o cálidos atardeceres californianos con aromas a madreselva. Todos los paisajes interactúan con los estados de ánimo y vivencias.
Con un lenguaje plagado de gracias y agudezas no solo intelectuales, también pueriles que nos relajan, nos vamos enterando de la amistad, dudas existenciales y del trabajo de los dos escritores, el ya nombrado Benjamin Sachs y Peter Aaron, nuestro escritor protagonista [y narrador]. Leer sobre sus personalidades masculinas será un deleite. Y no quiero omitir un viaje, ese tipo de viaje tan particular que es el que se hace a través de uno mismo, quizá el más largo y arriesgado que se pueda emprender.
A esta dupla de amigos se sumará Fanny, la esposa de Ben Sachs, y entre los tres, pero no necesariamente juntos, las charlas sobre arte, literatura y la vida nos llevarán a otros encuentros y sus historias.
Benjamin había escrito un libro histórico con bastante éxito, El nuevo coloso, situado entre 1876 y 1890 y basado en hechos reales. La lectura de esta obra por parte de Peter es uno de los puntos de partida de una amistad que incluye admiración mutua. La relación entre ellos dará lugar a la de Peter con una excéntrica artista llamada María [personaje clave], y ella a su vez nos hará conocer a su mejor amiga, la atractiva Lillian Stern. Hay momentos de gran seducción y erotismo.
María era artista.
El trabajo que hacía no cuadraba en lo que comúnmente conocemos.
Algunos decían que era fotógrafa, otros escritora o la llamaban conceptualista.
Ninguna de estas descripciones era exacta.
Viviremos, que no les quepa duda, episodios muy singulares: métodos con los que llevan a cabo sus trabajos artísticos experimentales, el misterio de una novela inconclusa llamada... Leviatán, ciertas fobias conectadas con actos políticos y maneras de redimirse nada convencionales, o sí, cada uno con sus métodos de salvación.
La política y realidad social de esos años [los que rodean1989] donde el mundo sufría cambios extraordinarios son el marco y fondo de un argumento que se nos hace verosímil: la caída del Muro de Berlín, Václav Havel convertido en el último presidente de Checoslovaquia, la finalización de La Guerra Fría,... hasta el terremoto de San Francisco y Reagan presidente. Y mientras tantas cosas importantes sucedían, Sachs, dice Peter, seguía allí, como una partícula solitaria en la noche americana.
También volamos al pasado con un negación a ir a la guerra de Vietnam.
A pesar de los años que han pasado, tiene una gran actualidad y efecto conmemorativo en los lectores, sobre todo por lo que se está viviendo en lo que respecta a los sentimientos nacionalistas y a veces peligrosamente dogmáticos en el sentido de recuperar ciertos valores sociales a cualquier precio.
Los lectores de Auster se sentirán en casa con algunas referencias autobiográficas. El protagonista, por ejemplo, ha vivido varios años en Francia para no ser llamado a Vietnam y traduce a poetas franceses. También encontrarán algunos recursos o lugares conocidos, como el capricho del destino que de repente todo lo cambia. Lo cuento sólo a modo de un dato más, suele ocurrir con otros escritores. Como sea, todos tendrán el placer, no siempre dado, de encontrarse a sí mismos en muchas vueltas de página.
Casi toda la historia transcurre en Brooklyn, pero también en otros distritos de Nueva York, como el Bronx y Manhattan.
Los cambios de roles sobrevuelan toda la novela, el personaje que creíamos tener calificado con determinada personalidad, nos obliga a dar un viraje en nuestra apreciación. Descubrimos los personajes y ellos se descubren, no siempre son lo que parecen, al menos bajo la mirada del otro. Sí, todo está cargado de una irremediable ambigüedad, pero todo se irá dilucidando, aunque como Peter, prefiramos aferrarnos a las dudas hasta último momento.
Las dudas... Y leo en muchas reseñas que hablan de una biografía, bueno, en una parte el protagonista habla de los recuerdos en los que se basa para escribir su novela [no tiene otra cosa en qué apoyarse], y nos aclara que no es una biografía ni un retrato psicológico de Sachs principalmente, y de los personajes que interactúan con él: No hay nada definitivo, sólo estoy en posesión de una comprensión parcial... no puedo descartar la posibilidad de equivocarme, de que la verdad sea muy diferente.
Aunque debo decir que es mucho lo que sabrán de él, y será un personaje muy atractivo, más allá de su admiración a Thoreau y su idea de cómo debía plantarse ante la vida. Porque Sachs es un hombre que siente ira ante la hipocresía política y los mitos nacionales.
Al margen de las ideas profundas, están las anécdotas de todo tipo, eróticas, fraternales y de la niñez. El relato que le hace a Peter y a Fanny de su visita con la madre a la Estatua de la Libertad cuando tenía seis años es realmente apoteósico.
Recomiendo esta lectura, que tiene la particularidad de hacernos sentir en un medio familiar, aunque para nada lo es, así la transitamos, con esta confianza y comodidad. Es que la historia, como les dije al principio, nos la está contando Peter, un escritor que es parte y conoce muy bien a cada uno de los personajes.
Hasta la próxima charla de libros, espero que hayan disfrutado de este comentario y ahora aborden con ganas la lectura de esta novela, muy corta, apenas 269 páginas, dos meses en la vida de Peter Aaron.
C. G.
- Algunos párrafos y frases elegidos: - No creo que nadie me haya desarmado nunca tan totalmente como lo hizo Sachs aquella tarde. Entró a saco desde el principio, asaltando mis mazmorras y escondites más secretos, abriendo una puerta cerrada tras otra... una actuación típica de él... su forma de moverse por el mundo. [Pág. 28, cuando Peter y Sachs se conocen].
- Dado su carácter y su particular modo de mantener vivas todas las facetas de su personalidad, uno suponía que Sachs no estaba casado. Parecía demasiado desarraigado para la vida doméstica, demasiado democrático en sus afectos para ser capaz de mantener relaciones íntimas con una sola persona. [Pág. 30].
- Tampoco Fanny era la clase de esposa que parecía adecuada para él... [la que Peter se podría haber imaginado]... una mujer dócil y maternal, dedicada a proteger a su hombre-niño... Pero Fanny era en todo su igual, una mujer compleja y sumamente inteligente... era Sachs quien tenía el talento [en sus veinte años de matrimonio] para entenderla y mantenerla en equilibrio consigo misma. [Pág. 30, Fanny esposa de Sachs].
- No digo que sea malo. Es joven, simplemente. Demasiado literario, demasiado orgulloso de su propia inteligencia. [Pág. 31, Sachs hablando de su primer libro].
- Nació el 6 de agosto de 1945... Se refería a sí mismo como el primer niño de Hiroshima nacido en Estados Unidos, el verdadero niño de la bomba, el primer hombre blanco que respiró en la era nuclear... siempre me pareció que esto era una exageración. [Pág. 35, Peter hablando de Sachs]. - Un detalle importante, las ideas políticas de Sachs nunca encajaban en categorías convencionales. Desconfiaba de los sistemas y las ideologías, y aunque podía hablar de ellos con considerable comprensión y profundidad, la acción política se reducía para él a un asunto de conciencia. [Pág. 38]. - Mi primer matrimonio se había roto dos años antes y en mi destino no estaba conocer a Iris hasta finales de febrero, para lo cual faltaban sus buenos tres meses, Mi hijo David tenía tres años... [Pág. 40, Peter]. - Mrs. Sachs [la madre de Sachs] me agradó enormemente... su aspecto no era en absoluto de viejecita o abuelita... una mujer franca, con opiniones, y un sentido del humor desinhibido... cuando se trataba de política, demostraba tener una lengua perversamente afilada... era una matriarca subversiva que aún disfrutaba lanzando puñetazos al mundo. [Pág. 41].
- Nunca tenía la sensación de estar perdiendo el tiempo. Eso no significa que no fuese productivo, pero el muro que separa el trabajo y el ocio se había desmoronado para él hasta tal punto que apenas se daba cuenta de su existencia. [Pág. 55, acerca de Sachs].
- [...] me presentó a su mujer. Fanny, graduada en Historia del Arte... terminando su tesis sobre paisajismo norteamericano del siglo XIX. Por casualidad la había visto bastantes veces antes... la encontraba atractiva, pero nunca pude reunir el valor necesario para hablarle. Había algo en su elegancia que intimidaba... [Pág. 56, Peter hablando de Fanny, la esposa de Ben].
- No era graciosa en el sentido que podía serlo Ben,... sin embargo yo siempre tenía la sensación que era la más lógica de los dos, la más inteligente, la más analítica. La mente de Ben era toda intuición, osada pero no especialmente sutil, una mente a la que le gustaba correr riesgos, penetrar en la oscuridad, hacer conexiones improbables. Fanny, por el contrario, era concienzuda y desapasionada, perseverante en su paciencia, nada propensa a los juicios rápidos o los comentarios infundados. [Pág. 58, algo de las personalidades de Fanny y Ben, según la mirada de Peter].
- No conviene quedarse anclado en el pasado. La vida es demasiado interesante para eso. [Pág. 61, Fanny, la esposa de Ben, a Peter].
- Una cosa lleva a la otra... de no haber sido por la ruptura de mi matrimonio con Delia Bond, nunca habría conocido a María Turner, y si no hubiese conocido a María Turner, nunca me habría enterado de la existencia de Lilian Stern, y si no me hubiese enterado de la existencia de Lilian Stern, no estaría aquí sentado escribiendo este libro... Cada uno de nosotros está relacionado... no me sería posible contar la historia de Sachs sin contar al mismo tiempo cada una de nuestras historias. [Pág. 66].
- María fue el vínculo entre Sachs y Lillian Stern, y de no ser por la costumbre de María de cortejar cualquier tipo de dificultades que se le pusieran por delante, Lillian Stern nunca habría entrado en escena. [Pág. 80, primavera de 1976].
- La mayoría de la gente se habría olvidado de ella, creo yo, pero María no era persona que rehuyese las oportunidades inesperadas o hiciese caso omiso de las insinuaciones del azar. [Pág. 81, cuando María encuentra la libreta con el nombre de Lillian].
- Lillian no había cambiado. Era la misma chica estupenda que había conocido siempre. Alocada, traviesa, excitante. No se consideraba a sí misma una furcia o una mujer caída, su conciencia estaba limpia. Eso era lo que me impresionaba tanto: su absoluta libertad interior, su forma de vivir de acuerdo con sus propias normas sin importarle un comino lo que pensaran los demás. [Pág. 89, María contando de su amiga a Peter].
- Fueron precisos tres años... nuestros caminos se cruzaron en el piso de Sachs... aparecí en el momento oportuno... yo era únicamente un hombre entre muchos hombres posibles, mercancía averiada... ella estableció las reglas... y yo las cumplí... Todo era juego para María, una llamada a la invención constante, y ninguna idea era demasiado disparatada como para no probarla una vez. [Pág. 93, Peter contando de su relación con María].
- La culpa es un poderoso persuasivo, y Delia instintivamente pulsaba los botones adecuados siempre que yo estaba cerca. [Pág. 94, Peter hablando de su ex esposa].
- Abrirse a mí parecía aliviar cierta presión en su interior, ahora que ella también había cometido un pecado, quizá podría perdonarle los pecados que él había cometido contra ella. Ésta era la economía de justicia, por así decirlo, el quid pro quo que convierte a la víctima en victimario, el acto que equilibra la balanza. [Pág. 102, Fanny con Peter]. - «Hasta el mes pasado yo siempre había pensado que el vuestro era un matrimonio perfecto».
«Nunca sabemos nada de nadie. Yo solía pensar lo mismo acerca de tu matrimonio y mirá lo que os sucedió a Delia y a ti. Ya es bastante difícil seguir la pista de uno mismo. Cuando se trata de otras personas, no tenemos la más remota idea». [Pág. 113, diálogo entre Peter y Ben].
- Luego vino mi encuentro con Iris, y la locura de aquellos dos años terminó bruscamente... eso ocurrió un año después de que Fanny y yo rompiésemos nuestra relación amorosa, seis años después de que empezase mi amistad con Sachs... Maria Turner fue la que hizo posible ese encuentro... no fue nada intencionado... fue la noche que María inauguraba su segunda exposición... María como espíritu del azar, como diosa de lo impredecible. [Pág. 118, 119 Peter contando su encuentro con la que sería su segunda esposa].
- Comenzó la era de Ronald Reagan... la posición de Sachs se hizo cada vez más marginal... casi imperceptiblemente, llegó a ser considerado un caso atávico, alguien en discordia con el espíritu de la época... el mundo había cambiado a su alrededor... ya era bastante malo que la derecha estuviera en ascenso... El Partido Demócrata se había hundido; la izquierda había desaparecido; la prensa estaba muda... Sachs continuó fastidiando, defendiendo aquello en lo que siempre había creído, pero cada vez eran menos las personas que se tomaban la molestia de escucharle. Él fingía que no le importaba... la batalla le estaba agotando. [Pág. 121].
- De repente me daba cuenta de que ya no éramos jóvenes... nuestras vidas se estaban escapando...estábamos envejeciendo y sólo podíamos contar los unos con los otros. Fanny y Ben, Iris y David: aquella era mi familia. [Pág. 126, Peter]. - Su conversación se convirtió en uno de esos absurdos y elípticos intercambios que se producen cuando la gente coquetea en una fiesta, una serie de acertijos, conclusiones erróneas y hábiles estocadas en el arte de cómo superar a otro... era muy sencillo: deseaba a una mujer desconocida y atractiva, y se despreciaba por ello... después de comprender lo que estaba haciendo, continué coqueteando con ella. [Pág. 130-131, Sachs seduciendo a María]. - Le bastaba con pensar en un solo momento de aquella noche para que la noche entera regresara con toda su nauseabunda inmediatez: la fiesta, María Turner, la escalera de incendios, los primeros momentos de la caída, la certidumbre de la muerte. [Pág. 137, Sachs contando su accidente]. - Lo que María consiguió a lo largo de esos meses fue sacarlo de su propia piel. La tensión sexual fue parte del asunto, pero también estaba su cámara, el constante asalto de se cámara ciclópea. Cada vez que Sachs posaba para una fotografía, se veía obligado a representarse a sí mismo, a jugar al juego de fingir ser quien era... Dicen que una cámara puede robarle el alma a una persona, en este caso creo que fue justamente lo contrario... el alma de Sachs le fue devuelta gradualmente. [Pág. 148, la relación que se establece entre María y Sachs]. - Ben descubrió lo de Charles por pura casualidad... el momento no pudo ser más inoportuno [...]. [Pág. 157, la relación de Fanny con Charles]. - Sachs dejó de trabajar en su libro... Una tarde salió a dar un paseo y se lo tragó la tierra... desde ese día no volvió a escribir una palabra más. Para conmemorar lo que nunca existirá, le he dado a mi libro el mismo título que Sachs planeaba para el suyo: Leviatán. [161]. - Dimaggio había pertenecido a un grupo ecologista de izquierdas... no era un delincuente común... había sido un idealista enloquecido... eso no eliminaba el hecho de que había matado a un muchacho inocente... Él y Sachs habían defendido las mismas cosas. En otro tiempo y en otro lugar, incluso pudieran haber sido amigos. [Pág. 191, del esposo muerto de Lillian]. - No hay forma de saber cuánto tiempo podría haber durado aquello... Tal vez habrían conseguido hacer algo con aquella explosión sexual, aquella historia de amor disparatada y absolutamente increíble... es posible que Sachs y Lillian hubiesen podido tener una vida real juntos. [Pág. 233].
- Contrariamente a lo que ocurre con el típico pronunciamiento terrorista, con su inflamada retórica y sus demandas beligerantes, los comunicados del Fantasma no pedían lo imposible, sencillamente querían que América mirase hacia adentro y se enmendase. [Pág. 239, acerca de las nueve estatuas destruidas en distintos lugares del país y los mensajes]. - Hay un momento en el cual un libro empieza a apoderarse de tu vida, cuando el mundo que has imaginado se vuelve más importante para ti que el mundo real... [Pág. 241, Peter escribiendo su novela]. - Porque eres mi mejor amigo y sé que puedes guardar un secreto... Puedes guardar un secreto, ¿no? [Pág. 244, Sachs a Peter]. - No había ninguna vacilación en su voz, nada que me hiciese sentir que no podía confiar en él. Ésa fue la noche en que me contó lo del Fantasma de la Libertad, y en ningún momento parecía un hombre que estaba confesando un delito. [Pág. 254, cuando Sachs llega sorpresivamente a la casa de Vermont y encuentra a Peter].
- Tu has ido mucho más lejos de lo que yo fui nunca, Peter. Te admiro por tu inocencia, por la forma en que te has mantenido fiel a esto durante toda tu vida. [Pág. 259, la nota que deja Sachs a Peter].
- El Fantasma de la Libertad atacó dos veces durante ese período..., pero no me reí. Ahora que conocía la historia, no podía sentir más que tristeza, un inconmensurable dolor. [Pág. 260, Peter hablando de Sachs].
- Le había dado mi palabra de no decir nada... No sé de dónde venía mi obstinación, pero nunca le dije nada a nadie. Ni a Iris [esposa de Peter], ni a Fanny [ex esposa de Sachs], ni a Charles [actual marido de Fanny], ni a un alma. [Pág. 260, el secreto que Peter prometió guardar a Sachs]. - Conseguí convencerla de que me diese la dirección y el número de teléfono de Lillian... Pensé que tenía una voz interesante... La promesa de ese encuentro me mantuvo ese mes y medio. Cuando el terremoto sacudió San Francisco... Autopistas destruidas, edificios en llamas, cuerpos mutilados y aplastados; todos estos desastres no significaban nada para mí excepto en la medida en que pudieran impedirme hablar con Lillian Stern. [Pág. 264, Peter, felizmente casado y con una hija, ante la posibilidad de encontrarse con la famosa Lillian, gracias a María que le da el teléfono, y luego, la frustración]. - Le debía a Sachs el mantener la boca cerrada y le debía escribir este libro. Él tuvo el valor de confiarme su historia, y no creo que pudiese vivir conmigo mismo si le hubiese fallado. [Pág. 267, reflexiones de Peter].
- Paul Auster [1947],algunosdatos del autor [muchos tienen relación con sus personajes]: escritor, guionista y director de cine estadounidense, Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2006. Nació en Newark, New Jersey, su familia es de origen judío de ascendencia polaca. Empezó a escribir a los 12 años, estudió literatura francesa e inglesa en la Universidad de Columbia de New York. Tradujo a autores franceses como Jacques Dupin y Andre du Bouchet. Vivió algunos años en París, de esta manera evitó ir a la Guerra de Vietnam. Tradujo poesía francesa y escribió la propia.
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